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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (23 de agosto de 2012)

Las más de 30 mujeres que viven en Londres en la residencia de las Adoratrices en Kensington Square tienen algo en común: las ganas de sobrevivir en un país que no es el suyo y una cualidad imprescindible y necesaria en estos tiempos que corren, la seguridad. Son mujeres con ideologías y opiniones diferentes, pero el 90% españolas. Son parte de esas 9.525 entre 18 y 35 años según el INE, que partieron en busca de una oportunidad en 2011 fuera de las fronteras españolas. Y el dato sube. El número de hombres que lo hicieron en torno a estas edades fueron 7.243, 2.282 menos que ellas.

El capital humano se va de España, y de nuevo son ellas más las que parten. Primero a mejorar el idioma que tanta falta hace para tener una oportunidad. Después porque no queda nada. O quizás sólo quede lo que Merkel prometió una vez. La ceguera política impide ver que el capital emigra, parte, y que muchos de estos jóvenes difícilmente volverán. La emigración supera a la inmigración. No hay trabajo. No hay perspectivas. Y la estrategia del Gobierno no genera esperanza a los jóvenes que ven la emigración como la única alternativa a la subsistencia.

Rocío Castro es el nombre de una más. Vive entre las paredes de una de las residencias londinense sin las comodidades de su casa, pero con una gran familia. Esta gallega estudió en la University of the Arts en Londres, y en España en la Escuela Superior de Diseño y Moda Felicidad Duce. Lleva 4 años en Gran Bretaña y lleva más de un año y medio trabajando en la Head Office de una de las marcas de moda de Londres más importantes. Se mudó a Londres por su cuenta cuando tenía 21 años. Llegó a un país que conocía poco. Todo le parecía extraño. Estaba sola y no hablaba el idioma. Ni siquiera podía permitirse el comprarse otro billete de vuelta a España: “Al principio te vas por poco tiempo, unos meses…; pero luego ves que no hay manera de regresar, a veces porque sabes que no tendrás mejor salida en España, otras porque tu orgullo te lo impide. Entonces, un día, me topé como por arte de magia con las palabras del diseñador John Galliano en una revista, o tal vez en un libro, no llego a recordarlo. Decía que durante sus años de estudiante en la Central Saint Martins dormía en el suelo en casa de unos amigos porque no podía costearse el alquiler de una habitación. Esas palabras me dieron fuerza para creer que yo también saldría adelanteLondres es lo mejor que me pudo pasar”.

Empezar es difícil. Luchar por un puesto de trabajo acorde a tu formación aún más. Eres emigrante. Y las oportunidades no son las mismas para todos. “Tienes que hacer muchas cosas que no te gustan, cosas que ni por asomo harías en tu país, cosas que te hacen pensar en todo lo que has dejado en España… Y es aquí cuando encuentras a gente como tú, tu nueva familia, esa que tú eliges, la que pronto se convierte en tu mayor apoyo y con la que compartes tus malos momentos entre lloros, y desde luego también los buenos, esos, que por muy pequeños que te parecerían en España, aquí son pasos de gigante”.

Rocío trabajó cuidando a dos niñas nada más llegar a este país, y a su vez siente que de alguna manera también la cuidaron a ella: “Aquí nadie te va a regalar nada, pero si van a valorar todos esos sacrificios y esfuerzos, te ayudan a crecer, te empujan hacía arriba, confían en ti cuando les das motivos para que puedan confiar. Algo que ni por asomo sucede en España, y mucho menos cuando tienes 25 años”.

A pesar de que había, en 2011, 173.412 varones más que mujeres entre los 18 y los 35 años en España, es más numeroso el número de mujeres que, como Rocío, toman la decisión de partir: “Desde luego que, el que yo me haya ido de España, no es una gran pérdida para el país como puede serlo para mi familia, pero sí lo será cuando, como yo, se hayan ido todos”.

Rocío tenía un sueño, como tantas y tantas mujeres que hacen las maletas, que tienen el valor de salir adelante solas y creer que es posible. Precio “cero” es lo que ella cree que le costará a los países receptores de españoles, ya que estos jóvenes cotizarán para pagar las jubilaciones de abuelos y padres que no son los suyos.

La generación más formada está siendo también la más humillada. Y se va, se va de España sin billete de vuelta… ¿Qué ocurriría si a España le da por apostar por la investigación y por la competitividad? El giro sería de 180º y la marca de nuestro país empezaría a tomar un nuevo matiz que a día de hoy desconocemos.

