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De Cerca

Corría el año 2011, antes de las elecciones autonómicas y municipales de 2011. El liderazgo del PSOE estaba en entredicho. Y los dos nombres que se barajaban eran el de Alfredo Pérez Rubalcaba o el de Carme Chacón. Y yo me pregunté, ¿y por qué no Pedro Sánchez?

Poco después de que Ana Pastor anunciara tras la votación en el Congreso que la moción había prosperado y de que Pedro Sánchez era el nuevo presidente de España, las calles de Madrid seguían estando en el mismo lugar: una mujer de unos 80 años cojeaba con su bastón camino de su casa con la barra del pan bajo el brazo, un grupo de mecánicos sacaban un coche del taller, las madres iban a recoger a sus hijos al colegio, dos jóvenes fumaban en un banco sin remordimientos por no haber ido a clase…  Fotografías fijas de un día cualquiera. Y, sin embargo, esa es la España que hay que levantar.

Por otro lado, las redes sociales se llenaban del rostro del nuevo presidente. No pocas veces se ha recorrido Pedro Sánchez España, haciéndose fotos con quienes lo han amado y con quienes lo han odiado. Ayer, no había odio: había ilusión y esperanza. El tipo se la jugó. Y la ganó. La ruta española cobraba efecto y todo el mundo de todos los rincones empezó a publicar fotos con él acompañadas de mensajes de felicitaciones. Estoy convencida de que en esto jamás pensó su equipo. Ayer su marca estaba por encima de la de su partido.

LA MOCIÓN

Después de conocer la sentencia, el PSOE sólo tenía una opción: jugar la partida. Pedro Sánchez dio un paso al frente para dar un golpe encima de la mesa. ¿La sorpresa? En su discurso, y sin que se esperara, anunció dos cosas: i) que la moción podría decaer si Rajoy dimitía; ii) y que de ser presidente, aceptaría gobernar con los presupuestos diseñados por el PP y Cs. Dar un paso al frente y sorprender, eso lo que debía hacer para empezar a proyectar un liderazgo que entre sus filas y en la sociedad hacía falta por parte del primer grupo de la oposición. De no ser así, la sociedad entendería que, ante la corrupción, el PSOE es indiferente, no es un partido de Gobierno ni alternativa política. Sin líder y sin rumbo. No fue así.

La posición que debía tomar Pedro Sánchez era diferencial, buscar la diferenciación, no de oposición a un Gobierno que ha quedado totalmente anulado después de la sentencia. El PP podía agonizar solo sin atacarlo. Por otro lado, la posición del PSOE debía ser de alternativa, mostrando un líder resolutivo, sin soberbia, la solución “negociadora”, desde el diálogo, consenso y la propuesta.

La España que quisimos en diciembre de 2015 era una España plural, de diálogo y consenso. Se impusieron los intereses partidistas al interés común. Y en aquel momento no pudo ser. Quienes apoyaron la moción de ayer se dieron cuenta del tiempo que se ha perdido. España no tenía tiempo que perder. Y nos hicieron perder el tiempo.

EL ENEMIGO

Los medios de comunicación han centrado en colocar la palabra corrupción al lado de la palabra PP o Rajoy. ¿El enemigo del PSOE era el PP? No. El enemigo de España es la corrupción, focalizada en las líneas del PP, el partido que gobierna.

Bastaba con colocar estratégicamente la palabra corrupción en el imaginario colectivo en el lugar preciso. Eran dos movimientos: por un lado, posicionar la corrupción al lado del partido -el enemigo-, por otro posicionar las consecuencias del gobierno de Rajoy (tenemos más crisis territoriales, más desunión, más desigualdad social, más movilizaciones que nunca en contra de los derechos sociales, más indignación, más pobreza infantil…). Y comunicarlo en positivo.

EL FOCO

El foco del mensaje debía ponerse en las personas, en la ciudadanía, que está indignada, horrorizada y anestesiada por las malas noticias. Abro paréntesis, también está manipulada a golpe de opinión en Facebook, entre otras noticias. Estamos impulsando una sociedad con escasa capacidad crítica donde sobran las opiniones y faltan las reflexiones. Cierro paréntesis. Como digo el foco debía ponerse en las personas, pero segmentando. España tiene hambre de buenas noticias, tiene sed de ilusión, de mensajes positivos, de ahí las palabras de Pedro Sánchez: recuperar la dignidad de las instituciones, trabajar por la igualdad, atender las urgencias sociales de muchísima gente que sufre precariedad; una moción para recuperar la dignidad.   

