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Susana Díaz ya ha dado un paso adelante informando de que será el próximo 26 de marzo el día en el que presente su candidatura a las primarias del PSOE. Junto con Patxi López y Pedro Sánchez, se convierte en la tercera candidata que correrá por la Secretaría General del histórico partido.

Pedro Sánchez sigue recorriendo España después de aprovechar la crisis del PSOE del pasado mes de octubre donde, con su salida de la Secretaría General y los errores de su propio partido en la gestión, se lo encumbró convirtiéndolo en un héroe de cara a la opinión pública. El “no es no” caló. Y jugó sus cartas dejando su escaño en el Congreso para volver a por la Secretaría General. La crisis del PSOE a nivel interno alimenta su candidatura y va sumando seguidores, pareciendo tener más apoyo social que del propio partido. Del “no es no” ha pasado al “sí es sí”, una campaña en positivo jugándola en la plataforma online que más comentarios y participación genera: Facebook.

La presencia de Patxi López

Patxi López está siendo el candidato silencioso. Antes de saber que Susana se lanzaría, prácticamente sólo se hablaba de dos rivales: Pedro y Susana. ¿Y Patxi? Dos de los candidatos podrían cometer un error en el caso de subestimar la presencia de Patxi, quien está actuando con una campaña responsable y jugando única y exclusivamente con lo que puede jugar: la movilización de militantes para la suma de un PSOE unido.

Mientras Susana tiene el gran reto de parecer lo que dicen que es, alejarse del “aparato” pero sabiendo que es imprescindible para su victoria, y de proyectar ese liderazgo reconocido por cualquiera de sus rivales; Pedro tiene el gran reto de convertir simpatizantes en votos reales de militantes, capitalizar los errores de su partido y mostrarse como el líder que no le dejaron ser, es decir, convertir en realidad lo que pudo ser.

¿Y Patxi? Mientras a Susana la asemejan con el aparato, a Pedro lo sitúan como el candidato de la militancia en contra del aparato. Patxi es ese otro candidato que no parece ser de nadie pero que podría ser de todos. Y tendrá como objetivo ganarse la confianza de aquellos a quienes ha defraudado. Defraudado por los últimos bandazos de su carrera política.

La comunicación de Patxi

Patxi López ha optado por varias vías: la de sumar para la movilización, la de demostrar que los socialistas están con él, que con Patxi ganan todos y posicionar las 100 razones que existen para unir al partido. Es posible que sean demasiados mensajes y demasiadas vías, pero todas están enfocadas en una misma dirección y hacia una misma estrategia: alejarse del aparato y posicionarse con la unidad del partido.

Las principales plataformas de comunicación externa están siendo su página web, que cambia en función de la campaña que lanzan en cada acto y en cada momento prediseñado; su página en Facebook, la principal plataforma de participación donde las personas están opinando, mostrándose a favor o en contra, y la principal plataforma donde se sigue su actividad en distintos formatos: vídeos en directo, fotografías, artículos en prensa que escribe y comparte… etc. Twitter actúa para posicionar la batalla del hashtag y servirá para medir los seguidores en esta plataforma que tiene uno u otro candidato que, para nada, ojo, actúa de termómetro real para medir los apoyos de militantes que puedan tener todos.

Además, el perfil @PlataformaPatxi se encarga de responder, de “cuidar” a aquellos perfiles que están tuiteando a favor de Patxi. Esto se traduce en participación, atención y fidelización.

Patxi, ¿un líder?

Una de las primeras características de un líder es… tener seguidores. La campaña de Patxi parece pasar desapercibida o parecer estar pasando de puntillas, pero las imágenes que se comparten parecen estar llenas de personas. La duda que siempre existirá para cualquiera de los candidatos es si esas personas son simpatizantes o militantes.

Patxi López fue ese líder que ahora no tira la toalla cuando todo apunta a que la batalla real estará entre Pedro y Susana. Patxi López puede ser ese político que aparente tener menos apoyos que el resto, pero que consiga más de los que se imaginan justamente por diferenciarse en unas primarias que pueden ser diferentes a una batalla de enfrentamientos.

