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El tercer y último debate en Estados Unidos entre Hillary Clinton y Donald Trump fue aburrido. Apenas pudimos disfrutar del espectáculo que produce un debate y sólo al principio se disfrutó de las temáticas directamente relacionadas con el país. Trump empleó la técnica del acorralamiento: provocar a Hillary era su única salida. Si ella caía en la trampa, la posición que debía tomar era la de la defensa, algo que la haría caer. Pero no fue así. Bordaba las defensas con argumentos que la diferenciaban de su candidato. Y volvió a ganar. Él, escaso. Ella, elegante. El minuto de gloria sirvió para cerrar con broche que distanció mucho de ser de oro. Hubo un llamamiento al electorado, pero no hubo emoción, ni sentimiento, ni relato. Fue como si Trump se diese por perdido. Fue como si Clinton lo diese por ganado.

Os dejo con los tweets que resumen la jornada en directo

 

 

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Donald Trump ha dicho que Hillary Clinton no puede ser presidenta porque no tiene el “temperamento” que a él lo hace fuerte, y no tiene “fortaleza corporal”. Para él, argumentos convincentes. Frente al debate físico y de la agresividad, Hillary Clinton ha demostrado más liderazgo. Ha escogido la estrategia adecuada. Sus tácticas han funcionado. Y ha elegido el debate de la inteligencia política. Mientras Trump sacaba más temas en cada bloque, ella le dejaba que se cansara de su monólogo para, después, responderle con argumentos sencillos que conectaban con la audiencia. Frente al enfrentamiento por la “fuerza”, Hillary Clinton ha elegido la confrontación de las ideas, demostrando más capacidad y experiencia política. Ojo, los errores de Trump por su “temperamento” pueden abrir más de una crisis internacional.

Aquí os dejo algunos tweets de los comentarios del primer debate de la campaña americana

 

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Diario de campaña. Día 12: El cara a cara

Publicado en BEZ el 15 de Diciembre de 2015

Manuel Campo Vidal asegura que un debate es una cuestión de confianza, una cadena de confianza basada en la seguridad de los candidatos en sí mismos, confianza del entorno en el candidato, confianza del equipo en su propio candidato, confianza de ambos partidos en la institución que lo organice, de los candidatos en el moderador y en el realizador –sobra decir que un mal plano puede matar a un candidato-. Y “si falla un eslabón, no se produce el debate”, dice Campo Vidal. A punto ha estado.

Son tantas ocasiones las que lleva Mariano Rajoy acercándose al ridículo que una más podría resultar insoportable. Y podemos llegar a intuir que es su propio entorno el que lo empuja a no estar y a no salir. “Hasta donde sabemos, le pidió a Rajoy, por no decir le prohibió, que no lo hiciera en el 2004”. Quien se lo pidió fue José María Aznar. Y Rajoy sabe que se equivocó al hacerle caso. Sigan viendo hoy su autoridad.

Cuestión de confianza pero… ¿y qué pasa con la confianza de los ciudadanos en esos candidatos? Lo que hemos presenciado los españoles mucho tiene de esperpento y poco tiene de cara a cara. Al ver al presidente Rajoy en pantalla nos seguimos preguntando quién es ese señor presidente del Gobierno.

“Ruin, mezquino y miserable” le ha dicho Rajoy a Pedro Sánchez al mencionarle la corruptela en el PP, cuando la evidencia de la corrupción en el Partido Popular es insultante.Rajoy también ha dejado en evidencia la corruptela de los ERE, pero resulta conmovedor que un presidente del Gobierno se defienda con insultos de ese calibre, como un callejero de barrio sin armas. Y, en medio del espectáculo, corona a Sánchez, quizás sin saberlo, sin notarlo, sin presenciarlo: “Usted es joven. Usted va perder estas elecciones. No pasa nada, el señor González, el señor Aznar y yo las perdimos”.

Pedro Sánchez se jugaba más en este debate. Necesitaba marcar la diferencia frente a un Gobierno que ha gobernado para sí mismo y para sus votantes durante los cuatro años de legislatura que han resultado una eternidad. ¿O ya nadie se acuerda de que cada viernes con Rajoy era “viernes de Dolores”? Obvio que el PP no ha gobernado para el resto de españoles, porque el voto del resto de españoles no los necesita para gobernar.

Podemos suponer que Pedro Sánchez lo tenía fácil. Igual hubiese sido más sencillo graduar las dosis de ataque por dosis de evidencia de inutilidad. Tenemos un presidente torpe, lento, tan prudente que resulta inactivo, inmóvil, simple, triste,… Posee el arte de la gracia que humilla. Han sido tantos los errores que ha cometido Rajoy en público que sólo hacía falta acorralarle para que su torpeza dejara en evidencia la debilidad de un gobierno en una etapa clave de una España frágil, donde sólo les salen los números a los miembros del Gobierno mientras el resto de españoles tienen que pagar la letra pequeña de sus decisiones. También la pagamos en la etapa anterior, que no quepa duda, sólo que ahora la deuda es mayor y la cuota más grande. El voto útil siempre será más fuerte que un presidente inútil.

Ha faltado inteligencia y ha sobrado soberbia. También ha faltado seguridad por ambas partes. Equivocarse, en este punto de campaña, no era una opción. Y deberíamos haber presenciado un cara a cara sin espectáculo, lejos del esperpento y más allá del ridículo. Ya algo se podía intuir en las formas después de hacerse pública la campaña en redes del Partido Popular donde seguidores del propio partido instaban a sabotear el perfil de Pedro Sánchez en Twitter. El futuro de los debates electorales aún no lo conocemos. No ha sido más de lo mismo pero ha sido más del pasado que ya se quiere olvidar.

Al igual que el futuro de las campañas electorales no pasa por copiar ideas de países diferentes sin estudiar el contexto, el futuro de los debates electorales no pasa por palabras vacías carentes de sentimiento en un combate frontal sin nada que destacar. ¿Qué tipo de campaña electoral se va a realizar si no hay una gran historia que contar? La historia de Pedro es un reto. La de Mariano la venta de unos datos poco fiables.

“Si falla un eslabón, no se produce el debate”, decía Campo Vidal aludiendo a la cadena de confianza. Y el eslabón más importante que falla es la confianza de los ciudadanos en estas elecciones. ¿El final? Nada de sentimiento y ninguna palabra memorable que recordar y en la que confiar.

DIARIO DE CAMPAÑA

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