La corrupción y la gestión de Rajoy ha dejado un país huérfano, abandonado y sin credibilidad. Y las personas de este país han trabajado mucho y muy duro por décadas para construir un país que es extraordinario. El PP no es España y esta ecuación había que eliminarla. España somos todos, todas las personas que se levantan cada día y hacen de este país un país mejor.  

¿Qué mensajes son los que deberían protagonizar esta etapa? El de que España se merece un gobierno para devolver la dignidad a las personas, a los pensionistas, a las mujeres, a los jóvenes, a las personas que se han marchado fuera y no vuelven debido a tantos años de incertidumbre.

Llevamos dos años con el discurso político centrado en la corrupción, Cataluña, ETA, etc. Las noticias que se generan provocadas por las movilizaciones sociales han estado alejadas del discurso político y parlamentario. Llevamos más de una década de malas noticias, contagiados por el halo de la negatividad, sin dar un resquicio de certidumbre a España con un proyecto de unidad y crecimiento.

Al nuevo gobierno socialista le irá bien si comprende qué es lo que necesitan y quieren oír la mayoría de los españoles.  

LA JUGADA de Cs

Ciudadanos se sale de la ecuación al oponerse a su propia estrategia, la que siempre han mantenido a nivel nacional y territorial: la del diálogo y la del consenso. Realizaron un golpe de timón y la consecuencia fue negativa para ellos. Decir no al resto del Congreso significa decir sí a una oportunidad electoral propia. La oportunidad no es oportunismo. Quisieron ser diferenciales también en esta ocasión: no pudieron y no supieron. Dieron sensación de desconocer los propios procesos de la cámara baja, cosa que los debilitaba aún más. Y gestionaron mal los tiempos. Rajoy no iba a dimitir. Y esto significa no comprender al adversario, no conocerlo y subestimarlo. Rajoy tiene “la piel de elefante”, que diría Merkel. En política, jamás se subestima a un adversario.

Por otro lado, el ataque de que son los separatistas y populistas los que apoyan la moción, apenas tiene efecto por varios motivos: i) Pocos días antes decía que “no ve rojos ni azules”, ve españoles. El Congreso de los diputados se compone de diputados que representan a esos españoles, por lo que, si Ciudadanos hubiese necesitado el apoyo de la cámara, también hubiese pedido esos apoyos, como ha ocurrido en el caso de los presupuestos; ii) por otro lado, ¿quiénes son los populistas? ¿Podemos? Según la conceptualización de populismo y después del giro de Podemos, este partido no sería populista. Por otro lado, si por el contrario aceptamos barco al homologar a Podemos con populismo bajo el prisma de Cs, ¿qué es lo que hicieron ellos al hablar de españoles? El discurso de “recorriendo España yo no veo trabajadores o empresarios; veo españoles; no veo a jóvenes o mayores, veo españoles”, sería populista.

LA NEGOCIACIÓN

A lo largo de la historia de las relaciones en España, nacionales o internacionales, nuestro país nos ha tenido sumidos en la imposición. No hay una cultura de la negociación. Esta no cultura nos ha llevado a tener grandes crisis: en nuestra historia, en nuestras guerras, entre nuestros partidos, entre nuestros gobiernos, en nuestro territorio. Después de más de una década de crisis económica, después de tener un gobierno que ha pensado en la riqueza de tan sólo unos pocos a golpe de imposición, que no de razón (porque tener el poder no significa saber gobernar -para todos-), después de más de una década de malas noticias y de negatividad, de dibujarnos un país paralelo a la realidad a la mayoría de españoles, el diálogo y el consenso para obtener beneficios comunes es la mejor estrategia no sólo para impulsar nuestro país, sino para ser más competitivos y europeístas. La no negociación siempre nos ha mantenido fuera, ajenos, divididos, huérfanos. Por primera vez, la negociación nos puede conducir a la unidad, la competitividad, la modernidad y, ante todo, a la esperanza y la ilusión que tanto necesitamos.

EL PRESIDENTE

Pedro Sánchez Pérez-Castejón se convierte en el séptimo presidente de la democracia en España y el primero como consecuencia de una moción de censura.

Por primera vez promete su cargo al Rey sin Biblia ni crucifijo.

¿Su hoja de ruta?  Que sus formas de hacer política, basadas en el diálogo, la negociación y el consenso para llegar a acuerdos en una España diversa dentro de una Europa común, sea la que determine un camino de ilusión y esperanza. Entender España es el primer paso para saber entenderse con otros partidos. Más igualdad, más empleo y de calidad -que no trabajos baratos-, una nueva agenda económica -a pesar de jugar la partida con las cartas presupuestarias del PP-, más libertad de expresión, más capitalización de nuestro talento. En definitiva, dibujar un país en el que querer estar y al que querer volver.