El objetivo real en estas primarias es hacer que el PSOE vuelva a ser.

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Sin sorpresas, Mariano Rajoy se ha convertido de nuevo en el presidente de España. Su mayor éxito se ha basado en la estrategia del silencio y la resistencia: mientras el resto de partidos cometen errores, Mariano Rajoy evidencia un diálogo sin fundamento para evitar cometer más equivocaciones, y aguantar a pesar de la que le está cayendo a su propio partido. Nunca antes España había tenido un partido imputado con su líder gobernando. Nunca antes una abstención había supuesto una traición a tantos millones de votantes, a tantos años de historia, de valores y principios. Nunca antes unos líderes políticos se habían alejado tanto de las ideas. Aunque se supiera lo que iba a ocurrir en el Congreso español, escuchar una a una la “abstención” en boca de los diputados socialistas ha resultado más duro aún de lo esperado.

Nunca antes la palabra “abstención” había sonado tanto a traición. Una traición imposible de reparar, como irreparables fueron las decisiones de José Luis Rodríguez Zapatero y que costaron las elecciones de 2011. Los votantes socialistas nunca antes se habían sentido tan heridos. El reto del PSOE a partir de ahora es doble: recuperar una confianza imposible interna y social, y ejercer una oposición efectiva cuando su propio grupo está dividido. Pero cuando se pierde la atención social, ya poco se puede hacer. Si el PSOE comete más errores, puede convertir a Unidos Podemos en el verdadero partido de la alternativa. Por el bien del país, el reto de la oposición es desenmascarar a Mariano Rajoy, proyectarlo socialmente como el peor presidente de la historia de España.

A pesar de que se rompe el bloqueo institucional con la elección de Rajoy como presidente, empieza un periodo de bloqueada legislatura. Sin mayorías, con escasa voluntad del dialogo, sin intención alguna de corregir los errores legislativos del pasado, y advirtiendo que continuará con las políticas que les convienen a quienes más tienen pero no a la mayoría de la sociedad española, se proyecta un periodo catalogado por Pablo Iglesias como de epílogo. La política presupuestaria, los acuerdos y los propios límites que Mariano Rajoy se ha impuesto serán los desafíos de los próximos meses. Sin romper España y sin romper Europa, caminando hacia un futuro ilustrado por Mariano Rajoy con la sombra de un electorado socialista humillado se intentará trabajar en algo a lo que no están acostumbrados: el diálogo.

Las grandes perspectivas que Mariano Rajoy ha anunciado para el futuro de España no dibujan ninguna esperanza. Tener el apoyo de los diputados socialistas que han anunciado “abstención”, pero no tener su confianza, resulta ser un argumento político pobre y carente de esencia presente y futura. Sin comunicación política, no hay política. El único que ha iluminado algún sendero alternativo político ha sido Pedro Sánchez que, dejando su escaño, ha metido un gol político. Un gol político de cara a la sociedad, pero no un gol político, digamos orgánico, de cara a su partido, en parte por aquellos que desean un nuevo rumbo con liderazgos nuevos y con un cambio significativo.

Si la sociedad no entiende las decisiones políticas de hoy y del mañana, los políticos de nuestro país fracasarán, una vez más, o seguirán fracasando. Entender la realidad española y hacerse entender será la principal tarea de un epílogo anunciado. Ya no hay tiempo posible porque se sigue sumando un tiempo perdido. Y a los españoles ya no les queda tiempo ni paciencia.

