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Hoy se celebra el día de las escritorasLibros.com me pidió que escribiera algo así como mi experiencia… 
Esto me salió…

Aspirar. Inspirar. Suspirar… 
Para algunas personas es el aire que respiramos, la piel que habitamos, los ojos que ven para no caer. Para que tú no caigas. Cada palabra nueva es una bocanada de aliento que penetra el alma, vital, y tan necesaria para seguir caminando. 
Respirar…
Dejar de escribir a veces resulta un suicidio consentido. Un «no» del otro puede significar la muerte del que crea para vivir. Qué difícil hacer entender que son letras lo que corren por las venas. 
Vivir…
Porque vivimos, somos. Porque vivimos, contamos. Porque vivimos, escribimos. Porque escribir es coser con puntadas nuestra historia. Porque no quiero que el negocio me robe la oportunidad de ser, decontar, de escribir. De vivir. De que tú vivas, que sepas, que sientas, que mates lo que no debe ser.
No…
Llevo escuchando «no» toda mi carrera profesional. Es prácticamente imposible comer de la pasión. Me crié bajo el halo del pesimismo. Estudié bajo la bruma de lo imposible. Me he hecho adulta y vivo en una crisis económica continua que todo lo nubla. Si he podido escribir y publicar es gracias a que las puertas me las cerraron. Me las siguen cerrando. No me rendiré. Eso ha hecho que piense más, también más rápido. Opto por poner un pie atrás, coger impulso y saltar por la ventana. 
Seguir…
Escribo porque nació así mi persona y mi conciencia. Por responsabilidad. Escribo para que tú sepas lo que no sabes y debes saber para que todo sea. Escribo para ser y no morir. Escribo porque la pasión me inunda cuando escribo. Escribo porque necesito sentirla. Escribo para que tú la sientas. Escribo para que la ignorancia no sea. Escribo para sacudir conciencias. Escribo para que la sacudida de la realidad cambie al mundo. Escribo por responsabilidad. 
Sigo cogiendo impulso para saltar por la ventana.

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CONOCÍ este libro y a su autor, Manuel Jabois, gracias a un pontevedrés con unos ojos que cautivan. Irse a Madrid es una colección de artículos de esos que parecen prohibidos en las páginas de un periódico con tinta. Así es, Irse a Madrid, lugar que parece ser el triunfo para todo periodista y como dice él, “parece que todo el mundo me espera en Madrid”. Pero no, a Madrid llegas y, efectivamente, te pones a la cola…

A Jabois, como dice en su libro, le gusta hacer cosas que no se esperan de él, “como pedirle la mano a una mujer y casarse con ella fuera de la mirada de Dios, por haber pecado en pensamiento y obra”. Jabois, “lee libros, algunos de tapas duras, y marca la página doblando la esquinita superior, como aquel condenado a muerte que interrumpió su lectura para subir al cadalso”. Jabois frecuenta “bares palilleros de pocas charlas, porque el pueblo humilde come en silencio y saben, como él sabe, que todo está dicho desde los griegos”. Jabois y yo compartimos algo además de esta profesión en la que nos dá por contar cosas: escribir. Aunque él dice que “escribe para huir, para espantar fantasmas”. Yo en cambio lo hago para atraerlos hacia mí y no encontrarme sola.

En las páginas de Irse a Madrid leemos experiencias de este periodista gallego que ha convertido parte de su propia vida en la noticia. Pero también escribe sobre deporte y, como no, sobre política. Creo que las campañas de Fraga han sido un antes y un después en su vida. Leeremos reflexiones propias de una mente que divaga en la escritura para encontrar respuesta a muchos porqués.

Manuel Jabois me dedicó su libro en Pontevedra con la misma soltura, intuyo, con la que desnuda a las mujeres: “para Ángela,  que no se vaya a Madrid que aquí tenemos Internet”. Y quise hacerle caso en ese ánimo suyo de que me quedara en esa tierra que me enamoró, Galicia. Sin embargo y sin querer, tres días después marché a Madrid. Y como es habitual, me puse a la cola…

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