¿Su hoja de ruta interna? Trabajar por impulsar más y mejores liderazgos territoriales que se asemejen al sentimiento de los votantes y simpatizantes socialistas. Líderes territoriales que sean parte de la solución de España, no parte de los problemas del PSOE. 

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1/ La tendencia

Los resultados del CIS están más cerca de la tendencia, no de ningún resultado en sí publicado durante las últimas semanas por diferentes medios de comunicación. 

Por lo tanto, prudencia. Las encuestas pueden ser síntoma de buenas o malas noticias. Pero, en este caso, la prudencia era un valor añadido a tanto dato abultado a favor de Ciudadanos. El PP sigue estando en primera posición y ganaría las elecciones. Ciudadanos gana puntos a costa del PP. Mientras que PSOE también los gana, muy posiblemente a costa de Unidos Podemos. El gran reto del PSOE es recuperar su tejido electoral, asignatura pendiente desde 2011 (tener los 110 diputados que consiguió Alfredo Pérez Rubalcaba hoy es un sueño). No comparto que su apuesta sea dirigirse al el centro porque entonces la marca PSOE se debilitaría… más.

2/ Tensión social

Tenemos un país, en estos momentos, adormecido, paralizado, ante las crisis que se suceden en España: corrupción, Cataluña, gestión del Gobierno, crisis económica… Jordi Évole utilizó el concepto “anestesiados”. Si bien durante el 2011 la desafección política hizo que la gente saliera a la calle en forma de 15M y mareas, a posteriori, hoy escuchamos los sucesos que acontecen y no hay respuesta en acciones cívicas, pero sí críticas que pueden tener influencia, o no, depende del altavoz y del canal que utilicemos. Las redes echan humo pero no podemos contabilizar aún el valor de su influencia.

La corrupción, anteriormente, no le había pasado factura al PP. Ahora, con terceros portavoces repitiendo mensaje en medios de comunicación como consecuencia de los juicios, puede perder más del techo que se supone que el PP viene perdiendo. Esto, para Ciudadanos, es una oportunidad. Sin embargo, cabe pensar, que el voto duro de Ciudadanos poco tiene que ver con el voto tradicional fiel y tradicional del PP.

3/ Valoración de Albert y el liderazgo

Es el único que consigue una valoración por encima del resto (4,01), aunque no aprueba. Pero que el líder se mantenga (impulsado también por otros factores) es una buena noticia para Ciudadanos en un momento en el que PP y PSOE no viven su mejor momento político en relación a su liderazgo, contando también con la falta de liderazgos territoriales.

4/ La marca del partido

La marca del partido influye también en la opinión. Las marcas PP y PSOE no viven tampoco sus mejores momentos. En 2011 la marca PSOE estaba en declive, sólo Alfredo Pérez Rubalcaba podía salvar aquellas elecciones según las encuestas. En algunas ocasiones se escoge la estrategia de impulsar la marca candidato en una campaña o momento político. Albert Rivera también lo hizo. El reto es la sostenibilidad en el tiempo porque, en estos momentos, no se definiría la marca Cs sin Albert Ribera (o Inés Arrimadas, en la actualidad), lo que también, e inevitablemente, es un riesgo.

5/ Los ciclos políticos son económicos

El concepto de ciclo político responde a un periodo de tiempo político que se agota. Un ciclo político que se va terminando  y donde la oposición gana porque… toca. Toca porque el contexto social lo acompaña, toca porque el contexto político también, pero, sobre todo, toca porque el contexto económico empuja al desgaste al que gobierna, también, por sus propios errores. El adversario gana porque el otro pierde, no porque el que gane, gana. El concepto de ciclo político siempre está acompañado del ciclo económico. Se llama ciclo político a la política económica que escogen los gobiernos previo a una campaña electoral. En año electoral se suelen tomar medidas económicas que permiten ganar la confianza y apoyo del mayor número de ciudadanos posible.

Y no hay que minimizar la importancia de los ciclos políticos. ¿Por qué?

-Porque el principal problema de los españoles sigue siendo el paro (40,5%), seguido de la corrupción y el fraude (15,6): problemas de índole económico que atentan contra la confianza de las personas. Cuando hay desconfianza, los políticos pierden toda atención ciudadana. Cuando no hay atención por parte de la ciudadanía se pierde su apoyo.

-¿Y el relación a los problemas personales? Pregunta el CIS, repito, problemas personales: Paro, 25,3% – Problemas de índole económico, 11,9% – Las pensiones, 6,6%. Como vemos, los problemas personales de la gente tienen que ver con la economía. 

El discurso que conecte, tendrá mayor aceptación.

Y nada es casual. Aunque algunas cosas pueden ser erróneas. 