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Pedro dimite, Susana pierde. Este podría ser el resumen de la intensa jornada que ha vivido el PSOE en las últimas horas. Pero la más clara conclusión es que Pedro Sánchez se ha convertido en un héroe. ¿Por qué? Por decir no a tiempo a Mariano Rajoy, por ser coherente con lo que anunció en ambas campañas y cumplirlo, y por invitar a la militancia a que votase en octubre quién querían que fuese el próximo Secretario o Secretaria General, principalmente. Las 17 dimisiones fraccionaban al PSOE y dejaban al descubierto la debilidad del discurso del que ha sido Secretario General, creando una crisis interna sin precedentes. Pero lo que ha quedado claro es que esas dimisiones significaban una lucha más por el poder personal que por los intereses de España o del propio partido.

La crisis del PSOE evidencia que desconoce el sentimiento de su votante tradicional. Su electorado no se identifica con el PSOE, y el PSOE está perdiendo la última conexión que aún lo podía mantener unido a su votante de siempre. Pierde un partido con una ejecutiva que ha estado durante los últimos años alejada de ese sentimiento de los votantes y de la demanda de sus militantes. Gana una ruptura que deja entrever las luchas por los intereses personales. No obstante, la mediocridad del proceso que se ha demostrado no simboliza lo que este partido histórico ha conseguido.

Durante el Comité Federal del PSOE se criticaba que a las puertas de Ferraz estaban personas afines de Podemos y a Izquierda unida. Pero buena parte de aquellos que conforman el grueso de Podemos no son otra cosa que socialistas descontentos con el rumbo de un partido que los ha defraudado. Y ni qué decir de cuando votantes de IU han cedido su voto al PSOE para conseguir verdaderos cambios en una España manchada por la crueldad de las medidas de la derecha.

Por otro lado, no es aceptable que los intereses de unos pocos hagan borrar las causas por las que se moviliza la mayoría de este partido. Ni la ejecutiva ni los barones van a levantar a este partido histórico de sus cenizas. Lo harán los principios y los valores de aquellos que siempre votaron las siglas PSOE, aquellos que siempre se identificaron con él.

Decir no a Rajoy tenía menos coste para unas terceras elecciones que abstenerse. Cuatro años de oposición por la abstención habrían matado no sólo a Pedro Sánchez sino a aquellos que lo apoyaron. Ni el electorado ni la militancia habrían aceptado más engaños ni más mentiras. El PSOE hubiese pendido de un hilo porque el grueso de quienes conforman sus votos lo hubiesen abandonado. No obstante, con esta rápida inmolación hacen a Pedro Sánchez un héroe por parecer estar del lado del grueso del sentir de unas siglas, por mantenerse firme y coherente. Lo han castigado por hacer lo que todo el mundo pide (o piensa esperar): que se haga lo que se proclama en campaña electoral. Probablemente Pedro Sánchez no haya destacado por ser resolutivo, es verdad que ha cometido errores y se ha negado frente a aquellos que lo apoyaron, pero se ha mantenido firme frente a las demandas de una sociedad que votaba, todavía, por confianza, porque todavía veían en el PSOE la única solución frente a la derecha del PP.

Editoriales de medios de comunicación han sido demasiado críticos con el PSOE actuando de asesores políticos más que de medios al servicio de una sociedad que demanda información. Han fallado en la información y en la interpretación, influyendo de una manera desastrosa. Algunos achacaban el fracaso electoral de Galicia y País Vasco a Pedro Sánchez como único culpable, olvidando que el PSOE tiene una crisis de liderazgo en sus territorios desde hace años por su inflexibilidad al presentar a líderes que representen a la ciudadanía a quienes les piden el voto, exceptuando al presidente asturiano, Javier Fernández, o al extremeño Guillermo Fernández Vara. ¿Díganme cuántos de los líderes territoriales socialistas son ejemplares? ¿Cuántos generan confianza? ¿Cuántos son ejemplo de coherencia y eficacia? ¿Cuántos están haciendo historia?

Susana parecer perder ante el poder que ella misma ha reclamado con estrategias pocos visibles y con indirectas apalabradas. Susana pierde, al menos de momento, y convierte a Pedro Sánchez en un héroe que, en sus palabras, tras comunicar su dimisión, daba las gracias a los socialistas de corazón, militantes o no, con una sonrisa.

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