De Cerca

El reconocimiento tardío

Publicado en El Telégrafo de Ecuador el 13 de enero de 2016

El reconocimiento tardío bien podría ser un género literario, o quizás periodístico. En cualquier caso, podría ser un género que englobara aquellos textos destinados a reconocer a personas cuyas vidas pasaron desapercibidas para el máximo común de unos mortales más enfrascados en la crítica, la curiosidad, las banalidades de la vida y sus ansiedades, como escribió una vez el periodista Juan Cruz, en querer ver lo que no está a nuestro alcance, ser felices o completos en función de lo que nunca hemos tenido. Hay personas que marcan un antes y un después en la ciencia, la cultura, el arte, la política, la música, el periodismo, la escritura… Recién y de manera más presente miles de personas rinden homenaje a un David Bowie que ha fallecido a los 69 años, sólo que, a diferencia de otros, Bowie ha sido muy reconocido en vida.

El reconocimiento tardío poco tiene que ver con ese llamado Renacimiento Tardío en alusión al Bajo Renacimiento también marcado por la belleza del arte aunque no alcanzara la máxima definición de su esplendor o la localización temporal de su ocurrencia. ¿Saben? Las palabras también son un arte en función de su tratamiento y la belleza con la que se dibujen. Podría decirse que María Moliner, esa bibliotecaria que imaginaba palabras, que escribió sola, durante quince años, palabra por palabra, el diccionario más completo, útil y divertido de la lengua española, tuvo su reconocimiento tardío, como tantas y tantas mujeres en el mundo. Según contara hace unos años la filóloga Inés Fernández-Ordóñez a la periodista Beatriz García, “la publicación del diccionario fue un bombazo en su momento. Tuvo muchísima repercusión en la prensa y entre los escritores, no recibió el reconocimiento académico, pero sí el del público y de la gente de letras”. ¿Quién se acuerda hoy?

Además, ¿en verdad hay pocas científicas y tecnólogas? ¿Por qué hay tanta diferencia entre el conocimiento y el reconocimiento, la presencia y la evidencia, la visibilidad y el posicionamiento? ¿Por qué cuesta tanto contar quiénes y cómo?

Sevetlana Alexiévich es la periodista y escritora bielorrusa –en lengua rusa- que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2015. Es periodista, y hace periodismo. Ella ha trabajado de manera incansable para que a muchas personas que lo merecen no les llegue un reconocimiento tardío, y ese es el caso de las mujeres. Especialmente de las mujeres que participaron en el centro de la II Guerra Mundial y que combatieron en el Ejército Rojo cuando los alemanes entraron en su país. Mujeres soviéticas. Publicó “La guerra no tiene rostro de mujer” en 1985 y en 2015 lo hemos podido encontrar en español por la editorial Debate. Un libro, dicen también, que ha sido el que la hizo ganar el Nobel. Un libro conmovedor que da voz a las protagonistas también de una época y de un periodo de nuestra historia. Protagonistas que también fueron las que construyeron con sus hazañas la historia.

La guerra también tiene rostro de mujer. Muchas mujeres que estuvieron en el frente han querido olvidar. No son las esposas de quiénes se marcharon a luchar, o no sólo. Son las que también hicieron la guerra con un fusil o pilotando un avión, conduciendo un tanque o intentando sanar cuerpos mutilados. Sevetlana Alexiévich realizó las entrevistas a estas mujeres entre 1980 y 1982 y se encontró con la censura. “La carpeta más interesante es en la que incluí los episodios que eliminó la censura. En ella también están escritas mis conversaciones con el censor. Y encontré las páginas que decidió borrar yo misma. Mi autocensura, mi propio veto”. -¿Qué pretende?- Le preguntó su censor. –Busco la verdad-, respondió ella. Pero esto es tan sólo un aperitivo de la conversación.

Bendita libertad de la que podemos disfrutar hoy al leer sus páginas, aunque el texto fuese rechazado durante más de dos años por las editoriales. Gracias a libros como este, a reconocimientos por el conocimiento, al trabajo y el esfuerzo visible, el reconocimiento de muchas mujeres, miles, llega. El reconocimiento es tardío. El ímpetu por hacerlo presente en vida es el gran reto y verdadero desafío. Pero un reto y un desafío de hombres y mujeres.