Your address will show here +12 34 56 78

Publicado en El Telégrafo de Ecuador el 1 de Mayo de 2016

FullSizeRender (1)No existe un orden lógico para gestionar una crisis porque nunca se está preparado para afrontarla. Pero existen una serie de elementos que deben tenerse en cuenta para gestionar la comunicación en situaciones de emergencia, y que deben adaptarse y personalizarse en función de la situación, como ya escribiera en El Telégrafo el consultor de comunicación, Antoni Gutiérrez-Rubí. Esos elementos son: i) designar a un responsable visible que represente liderazgo y control; ii) designar el papel del portavoz; iii) coordinación independientemente de las competencias que se tengan; iv) gestión del tiempo; v) y la generación de marcos de interpretación en el lenguaje.

Pero… ¿Y la tecnología? ¿Actúa de la misma manera en una situación de emergencia? En el terremoto, el uso la tecnología tuvo y tiene dos momentos: reacción y movilización. El periodo de reacción fue corto: actuación inmediata para localizar, buscar, saber. El periodo de movilización es una etapa que aún continua: desarrollar tecnología para reaccionar frente a la catástrofe, ser apoyo en la etapa de búsqueda de supervivientes y desaparecidos, geolocalizar puntos críticos, movilización ciudadana para las donaciones y periodo de reconstrucción –en el que ahora nos encontramos- y cuyo eje sigue siendo la movilización.

Los primeros momentos que configuraron la etapa de reacción se necesitaba conocer para tranquilizar. Twitter se convirtió en la principal fuente de información. Los primeros actores que reaccionaron fueron las personas porque eran las personas quienes daban las noticias, y los hashtags inmediatos donde se concentraba la conversación de lo sucedido fueron #SismoEcuador, #TerremotoEcuador, #Pedernales, #EcuadorListoySolidario, #sismo y #terremoto. Los perfiles institucionales y los medios de comunicación emitían información actualizada, de prevención y servicio. El perfil de Twitter del Instituto Geofísico de Ecuador (@IGecuador) se convirtió en una de las principales fuentes de información junto con el portal estadounidense http://earthquake.usgs.gov/). El contenido agregado por los usuarios en Twitter y en Facebook, como las imágenes, delataban la realidad. Ver para comprender la dimensión de lo sucedido era una necesidad.

Facebook actuó pocos minutos después activando su función  Safety Check y fue la herramienta de comunicación que reportaba la situación de cientos de personas a través de los muros personales, como ocurriera con el terremoto de Nepal o Japón. Google también actuó rápido y activó su localizador de personas earthquake, un espacio con dos botones principales: el azul se activa en el caso de que se busque a alguien, y el verde se activa en el caso de que se tenga información sobre alguien. Skype, en la mañana del 17 de abril, anunció que todas sus llamadas serían gratuitas en los días posteriores. Y si bien Whatsapp no es una aplicación que activara ninguna alerta, lo cierto es cada mensaje que se recibiera a lo largo de la noche era una alerta. Whatsapp fue el primer canal de comunicación para hablar, enviar mensajes y compartir contenido a las personas que configuran nuestra personal agenda de contactos. Ha sido, y es, la alerta permanente.

Posteriormente, la etapa de movilización, clave aún hoy: movilizar para localizar desaparecidos, buscar ayuda, mostrar solidaridad –dentro y fuera de las fronteras de Ecuador-, y para las donaciones y la ayuda humanitaria –extraordinaria capacidad de movilización en Ecuador para localizar puntos de encuentro y recogida de víveres-. Movilizar para la reconstrucción. En Google Drive se publicaron las fotografías de los desparecidos que circulaban en Twitter y en Facebook bajo el hashtag #DesaparecidosEC, de tal manera que la sociedad pudiese compartir el enlace y aumentasen las oportunidades de encontrar a esas personas. La unidad de un país por una causa se vio reflejada en el activismo cívico.