Detrás de la historia de Rocío, también está la de Montse, Mónica, Cristina, Claudia, Gloria, Mabel, María… Son diseñadoras de moda, ingenieras, periodistas, fotógrafas, biólogas, politólogas, psicólogas, economistas… las que viajan a la actual capital de los Juegos Olímpicos para trabajar como camareras, ayudantes de cocina, dependientas, canguros… en lo que sea hasta que algunas pocas, como Rocío, consiguen una verdadera oportunidad en relación a sus estudios. Viven lejos de sus casas, de sus familias, de sus amigos y en muchos casos de sus parejas. Viven contando las monedas para tomar un café o para poner una lavadora. Y en la mayoría de las ocasiones viven contando los días para volver… a ser.

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LA misma Nochebuena, recibí una carta de una compañera, una de las muchas con las que he convivido estos últimos meses en Londres. Ella es una líder y es mujer: salió de España hace 3 años buscando su sueño en Londres y ochos meses después de llegar allí lo consiguió. Pero la pasada Nochebuena se desahogó enviandome una carta desde Vigo, su ciudad natal y donde está compartiendo con su familia estos días navideños. Me causó sensación y tristeza, pero a la vez ganas de cambiar este momento en el que nos ha tocado vivir… Con su permiso, la comparto con todos vosotros porque confío en el dicho de que… “la unión hace la fuerza…”. Mi respuesta fue: Rocío, contagiemos sonrisas

 

Paloma,

Hoy me he dado cuenta de que esto parece Sarajevo en época de guerra. Veo a la gente envejecida, amargada, solo hablando de penurias y desgracias. Es la primera vez que vengo a España y veo ese espíritu de crisis. Tengo la sensación de que a fuerza de repetirselo, de escucharlo en voces de otros, de verlo en la TV… Al final se lo han creído, lo viven, lo puedo palpar.

Me da pena esto. Veo todo más viejo, pero no más antigüo. Desgastados. Apagados. Con los mismos temas de conversación. Y me pregunto si esto sucede en Londres y tal vez soy yo quién no lo percibe.

Se supone que en estas fechas la gente tendría que estar más alegre, y envidio el humor de los ingleses para celebrarlo, no como aqui. No sé si en la Mancha pasa, pero en Galicia está esto ¡chof!

La gente sin trabajar, y no entiendo si por que realmente no hay trabajo o si por que no lo quieren. El salir de Vigo me ha afectado.

Anyway, me voy a cenar y espero despertarme con mas optimismo.

 

Rocío Caramés

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QUIZÁS el típico Starbucks de una calle cualquiera de Londres no es el mejor lugar para entrevistar a un político español. O quizás sí desde el momento en el que los nuevos políticos que entran en el escenario quieren empezar a cambiar las cosas. Primero por tomar té en un lugar tan concurrido y común como la casa Starbucks y lo segundo porque está en Londres, lo que quiere decir, señoras y señores, que los nuevos políticos españoles saben hablar inglés. Lo que supone una muy buena noticia en España.

Héctor Pérez es el Presidente del Partido de Internet. Un nuevo partido en España que tiene como principal objetivo “cambiar las cosas”. Este ingeniero de telecomunicaciones nació en Valencia hace 27 años. Y en vez de presentarse a una entrevista con el pelo engominado y en pantalones de pinza, o con corbata, decide llevar una simple camisa azul oscura que lleva por fuera de los pantalones vaqueros. Y también sea eso lo que distinga a los nuevos políticos que entran: la sencillez.

“Tengo por vocación crear y mejorar las cosas”, dice este joven ingeniero. Y por eso mismo ha decidido crear con ayuda el Partido de Internet, una herramienta que es una “forma de hacer democracia cumpliendo con la legislación vigente”. Una herramienta camuflada en un partido que es “una nueva forma de coordinar la democracia directa y la representativa” porque, sencillamente, a Héctor, como él nerviosos afirma, le “gusta ayudar a la sociedad”.

Lo que le llevó a dar este paso no fue otra cosa que la desconfianza que tienen las personas de España en nuestros políticos. Una tendencia que Héctor no cree que vaya a mejorar. Por eso él se pregunta: “¿qué pasa si nos unimos todas las personas que estamos descontentas en un partido que es una herramienta y que no tiene ideología?”. Exacto, así lo califica él, “sin ideología” porque “hay que dejar de lados nuestras diferencias para defender en el Congreso lo que realmente la ciudadanía quiere”.

Las personas comprometidas con el Partido de Internet han dado los primeros pasos, pero aún les quedan muchos por dar sin quieren realmente calar en la sociedad y hacerse con todos los públicos. Pasos como los que Héctor da al subir a Waterloo Bridge, un puente desde donde puede contemplar la política británica a través del Big Ben, desde donde puede observar la naturaleza dibujada en el Támesis y percibir la armonía de la sociedad que camina ininterrumpidamente.

¿Te consideras un líder? Héctor niega con la cabeza aunque duda: “creo en la gestión pero sobre todo en lo que creo es en la inteligencia colectiva”.

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