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De Cerca


Publicado en Cinco Días (EL PAÍS), el 4 de noviembre de 2017

El talento quiere volver a casa
. Así titulaba el periodista Luis Doncel su artículo el pasado mes de mayo. Desde 2012, el pasado 2016 se convirtió en el año en que se realizaron más bajas consulares de españoles residentes en el extranjero. Un total de 56.145 personas volvieron a España. Y, sin embargo, en enero de 2017 conocimos que se van más españoles que nunca, según el INE. Un total 2.406.611 españoles residen en el extranjero, españoles nacidos en España y con nacionalidad. Cataluña es la tercera comunidad autónoma desde la que parten españoles hacia otros países. Los emigrantes entre 16 y 64 años suman un total de 182.143, una cifra que ha ido en aumento los últimos años. Cataluña se encuentra en cuarta posición si contamos los españoles nacidos en España que se marchan a otros países, posicionándose por delante Galicia, Andalucía y Madrid. Con la situación política y económica en Cataluña, cabe sospechar que no sólo las empresas se irán, también las personas. ¿El motivo? La incertidumbre.

MÁS MUJERES EMIGRANTES

Que haya españoles que no quieran volver —o que no puedan— y que las personas que recibió España de otros países, que lograron nacionalidad española, regresen a sus países de origen, también es un síntoma de la situación española. No es nuevo decir que un 67% de extranjeros consiguieron la nacionalidad y suman al total de los extranjeros que están fuera de casa. Lo novedoso es poner el acento a una inexactitud, ya que nos han repetido que este movimiento migratorio sumaba casi el mismo número de hombres que de mujeres. No es verdad: desde 2009, son más mujeres las que se han acabado marchando. 1.220.202 frente a 1.186.409. Han existido años en que la diferencia ha sido mínima; otros años, no.

«De casa echo de menos a mi familia y a mis amigos, las cuatro estaciones del año y el anochecer a partir de las 9 de la noche… Esto último lo echo mucho de menos. Y no quiero volver porque aquí soy feliz, Ecuador me ha dado una oportunidad laboral que en su momento no me dio ni España ni Catalunya», dice contundente Rosa Vilaplana, natural de Lleida y doctora en Agronomía. Lleva viviendo en la mitad del mundo más de tres años.

A colación de su experiencia, cabe decir que el valor absoluto de españoles en Ecuador según el INE en enero de 2017 era de 53.399; y 991 mujeres más que hombres. Durante 2015 y 2016, junto con los ecuatorianos, los españoles vivieron la erupción de dos volcanes, el peor terremoto de la historia del país donde fallecieron casi 700 personas, la crisis económica por la bajada del precio del petróleo, dos elecciones en España desde la distancia, más las elecciones ecuatorianas que provocó decenas de movilizaciones en las calles en contra del Gobierno de Rafael Correa. En 2016, 4.515 personas volvieron a casa.

LA INCERTIDUMBRE Y LA FALTA DE OPORTUNIDADES

El retorno de talento a España no será fácil. Menos aún que nuestro país aprenda a capitalizar ese talento. Generar conocimiento a partir de los datos es algo en lo que no invierte nuestro gobierno, tampoco las fundaciones de algunas de las empresas más importantes de nuestro país cuando se lo sugieren.

En Cataluña, las empresas se están marchando por el mismo motivo por el que los españoles se van de España, sumen también la desestabilización. Ya van más de 1700 empresas desde el referéndum del 1 de octubre, algo que repercutirá directamente, también, en el empleo de miles de catalanes y personas residentes en Cataluña. Tomamos la decisión de marcharnos cuando no hay oportunidades o las oportunidades están en riesgo, incluso aunque los empresarios garanticen que abandonar Cataluña supone proteger a los empleados, los clientes e inclusos accionistas.