Las aplicaciones móviles han jugado un papel imprescindible en lo que se refiere a reportes de información para la movilización. La aplicación Yoveoveo, añadió 16 categorías más para recoger toda la información posible y generar así planes de acción coordinados. Cuestionarix.com creo la plataforma unidosecuador.org: se reporta dónde se necesita ayuda y ubica el punto exacto geolocalizado. Daniel Menieta, Gerente de Fábrica de Software Libre, indica que minutos después del desastre, desarrolladores se pusieron a trabajar en iniciativas de Software Libre que diesen apoyo en la tragedia. ¿Cómo cuáles? Divi-Damos vio la luz para contribuir en la logística y el reparto de las donaciones. También, en menos de 24 horas, nació https://desastre.ec/ que permitía a las personas solicitar ayuda en las zonas afectadas. El hashtag #MappingEcuador fue una iniciativa para seguir las actualizaciones de la cartografía del desastre a través de openstreetmap.org. El proyecto terremotoecuador.com utiliza esta última tecnología: evitar el caos y geolocalizar las emergencias para facilitar la logística era su objetivo. Ecuadorsolidario.org aún es un espacio en construcción: su actividad se puede seguir bajo el hashtag #HackPorEcuador.

La tecnología ha copado la inmediatez dando respuesta a una sociedad ávida de dar información a sus seres queridos, de querer ayudar a aquellos que inevitablemente han sido víctimas y de consultar el estado de situación de la crisis. Tranquilizar en momentos de crisis no es una opción. Tampoco coordinarse para optimizar la logística y operativizar las siguientes etapas de una catástrofe, como las ayudas y las donaciones. Y en Ecuador la tecnología no sólo ha sido útil, sino imprescindible por ser protagonista.

 

Información relacionada

0

Publicado en El Telégrafo de Ecuador el 8 de Marzo de 2016

Vaya… El día internacional de la humanidad no existe. Búsquenlo… Sin embargo se celebra el día internacional de la mujer. Y se equivocan los que piensan que este día es para acordarse de las mujeres, de lo que somos, de lo que representamos, los sueños que nos mueven con ilusión, las razones por los que luchamos, o los motivos por los que alzamos nuestras voces. Porque por mucho que las mujeres defendamos nuestros derechos y nuestras libertades, nuestro hueco en la sociedad no es otro que el que nos corresponde… El no conseguirlo en los términos en los que se espera, independientemente del país en el que vivamos o la religión a la que adoremos, no se equivoquen, no es un fracaso femenino, sino un fracaso de la humanidad.

“Dediquemos una financiación sólida, una valiente labor de promoción y una férrea voluntad política a alcanzar la igualdad de género en todo el mundo. No hay ninguna otra mayor inversión en nuestro futuro común”, dice Ban Ki-moon, el Secretario General de Naciones Unidas. Y, quizás, no podremos estar más de acuerdo. Pero qué bonito sería hablar de todo lo que ganamos todos empleando términos más humanos, más humildes y más igualitarios; qué bonito sería aparcar tanto término macroeconómico para empezar a construir sociedades más justas e iguales desde la base de la educación. Porque… si seguimos empleando este día para reivindicar lo que reivindicamos cada día avanzaremos poco, menos aún si no empezamos a anteponer el valor de la igualad desde la escuela. No se equivoquen, esta no es la queja de siempre de unas cuantas feministas. Para avanzar necesitamos algo más que ruido momentáneo, necesitamos algo que también –y, menos mal- incorpora Ban Ki-moon: voluntad. Voluntad no sólo por parte de las mujeres, voluntad y comprensión por parte de toda la humanidad.

Y a veces es necesario escribir palabras como estas para “mover el piso” porque “escribir es siempre protestar, aunque sea de uno mismo”, como dijo Ana María Matute. Y Miguel Forcat Luque la animaría y seguramente le diría: sí Ana, protestemos, porque “luchar en defensa de los derechos de las mujeres es luchar por los derechos de todos nosotros”. Y, posiblemente, sobre el dibujo de nuestra propia imaginación donde recreamos un mismo café de tarde entre geniales, Petra Karin Keller le añadiría a Forcat: “Estamos tan condicionados por los valores masculinos, que hemos cometido el error de emularlos al precio de nuestro propio feminismo”. Y Simone de Beauvoir le diría: es que “una no nace mujer, se hace mujer”. Mary Wollstonecraft, pendiente de las palabras de Simone, alegaría con contundencia: yo “no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas. Rigoberta Menchú, que podría estar escuchando atenta, de pronto alzaría la voz para decir: puede ser, mi querida Mary, pero “una mujer con imaginación es una mujer que no sólo sabe proyectar la vida de una familia, la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio”. Soledad Gallego-Díaz no llegó tarde a la cita, ella hablaría sin hacer ruido mientras remueve una taza a la que ya no le queda café. Hablaría sin hacer ruido como siempre lo hace, elegante, presente en la razón y ausente en el espacio y, sólo cuando hablase, todos se voltearían para mirarla: “Para combatir el antisemitismo no hace falta ser judío como para luchar contra el racismo no hace falta ser negro. Lamentablemente, a veces parece que para combatir la discriminación de la mujer hace falta ser mujer”.

