De Cerca

Rajoy sostiene

Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados. Europa Press

Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados. Europa Press

 

Publicado en BEZ el 31 de Agosto de 2016

Y qué culpa tendrá Pereira si me acuerdo de Antonio Tabucchi mientras Mariano Rajoy es el dueño de sus palabras en plena sesión de investidura. Pobre Pereira. O igual es que necesitamos a uno. Mariano Rajoy mira su reloj antes de empezar. El tiempo para él es la urgencia. Rajoy sostiene durante la primera media hora de su discurso que no hay posibilidad alternativa a su propuesta. Y cuando la sostiene durante tanto tiempo quizás es porque sepa que algún riesgo corre la que presenta.

Sostiene Rajoy que España necesita un Gobierno con urgencia. Pero urgencia ya necesitaba España el 20 de diciembre de 2015, incluso antes. Urgencia necesitaba España y los españoles, los jóvenes con formación desempleados y que se ven obligados a marchar del país, los pensionistas, los parados, las mujeres, la sanidad, la educación… y un sinfín de los y las. Sostiene Rajoy que el hoy es urgente, cuando tarda una semana en convocar a los suyos para estudiar las medidas que le pone Ciudadanos por delante para el pacto en común. Rajoy sostiene que el hoy es urgente, ¿y en marzo? ¿Por qué en marzo su “no” debía ser un “no” cuando España necesitaba urgente una alternativa? ¿Por qué ahora el “no” del PSOE no es válido? ¿Por qué su pacto es al válido y el de marzo no? Podría sostener Rajoy que es el tiempo “urgente” de los intereses, no de España. Pero Rajoy sostiene que “no hay alternativa razonable”. Vaya.

Que España necesita un Gobierno con urgencia es un clamor popular, sostiene Rajoy. ¿Dónde quedó el clamor popular de las calles, de las mareas y los tsunamis? Ese no cuenta. En comunicación política, un gobierno fiable y confiable al que alude Rajoy suena discordante cuando es un partido imputado el que lo impulsa. Podemos dudar mucho que “imputación” sea sinónimo de confianza y de fiabilidad. El PP es un partido imputado, ¿es lo que quieren la mayoría de los españoles? Rajoy sostiene que así lo definieron los españoles “con la mayoría de sus votos”. Todos dudan de que “la mayoría” piense lo mismo.

Rajoy sostiene pocas propuestas. Incluso se olvida de mencionar la mayoría de los compromisos acordados con la fuerza política con la que ha pactado, Ciudadanos, motivo por el cual se ha celebrado la sesión de investidura y a las cuatro de la tarde un 30 de agosto. Y sólo al final sostiene alguna palabra para aquella que lo apoyaría, Coalición Canaria. Rajoy sostiene a la desesperada que lo que vale es el consenso y la unidad, y ya todo le vale con tal de ser y de llegar.

Las palabras del presidente en funciones suenan caducas, sin credibilidad y desesperadas. Quiere volver a ser presidente  “con urgencia”. Pero los ciudadanos han sostenido, por dos veces, que Mariano Rajoy no tenga la mayoría absoluta en el Congreso. Esta es una reflexión que aún no sostiene Mariano Rajoy. Previamente, tacha al líder de los socialistas, Pedro Sánchez, de irresponsable por decirle “no”, por no dejar que un partido imputado vuelva a gobernar España, por no dejar que vuelva a ser, el líder de un PP imputado, el que vuelva a gobernar. Pero, ¿saben? Decir “no”, resultó en su día el discurso del cambio que no sucedió. Decir “no”, a tiempo, resulta ser el discurso de los héroes, al menos de los héroes de las novelas de Cercas. Lo que no tiene el PSOE es tiempo, aunque arriesgar a veces suponga ganar. Pero los progresistas no tienen el tiempo de su lado y unas posibles terceras elecciones podrían suponer una dolorosa derrota, aunque menos dolorosa de lo que supondría abstenerse en esta sesión de investidura.

Rajoy no sostiene ilusión alguna en su discurso, por mucho que necesitemos un poco de luz y de esperanza. Y sobra el poco. Supongamos que eso es lo que nos espera los próximos cuatros años en el hipotético caso de llegar a conseguir su objetivo: justificaciones, amenazas y miedos ante un futuro que sólo ellos parecen conocer.

“¿Quién ha dicho que este país esté hecho para usted?, y además está lleno de recuerdos, intente tirar por el desagüe su superego y déle espacio a su nuevo yo hegemónico, tal vez podamos vernos en otras ocasiones y usted sea ya un hombre distinto”, sostendría Antonio Tabucchi. Ojalá lo sostenga Mariano Rajoy mientras cuenta urgente el tiempo que no queda.