CREER EN ESPAÑA

«Si no hubiera una pronta solución a este asunto, nos deberíamos ver obligados a una bajada de las expectativas de crecimiento económico para el año 2018», dijo la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el pasado 13 de octubre  en el Consejo de Ministros. En mayo, Bruselas elevó la previsión de crecimiento en un 2,8. Antes de la situación catalana estaba en un 2,6. Pocos días después de la declaración de la vicepresidenta, España rebajó su previsión de crecimiento a un 2,3%. Puede que sus palabras se lanzaran para presionar a Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, y presionar a la oposición para consensuar un solo escenario. No obstante, presionan, sin duda alguna, la confianza de los españoles, tanto los que tienen un trabajo inseguro en España, como los que están pensando en volver. Hay más de una generación que se ha hecho adulta en crisis, hemos crecido bajo el halo de la contaminación mediática y las buenas noticias aún suponen ser un sueño inalcanzable. Sabemos que España es un país extraordinario, pero un país extraordinario envejecido con una situación política y un mercado laboral que acumula 14 años seguidos perdiendo juventud.

Paulo Carlos López es doctor en Comunicación. Desde Ibarra, Ecuador, esto piensa y dice en alto: «echo de menos sentir la piedra de Santiago de Compostela en mis pies y las callejas de mi pueblo, Betanzos. Extraño el frío, el calor y a mi madre. Quizás este sea el problema de salir del útero a los 30. Después de casi dos años en la mitad del mundo, solo tengo una certeza: la morriña gallega existe y es como la que me contaron. No quiero volver porque no puedo».

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No era no, y sigue siendo no. El pasado mes de octubre de 2016 los errores del propio partido, la no transparencia y la no comunicación convirtieron en un héroe a Pedro Sánchez. Dimitió, dejó su escaño y salió a la calle para optar de nuevo a las primarias, y las ha ganado con el 50% de los votos. La militancia ha dicho no al partido de siempre, a hacer las cosas de la misma manera y bajo el paraguas del autoritarismo, ha dicho no a seguir bajo el amparo del mandato de los de arriba, ha dicho no a la convencionalidad de las formas del pasado.

Los militantes socialistas han preferido la coherencia del discurso del no, que sorprendentemente encaja con el deseo de muchos votantes socialistas. Y digo sorprendentemente porque el deseo de la militancia rara vez ha estado alineado al deseo de los votantes. Sería la primera vez que la voz de la calle haya podido influenciar en la opinión de los militantes. Pero, ante todo, los militantes han dicho no a la imposición. El PSOE nunca supo explicar la abstención, tampoco la crisis de octubre. Y la militancia ha preferido apostar por un nuevo tiempo para su partido marcado por otras formas de liderazgo. Sin embargo, ha sido un voto motivado más por lo que no quieren que en vez de por aquello que apuestan. ¿Por qué? Porque regenerar ese nuevo partido en un tiempo nuevo no será fácil y se impulsará desde la incertidumbre de si funcionará en una estructura tan anquilosada.

La movilización del no

Pedro Sánchez salió pronto a la calle apoyado por militantes y simpatizantes que estuvieron en contra de la abstención, aunque no entendiesen que con 85 escaños poco se podía hacer. Ir a unas terceras elecciones podría haber sido doloroso después de que Mariano Rajoy hubiese conseguido una victoria aplastante, pero hubiese sido menos doloroso para el PSOE. Si algo ha quedado claro es que ni militantes ni simpatizantes han permitido que se les dijese una cosa y se actuase de otra muy distinta.

El discurso y el mensaje

Pedro Sánchez lleva emitiendo el mismo discurso y repitiendo el mismo mensaje más de un año y medio. Y la clave de una comunicación eficaz y garantizada está en repetir, repetir y repetir. Ojo, no cualquier mensaje. Capitalizar la abstención ha sido su mayor éxito, así como la crisis del PSOE en octubre. Ha jugado con la ignorancia de muchos votantes que desconocen que la probabilidad de gobernar con 85 escaños era ínfima. Mientras el aparato ha sido más racional y le hablaba a él (Pedro, no se puede), él le ha hablado a la calle. ¿Era fácil explicar la abstención? En mi opinión sí. La gestora optó por lo racional en vez de por lo emocional. ¿Algún diputado ha compartido qué sintió cuando votó abstención aun estando en contra? Por otro lado, mientras Pedro Sánchez ha tenido portavoces con el mismo mensaje, dentro de la gestora ha habido diferentes portavoces con diferentes mensajes. Sin un mensaje único, repetido y explicado, es imposible hacerse entender.

