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Pedro dimite, Susana pierde. Este podría ser el resumen de la intensa jornada que ha vivido el PSOE en las últimas horas. Pero la más clara conclusión es que Pedro Sánchez se ha convertido en un héroe. ¿Por qué? Por decir no a tiempo a Mariano Rajoy, por ser coherente con lo que anunció en ambas campañas y cumplirlo, y por invitar a la militancia a que votase en octubre quién querían que fuese el próximo Secretario o Secretaria General, principalmente. Las 17 dimisiones fraccionaban al PSOE y dejaban al descubierto la debilidad del discurso del que ha sido Secretario General, creando una crisis interna sin precedentes. Pero lo que ha quedado claro es que esas dimisiones significaban una lucha más por el poder personal que por los intereses de España o del propio partido.

La crisis del PSOE evidencia que desconoce el sentimiento de su votante tradicional. Su electorado no se identifica con el PSOE, y el PSOE está perdiendo la última conexión que aún lo podía mantener unido a su votante de siempre. Pierde un partido con una ejecutiva que ha estado durante los últimos años alejada de ese sentimiento de los votantes y de la demanda de sus militantes. Gana una ruptura que deja entrever las luchas por los intereses personales. No obstante, la mediocridad del proceso que se ha demostrado no simboliza lo que este partido histórico ha conseguido.

Durante el Comité Federal del PSOE se criticaba que a las puertas de Ferraz estaban personas afines de Podemos y a Izquierda unida. Pero buena parte de aquellos que conforman el grueso de Podemos no son otra cosa que socialistas descontentos con el rumbo de un partido que los ha defraudado. Y ni qué decir de cuando votantes de IU han cedido su voto al PSOE para conseguir verdaderos cambios en una España manchada por la crueldad de las medidas de la derecha.

Por otro lado, no es aceptable que los intereses de unos pocos hagan borrar las causas por las que se moviliza la mayoría de este partido. Ni la ejecutiva ni los barones van a levantar a este partido histórico de sus cenizas. Lo harán los principios y los valores de aquellos que siempre votaron las siglas PSOE, aquellos que siempre se identificaron con él.

Decir no a Rajoy tenía menos coste para unas terceras elecciones que abstenerse. Cuatro años de oposición por la abstención habrían matado no sólo a Pedro Sánchez sino a aquellos que lo apoyaron. Ni el electorado ni la militancia habrían aceptado más engaños ni más mentiras. El PSOE hubiese pendido de un hilo porque el grueso de quienes conforman sus votos lo hubiesen abandonado. No obstante, con esta rápida inmolación hacen a Pedro Sánchez un héroe por parecer estar del lado del grueso del sentir de unas siglas, por mantenerse firme y coherente. Lo han castigado por hacer lo que todo el mundo pide (o piensa esperar): que se haga lo que se proclama en campaña electoral. Probablemente Pedro Sánchez no haya destacado por ser resolutivo, es verdad que ha cometido errores y se ha negado frente a aquellos que lo apoyaron, pero se ha mantenido firme frente a las demandas de una sociedad que votaba, todavía, por confianza, porque todavía veían en el PSOE la única solución frente a la derecha del PP.

Editoriales de medios de comunicación han sido demasiado críticos con el PSOE actuando de asesores políticos más que de medios al servicio de una sociedad que demanda información. Han fallado en la información y en la interpretación, influyendo de una manera desastrosa. Algunos achacaban el fracaso electoral de Galicia y País Vasco a Pedro Sánchez como único culpable, olvidando que el PSOE tiene una crisis de liderazgo en sus territorios desde hace años por su inflexibilidad al presentar a líderes que representen a la ciudadanía a quienes les piden el voto, exceptuando al presidente asturiano, Javier Fernández, o al extremeño Guillermo Fernández Vara. ¿Díganme cuántos de los líderes territoriales socialistas son ejemplares? ¿Cuántos generan confianza? ¿Cuántos son ejemplo de coherencia y eficacia? ¿Cuántos están haciendo historia?

Susana parecer perder ante el poder que ella misma ha reclamado con estrategias pocos visibles y con indirectas apalabradas. Susana pierde, al menos de momento, y convierte a Pedro Sánchez en un héroe que, en sus palabras, tras comunicar su dimisión, daba las gracias a los socialistas de corazón, militantes o no, con una sonrisa.

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Publicado en BEZ el 31 de Agosto de 2016

Y qué culpa tendrá Pereira si me acuerdo de Antonio Tabucchi mientras Mariano Rajoy es el dueño de sus palabras en plena sesión de investidura. Pobre Pereira. O igual es que necesitamos a uno. Mariano Rajoy mira su reloj antes de empezar. El tiempo para él es la urgencia. Rajoy sostiene durante la primera media hora de su discurso que no hay posibilidad alternativa a su propuesta. Y cuando la sostiene durante tanto tiempo quizás es porque sepa que algún riesgo corre la que presenta.