*CIS. Barómetro de enero 2018

 

 

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Publicado en BEZ el 24 de Febrero de 2017

El proceso de las elecciones ecuatorianas está marcando un antes y un después en la política latinoamericana haciendo dudar de la eficacia de los Estados de propaganda. Y con las elecciones ecuatorianas, de nuevo a debate la palabra “populismo”. Con Podemos, su Congreso, y los últimos movimientos de fichas en el tablero de ajedrez el término se acentúa. Y así titulan los medios de comunicación el escenario político internacional más alineado a la derecha.

Del pueblo para el pueblo

“El gran debate de Podemos, a riesgo de que se entienda mal o banalice, es si debemos seguir siendo populistas o no”, dijo Pablo Iglesias en octubre de 2016 en la presentación del libro Horizontes neoliberales en la subjetividad de Jorge Alemán en La Morada. Esas palabras levantaron ampollas al dejar ver las costuras de una intención que era más que evidente. “Iglesias reivindica el “populismo de izquierdas” para mantener a Podemos con “un pie en la calle””, se escribía en El Español. Quédense con “populismo de izquierdas”.

A colación de las elecciones americanas, no han sido pocos los medios de comunicación que han escrito la palabra “populismo” al lado de Donald Trump. Eso sí, confirmando que el populismo norteamericano había girado claramente a la derecha. Nada que mencionar al respecto cuando se habla de Hillary Clinton y su campaña para movilizar a las minorías en Estados Unidos. Raro.

María Dolores de Cospedal afirmó en febrero de 2012 algo que podría haber mencionado cualquiera de los populares aunque nos chirriara: “El PP es el partido de los trabajadores”. Resulta ser un buen titular cuando, 5 años después, lo recordamos como si lo hubiese dicho ayer. Una actuación populista al mismo tiempo que una falacia. Pero, si regresamos aún más en el tiempo, nos encontramos con compromisos políticos como el de Mariano Rajoy, el cual se comprometió en 2008 a promover el pleno empleo y crear 2,2 millones de puestos de trabajo. ¿Populista también?

Para atraer y para atacar

¿Es el pleno empleo una promesa populista cuando, en realidad, no todo el mundo la quiere? ¿Qué es todo el mundo? ¿O… qué es toda la gente? ¿La Administración Trump o Trump mismo miente? ¿Por qué el populismo de Syriza se topó con la realidad? ¿Ha mentido alguna vez Clinton? ¿O Putin? ¿O Le Pen? ¿Es populista el PP por llamarse Partido Popular? ¿Era populista el… “no es no”?

Según la RAE, “populismo” es la tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. Todos aluden al pueblo para conseguir algo de él, a esa parte del pueblo que necesitan, con la que quieren conectar al compartir intereses comunes. Todos aluden, izquierda y derecha, a lo que el pueblo quiere porque el pueblo los quiere. Pero no todos aluden al pueblo como un todo, sino sólo a esa parte que necesitan, en campaña y en periodo de gobierno porque, aunque un presidente represente a todo un país, dudamos de si gobierna para todos en igualdad de condiciones.

Y todos aluden al término también, para atacar.

En el mundo académico el término delimita confusión. Lamentaba Ariel Jerez, profesor en Ciencias Políticas de la U. Complutense, en el Huffington Post, que el término tuviese ahora una carga peyorativa. Si no entonces… ¿por qué aluden al concepto “populista” algunos políticos cuando quieren descalificar al adversario? El término, ya, está muy manido en argumentos políticos poco profundos, y dudamos de si efectivos, para desautorizar palabras o acciones del rival. Este dardo verbal se ha convertido en una estrategia poco eficiente pero muy mediática.

El populismo como amenaza

La tendencia se ha convertido en una amenaza internacional, sobre todo si miramos hacia Latinoamérica. En muchos países donde el “socialismo del siglo XXI” resulta ser una bandera, sus gobiernos se acercan a las clases más populares, entendidas éstas como esa parte de la sociedad más necesitada, menos formada, más desfavorecida. En Latinoamérica es norma manipular información para conseguir algo a cambio del pueblo, como por ejemplo su confianza y su credibilidad. Cuando no obtienen apoyo por parte de la clase más formada, y de esa clase media que ellos mismos han construido, no dudan en descalificarlos y llamarlos “corruptos”. Literal. Y, sí, no resulta ser muy inteligente.

El populismo no existe cuando no es a toda la gente a la que quieren referirse, aunque lo parezca. Tampoco debería existir como descrédito y tampoco se deberían escapar frases inciertas por algunos políticos desde el marco populista aun sabiendo que resultan ser un error.  El populismo no existe cuando no es el todo para el todo, cuando impera el oportunismo a la oportunidad. No llamemos populismo a lo que en realidad es demagogia.

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