El enemigo

Mientras el enemigo de Pedro Sánchez en la campaña de primarias ha sido Mariano Rajoy y la derecha, el enemigo de Susana Díaz ha sido Pedro, recordando que ella no quería el voto del enfado, sino el de la unidad. Para que Pedro ganara, tenía que hacer una campaña presidencial y la hizo, yendo a los espacios donde estaba la gente, no sólo la militancia. Si bien esto no le funcionó a Eduardo Madina en las anteriores primarias, sí le ha servido a Pedro Sánchez. ¿Por qué? Por el contexto, el mensaje y el momento deben coincidir. Por otro lado, el ataque de Pedro “está loco, no puede ser Secretario General” no ha funcionado: la descalificación pocas veces resulta viable en campaña, menos aun cuando es pobre y carece de argumento.

Ser mujer

Ser mujer no era sinónimo de votar a Susana Díaz. Si bien los medios de comunicación han dejado mucho que desear en el tratamiento hacia una candidata mujer (y es que tenemos mucho que aprender en términos de respeto periodístico y comunicación de género), Susana Díaz tampoco ha jugado bien sus cartas en este sentido. Ella gana en la distancia corta, simpatiza cuando está cerca y lejos de focos mediáticos, ¿por qué no lo ha explotado? ¿Hubiese roto Susana Díaz el techo de cristal si hubiese llegado a la Secretaría General? La respuesta es no, estar no es ser. La mayoría de su equipo son hombres y quienes la apoyaban también.

La crisis territorial

Las bases han dicho no a los barones y a los antiguos líderes. O más bien les han dicho “así no”. La gran crisis territorial se profundiza cuando el PSOE lleva teniendo problemas de liderazgo desde hace muchos años. ¿Son los líderes territoriales los líderes que necesita España? ¿Con esos líderes se puede encumbrar al PSOE? La duda continúa abierta desde antes del 2010.

La victoria

Patxi López ha hecho una gran campaña, pero no ha sido suficiente. Ha sido el candidato silencioso que supo gestionar un debate, pero que no ha podido convencer a quienes sí lo apoyaron antaño. Los últimos bandazos de su carrera política le hicieron perder puntos y recuperar la confianza en tiempos de turbulencia no ha sido fácil. Muchos de sus apoyos se han ido para Susana Díaz (voto útil). Pero el voto oculto ha sido el que definitivamente le ha dado la victoria a Pedro Sánchez. Un voto oculto que, si bien no estuvo entre sus avales donde Susana Díaz lo superó, sí ha estado presente en los micro actos que ha ido repitiendo de manera constante: sólo había que asomarse a Facebook para dimensionar el resultado que podría obtenerse.

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Recuerdo que decidí hacerlo. Decidí hacerlo porque necesitaba hacerlo.

Recuerdo que se lo dije a un periodista ecuatoriano: lo voy a hacer, ¿qué opinas? Opinó y me animó. Me dijo, dale. Eso sería maravilloso.

Recuerdo que necesitaba editor, pero también la aprobación y la crítica de más personas. Me presenté en su despacho. En el despacho de ese escritor. Le dije, esto voy a hacer por esto, por esto y por esto. Y lo voy a hacer así, así y así. Me miró como diciendo madre mía y ahora qué le digo. Lo dijo, me gustó lo que dijo. Me gustó que me enseñara a lo largo de estos largos meses. Me gustó que me recomendara tanto y tanta literatura. Ya no se ha ido.

Recuerdo que sentí que debía empezar a escribir una noche. Eso tienes que sentirlo. El día había sido largo y duro de trabajo. Llegué tarde a ese departamento de Quito que tanto me gustaba. Mi casa. Me puse el pijama, cogí el ordenador y me senté en la cama. Y cuando sientes que debes escribir es porque todo fluye, no piensas, escribes, no reflexionas, escribes, no paras, escribes.

Recuerdo que empecé a escribir esa noche, la del 14 de julio de 2015. Terminé una primera parte. Estaba feliz, satisfecha. Sentía esa sensación que se siente después de terminar el siguiente punto y seguido. Feliz. Plena. Llena. Es indescriptible. Es sentirse a flote, encima de una nube que puedes llevar sólo por impulso según vayan transcurriendo el tiempo y las palabras.

Recuerdo que primero quise llamarla “Cartas desde la Mitad del Mundo”. Pero fue inevitable viajar a Praga.

Después todo fue ocurriendo. El tiempo, los hechos, los países, las experiencias y los sentimientos.

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