Sostiene Rajoy que España necesita un Gobierno con urgencia. Pero urgencia ya necesitaba España el 20 de diciembre de 2015, incluso antes. Urgencia necesitaba España y los españoles, los jóvenes con formación desempleados y que se ven obligados a marchar del país, los pensionistas, los parados, las mujeres, la sanidad, la educación… y un sinfín de los y las. Sostiene Rajoy que el hoy es urgente, cuando tarda una semana en convocar a los suyos para estudiar las medidas que le pone Ciudadanos por delante para el pacto en común. Rajoy sostiene que el hoy es urgente, ¿y en marzo? ¿Por qué en marzo su “no” debía ser un “no” cuando España necesitaba urgente una alternativa? ¿Por qué ahora el “no” del PSOE no es válido? ¿Por qué su pacto es al válido y el de marzo no? Podría sostener Rajoy que es el tiempo “urgente” de los intereses, no de España. Pero Rajoy sostiene que “no hay alternativa razonable”. Vaya.

Que España necesita un Gobierno con urgencia es un clamor popular, sostiene Rajoy. ¿Dónde quedó el clamor popular de las calles, de las mareas y los tsunamis? Ese no cuenta. En comunicación política, un gobierno fiable y confiable al que alude Rajoy suena discordante cuando es un partido imputado el que lo impulsa. Podemos dudar mucho que «imputación» sea sinónimo de confianza y de fiabilidad. El PP es un partido imputado, ¿es lo que quieren la mayoría de los españoles? Rajoy sostiene que así lo definieron los españoles «con la mayoría de sus votos». Todos dudan de que «la mayoría» piense lo mismo.

Rajoy sostiene pocas propuestas. Incluso se olvida de mencionar la mayoría de los compromisos acordados con la fuerza política con la que ha pactado, Ciudadanos, motivo por el cual se ha celebrado la sesión de investidura y a las cuatro de la tarde un 30 de agosto. Y sólo al final sostiene alguna palabra para aquella que lo apoyaría, Coalición Canaria. Rajoy sostiene a la desesperada que lo que vale es el consenso y la unidad, y ya todo le vale con tal de ser y de llegar.

Las palabras del presidente en funciones suenan caducas, sin credibilidad y desesperadas. Quiere volver a ser presidente  “con urgencia”. Pero los ciudadanos han sostenido, por dos veces, que Mariano Rajoy no tenga la mayoría absoluta en el Congreso. Esta es una reflexión que aún no sostiene Mariano Rajoy. Previamente, tacha al líder de los socialistas, Pedro Sánchez, de irresponsable por decirle “no”, por no dejar que un partido imputado vuelva a gobernar España, por no dejar que vuelva a ser, el líder de un PP imputado, el que vuelva a gobernar. Pero, ¿saben? Decir “no”, resultó en su día el discurso del cambio que no sucedió. Decir “no”, a tiempo, resulta ser el discurso de los héroes, al menos de los héroes de las novelas de Cercas. Lo que no tiene el PSOE es tiempo, aunque arriesgar a veces suponga ganar. Pero los progresistas no tienen el tiempo de su lado y unas posibles terceras elecciones podrían suponer una dolorosa derrota, aunque menos dolorosa de lo que supondría abstenerse en esta sesión de investidura.

Rajoy no sostiene ilusión alguna en su discurso, por mucho que necesitemos un poco de luz y de esperanza. Y sobra el poco. Supongamos que eso es lo que nos espera los próximos cuatros años en el hipotético caso de llegar a conseguir su objetivo: justificaciones, amenazas y miedos ante un futuro que sólo ellos parecen conocer.

“¿Quién ha dicho que este país esté hecho para usted?, y además está lleno de recuerdos, intente tirar por el desagüe su superego y déle espacio a su nuevo yo hegemónico, tal vez podamos vernos en otras ocasiones y usted sea ya un hombre distinto”, sostendría Antonio Tabucchi. Ojalá lo sostenga Mariano Rajoy mientras cuenta urgente el tiempo que no queda.

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“El mayor peligro que enfrentaban las fuerzas republicanas, según la joven, era el fraccionalismo, exacerbado desde el inicio de la guerra”

El hombre que amaba a los perros

Leonardo Padura

 

Publicado en BEZ el 27 de Junio de 2016

Pierde España, principalmente, porque España no es solamente el Partido Popular por mucho que griten “yo soy español” en una noche electoral. Cojan la calculadora y sumen: casi dos millones de españoles fuera de España donde ni un 5% ha podido votar, mas 1.189.296 de personas que no han votado en comparación con las elecciones del 20 de Diciembre en las que sí lo hicieron, mas 5.424.709 de votos al PSOE, mas 5.049.734 de votos a Unidos Podemos, más 3.123.769 de votos a Ciudadanos, mas el resto de votos repartidos entre el resto de fuerzas políticas. Vaya… la suma da más que los 7.906.185 de votos que ha conseguido el Partido Popular. Sin embargo, el PP ha ganado las elecciones al conseguir 137 escaños y al beneficiarle una Ley D’Hondt que todos quieren cambiar.