0

Publicado en El Telégrafo de Ecuador el 16 de febrero de 2016

Puede que surja la curiosidad entre los albores de la lectura acompasada del día a día, o mientras intentas ver con el rabillo del ojo que lo que lee el compañero en el transcurso de un viaje en avión son lo que dicen los ojos de la escritora argentina, romántica pero histórica, Florencia Bonelli. Puede que surja la duda entre el caminar dormido de cualquier mañana en Quito, o en el despertar de una España que cada vez parece estar más dormida. Javier Rodríguez Marcos escribió el 31 de mayo para El País un artículo que se tituló “¿Libros para cambiar el mundo?”. “La oleada de títulos sobre la crisis impulsa el debate sobre la influencia social de los escritores”, escribió. Y es cierto. Pero no sólo es cierto en España y no sólo es cierto ahora. –Y déjenme que sea de las que acentúan sólo cuando toque-.

La influencia de las letras para el cambio social ha sido una constante a lo largo de la historia. Incluso en la literatura ecuatoriana, que nos descubre un tiempo que pasó, que nos hace aprender y aprender a dudar, e incluso nos invita con ahínco a la duda al emplear la metáfora para hitos que son evidencias. La belleza no tiene límites en el arte, por eso es belleza hasta su máxima expresión. Lo que desconoceremos siempre son las intenciones que sólo el autor sabe pero que sólo el lector reconoce, cada cuál para sí mismo, para lo que quiera interpretar, sentir o vivir. Porque un mismo título siempre será un mismo título, pero cada lector leerá un libro diferente bajo un mismo título.

Federico García Lorca es el mayor poeta y de mayor influencia de la Generación del 27 en España. Lo fusilaron, y su muerte siempre será un misterio. En abril del pasado año El Periódico publicaba que “un informe elaborado por la policía de Granada apunta que el poeta fue asesinado por socialista, masón y homosexual”. Ángela Figuera Aymerich fue una escritora de la primera generación de la Postguerra española. Decía que con la poesía no podría transformar la realidad, pero sí podía acompañar a algunos seres humanos. No obstante, podemos encontrar la relación de Ángela Figuera con la censura española y los expedientes de su obra poética publicado por Lucía Montejo Gurruchaga en la UNED. Publicaba en México por la negativa de la censura franquista. Las letras molestaban, como molestaban las letras de Sevetlana Alexiévich, la Premio Nobel de Literatura que buscaba la verdad.

Sara Beatriz Guardia, publica para la Universidad de Santa Cruz de Brasil, el paper de una conferencia titulado “Literatura y escritura femenina en América Latina”. Y dice: “no fue fácil romper el silencio para las escritoras latinoamericanas del siglo XIX, en un clima de intolerancia y hegemonía del discurso masculino. Nos referimos a Gertrudis Gómez de Avellaneda (Cuba 1814-1873), Juana Manuela Gorriti (Argentina 1818-1892), María Firmina dos Reis (Brasil 1825-1917), Mercedes Cabello de Carbonera (Perú (1842-1909), Lindaura Anzoátegui (Bolivia 1846-1898), Clorinda Matto de Turner (Perú 1852-1909), y Adela Zamudio (Bolivia 1854-1928). Excluidas y marginadas del sistema de poder, estas escritoras le otorgaron voz a los desvalidos, excluidos, cuestionando las relaciones interraciales y de clase”. E incluimos a la revolucionaria Gioconda Belli. El ansia de expresarse a través de la palabra para hacer una denuncia pública, compartirla, debatirla y demostrarla, siempre ha sido una necesidad. En Latinoamérica, varios autores conformaron un coro bajo el influjo político, como Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez o José Donoso.

Antonio Tabucchi nos cuenta que Pereira sostiene que su periódico es independiente mientras arde la Europa de los años 30. Y eso… resulta imposible. La literatura influye para el cambio social. Y la política inspira a la literatura. Es y será una manera de expresión y rebeldía. Es la tribuna bella de siembre que nos invita a ver la realidad para expresarnos sólo con lo que nuestros ojos digan.

0

POSTS ANTERIORESPágina 1 de 3NO HAY POSTS MÁS RECIENTES