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ADIÓS, que no “a Dios”, a los “corrillos” de “la vice”. Adiós a su puesto, el que hoy ya no tiene junto a Zapatero, después de que el sumo jefe ejerciera sobre ella el poder de la decisión. Adiós a María Teresa Fernández de la Vega en Moncloa después de cada rueda de prensa los viernes tras el Consejo de Ministros. Adiós a ese terremoto de periodistas que la rodeábamos cuando los focos de las cámaras en penumbra quedaban y ya sólo el afán de la conversación se hacía presente entre la multitud donde ella era la protagonista, era ella la que hablaba mientras la escuchábamos con pluma y papel en mano. Pregunta tras pregunta. Respuesta tras respuesta. Porque era en ese corrillo donde “la vice” hablaba y hablaba para que nos enterásemos de aquello que se contaba, pero de otra manera, quizás en los entresijos del secreto a voces o bien mal escuchado o bien mal recibido. Porque era en ese corrillo donde se hacía conocer y donde contaba y decía lo que a los periodistas más nos interesaba. Ella marcaba el tiempo, el qué y el hasta dónde. Hasta que se abría paso en ese corrillo de ansiosos y hambrientos periodistas de información “no añadida formalmente” ante las cámaras, después de que nos dejase contentos tras adelantarnos la agenda del día siguiente o del día después. Y así se abría paso, así marchaba. Y así se ha marchado. Adiós a los corrillos de “la vice”.

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UNA vez más, parece que la dirección general de Coordinación de Moncloa ha fallado. Una comunicación política con brechas después de que Elena Salgado, ministra de Economía y Hacienda, negara las afirmaciones arrojadas por el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho. Entre el 16% y el 20% del PIB se sitúa en España la economía sumergida, esas fueron las palabras que el responsable de trabajo comunicó el pasado 13 de enero. Las respuestas no se han hecho esperar: Salgado ha argumentado que sus cifras “no tienen ninguna base científica”. Sin embargo, el primero en contestar fue el secretario de Estado y de Economía, José Manuel Campa, quien calificó de “osado” poner números concretos a ese porcentaje. Éste justificó su respuesta alegando la improbabilidad de hacer cuentas exactas en un momento en el que la economía en España está en un periodo de transformación y que no hay “estudios científicos buenos y fiables”.

Tres mensajes diferentes en menos de dos días lleva a una clara confusión y se acrecienta la falta de credibilidad. La estrategia en términos de comunicación económica debería ser simplificada por Moncloa en un momento en el que la sociedad está muy pendiente del vaciado de sus bolsillos y de su dignidad. Hay que tener en cuenta el público objetivo al que va dirigido el mensaje y hacerlo lo más sencillo posible ya que la información económica es, y parece que seguirá siendo, muy difícil de interpretar y no digamos si existen tres versiones de cifras macroeconómicas.

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