Ahora… nadie entiende nada y la pregunta inmediata después de conocer los resultados es… ¿qué ha pasado? ¿Son ciertos esos resultados? El error de Podemos de no apoyar la pasada investidura le ha pasado factura electoral sumado a la unión con IU. Además de la aritmética electoralista, algo evidente era que muchos que admiraban a Alberto Garzón no simpatizaban con la imagen de Pablo Iglesias. Pero, con menos votos (1.230.020 votos menos), obtienen más escaños: de 69 pasan a 71; -aunque serían los mismos si les sumamos los dos escaños de Unidad Popular en Común de las anteriores elecciones-Mientras el Partido Popular gana las elecciones, el PSOE gana las encuestas, afianzando su discurso y el principal motivo por el que no comunicaba si haría o no pacto electoral con Podemos. Ellos esperaban que no hubiese sorpasso, como así ha sido.

Ha ganado un partido político que se aleja cada vez más de la realidad de España

Todo apunta a que el número de votos que ha perdido Ciudadanos se hayan ido directamente al PP atendiendo al voto útil. ¿La realidad? La realidad es que ha ganado un partido político que se aleja cada vez más de la realidad de España: está lejos de los datos de crecimiento reales del país, lejos de una sanidad y educación públicas defendidas durante décadas, lejos de la igualdad de derechos y lejos de la transparencia que se demanda. La realidad es que gana el partido que interpreta datos para beneficio de unos pocos, que se aleja de las necesidades que más gritan los ciudadanos por pura supervivencia. Y gana la lista que presenta los mayores casos de corrupción. Más aún, el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, acusado de conspirar con el jefe de la Oficina Antifraude catalana para fabricar escándalos contra ERC y CDC en plena campaña electoral, es que el que anunciaba, junto con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el resultados por provincias de estas elecciones. ¿Aplaudimos? Por favor, al menos, y como humildad, que no pidan respeto cuando son más españoles los que no los han apoyado y cuando acumulan semejante cartera de descrédito judicial.

Que el PP gane las elecciones no significa que la derecha gane, sino que la izquierda pierde. El PP gana 690.433 votos con respecto a las pasadas elecciones, que suponen 14 escaños más de los 63 que perdió en diciembre. La abstención siempre afecta a la izquierda. Y hay que reconocer que faltan 1.189.296 votos que sí estuvieron en las pasadas elecciones del 20 de diciembre de 2015. La participación ha sido de un 69,84% frente al 73,2%. Y cuando la mayoría de votos está fraccionada, quienes pierden, además de una izquierda separatista incapaz de ponerse de acuerdo ante las causas que les unen, que son más que las que les separan, pierde España.

Podemos ha hecho una campaña impecable en términos de comunicación política. Y eso hay que reconocerlo. Pero aún le queda definir esa política de la que tantos dudan. Todos los que mencionan tanto a Venezuela, y todos los que invocan tanto al miedo, es porque poco conocen de Venezuela y de Latinoamérica en su conjunto. Qué lejos estamos y cuánto la mencionamos. Si viajáramos más, más valoraríamos España y más comprenderíamos que no es comparable. Y que ese miedo infundado no ha sido nada más que una estrategia efectiva, pero banal y surrealista por puro desconocimiento.

Más valor por lo que han callado

Nuestros candidatos, en esta campaña, han tenido más valor por lo que han callado que por lo que han hablado. Han tenido más valor por lo que han respondido que por lo que han propuesto. Porque, al fin y al cabo, ha contado más la esencia del dónde vienen y qué representan, que hacia el dónde van, o quieren ir, con nuestro apoyo. Y, porque, al fin y al cabo, cuenta más el hacia dónde les dejen ir.

La lista más votada ha sido el Partido Popular, sí, habiendo diseñado la peor campaña de su historia. Pero ganar con 137 escaños, no significa gobernar. Y esto es algo que Mariano Rajoy no aceptará. Esperemos que acepte que, para este nuevo momento político, la izquierda en España, que también es España, resulta imprescindible. Pedro Sánchez decide qué. Pablo Iglesias debe decidir ahora de qué lado estar. Y Albert Rivera se sentará en la mesa que más condiciones le acepte. Pero es en las manos de la izquierda donde está cederle el Gobierno a Rajoy, formar Gobierno propio o ir a unas terceras elecciones que resultarían, de momento, insoportables para España.

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