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POCAS son las historias que se cuentan bien. O que, al menos, los medios coinciden al contarlas. Esta vez parece que los diarios españoles han coincidido en la comunicación y han relatado la salida de cada minero de San José, en Chile, según se iba produciendo el «milagro», como muchos lo han llamado. Y para prueba, las portadas digitales de esta mañana…

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HAY palabras que con sólo pronunciarlas una vez bastan. Discursos que llevan implícitas las intenciones. Como las palabras de Zapatero la semana pasada, que con su tono ya reveló lo que se esperaba. El presidente del Gobierno valoró la semana pasada a Tomás Gómez de “bueno” y a la gestión del Trinidad Jiménez al frente del Ministerio de Sanidad como de “buena buenísima”. Y ya no ha hecho falta más hoy…  aunque la protagonista, acompañada de una gran sonrisa en su rostro que dice mucho y todo de ella, ha confirmado que se presentará a las primarias para ser candidata del PSOE por la Comunidad de Madrid. Un puesto que, al parecer, no le cae para nada grande y se sitúa a tres puntos de la invencible Esperanza Aguirre. Ese “buena buenísima” ya llevaba implícito la candidatura de la ministra y era de esperar que el diálogo mantenido por el desconocido Tomás Gómez y el presidente del Gobierno no iba a terminar en buen puerto. Los militantes decidirán, pero los discursos y las declaraciones de los líderes socialistas dejan entrever a quién le caerá la cartera madrileña.

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AYER se celebró una gran cita: el debate sobre el estado de la Nación (que hoy ha continuado). Zapatero sabía que era importante, y sabía que se la jugaba. Abordar las reformas estructurales nunca fue tarea sencilla. Y Mariano Rajoy lo tenía fácil. Sabía que lo tenía fácil ante este panorama abrumador…

En su discurso, Zapatero dijo que quería muchas cosas para su país: «prosperidad, empleo y políticas sociales» (…) «esto es un reto y, como tal, debemos interiorizarlo». Habló del criticado «Plan E», del desempleo y la reforma laboral, de las víctimas de ETA, y su homenaje a través de la unidad democrática, la estrategia de economía sostenible, la reforma del sistema financiero, de la crisis y, como no, el estatut, que tantos quebraderos de cabeza e incomodidades le está dando… Y Rajoy habló de todo esto, pero se perdió entre sus palabras lo más importante: los intereses de España. ¿Por qué? Porque a pesar de pedirle a Zapatero que «lo mejor que puede hacer es disolver el parlamento y convocar elecciones generales», en su discurso prevaleció las críticas que el PSOE y el presidente mismo le hacía, o le hacen, o le harán,  cual novia enfadada por un mal beso. Y de pronto viene el colofón de las palabras del presidente, metidas sin calzador y con cuidado: «Voy a ejercer al máximo el principio de responsabilidad» (…) «gobernar, cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste». Y ahí quedó ese final bordado a ordenador, que no a «máquina», para los titulares de prensa, radio y televisión.

Y esta mañana cambia el tono y despertamos con las palabras de Rajoy como protagonistas en casi todos los medios.  Quizás porque sean muchos los que desean esa moción porque no ven otra alternativa. Sin embargo, vemos esa foto, la de El Mundo. Que dice mucho y todo, que comunica todo y mucho. Y precisamente es El Mundo quién la saca y no en mal puesto, sino en portada. A Zapatero se le han complicado las cosas, y lo vemos guardar sus papeles con tranquilidad y parsimonia. Y a su lado aplauden, y a su alrededor también. Pero ahí está, sentado con una mueca en su rostro con el convencimiento de haber cumplido, al menos así lo piensa él. Y sentado está, como presidente del Gobierno, mientras vemos marcharse a un Rajoy ensombrecido en segundo plano. Lo vemos irse difuminado cual sombra empobrecida. Y Zapatero, sentado en su sitio, observa como se marcha ese político que borroso aparece en esa imagen.

Y es que hay momentos en los que una imagen dice más que mil palabras…


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