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GRIÑÁN con traje azul. Valderas, más oscuro. Griñán corbata azul. Valderas, ¿por qué no roja? Griñán con camisa azul. Y Valderas, acompañado de su pin con la bandera de Andalucía sobre la solapa de la chaqueta… Anoche se celebró el debate previo a las elecciones andaluzas del 25 de marzo con una silla vacía, un presidente solo y un líder, el IU, que quiere salir y salir por la izquierda sin encontrar aún la puerta adecuada…

Ante la negativa de Javier Arenas de acudir a Canal Sur por seguir imparable con la estrategia del silencio para asegurar posiciones, José Antonio Griñán y Diego Valderas, de pie, cara a cara y papeles en mano, confrontaron ideas, más que enfrentarlas, en un debate descafeinado. Escenario gris, pocas luces y planos justos. ¿Un tema principal? La corrupción. Y mientras Griñán debatía con el fantasma de Arenas y le daba la razón a Valderas en algunos temas (“ya sé que me da la razón, cosa que le agradezo”), el líder del IU sacaba sus ganas y su fortaleza ante Griñán en aquello que se debería hacer mejor en la Junta de Andalucía por la izquierda, convencido de que por la derecha no está la solución.

Mientras el porte de Diego Valderas crecía a medida que avanzaba el debate, Griñán daba síntomas de no encontrar su sitio, ni siquiera encontrar a su contrincante, por eso, quizás, mencionada al líder del PP una y otra vez: su rival no era IU, sino Javier Arenas. Sin embargo, el líder de los socialistas andaluces también acudió a la emoción y a su familia cuando tuvo que hablar del tema más espinoso que nos rodea, la crisis: “mi hijo pequeño también está en paro y está en casa”. (Declaración en el vídeo de la noticia).

Y para finalizar, dos minutos de gloria diferentes en cada uno de ellos: Valderas repitió en ese su minuto las palabras corrupción, dañado y manchado y pidió el voto porque quiere una oportunidad para IU en estas elecciones en la que la solución está salir por la izquierda, insistió. Griñán envió un mensaje más positivo con palabras como solidaridad, cohesión y libertad de oportunidades, pidió disculpas a su rival, le deseó suerte en lo personal, “pero en lo político, se lo deseo a Andalucía”.

Y así acabó este debate en plenas elecciones andaluzas con dos protagonistas que nada tienen de vencedores en las encuestas preelectorales… Pocos días por delante, y muchas cosas por hacer…

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DE «tesis doctoral», insisto, en que así deberíamos observar la comunicación online de los dos candidatos a la presidencia del Gobierno español. Dos dinosaurios políticos que apostaron por estar porque es un activo muy importante en este siglo XXI sencillamente porque ahí también está la gente. Ahora bien, una cosa es estar y otra es conectar. ¿Se ha conseguido?

En el post Comunicación vs. Números en la campaña 2.0 del 20N, observábamos cómo el número de seguidores o el número de “personas a las que le gusta esto” no significa un éxito en comunicación. El éxito en comunicación pasa por conseguir el objetivo marcado -que depende de cada partido- antes de iniciar la campaña y por conseguir interactuar con las personas a las que te diriges, saber que el contenido interesa, genera debate y que consigue ser viral.

A pesar de que Mariano Rajoy ha logrado tener más personas detrás de él, la influencia la ha marcado Alfredo Pérez Rubalcaba al finalizar la campaña. Y no sólo en Twitter, cuyos datos analizamos detenidamente hace unos días y quién se ha mostrado más activo y más preocupado por interactuar con la gente en el formato off/on del #YoRespondo; sino también en Facebook, donde ha logrado en un tiempo record una influencia dos veces mayor que la de su rival.

 

Con Rubalcaba en Facebook arrancó la campaña el día 4 de noviembre con poco más de 15.000 «amigos». Tras el debate electoral y, concretamente, el día 10 de noviembre logró obtener un total de 10.000 “amigos” más, algo que no es relevante en términos de comunicación. Pero lo que sí es relevante es alcanzar casi 48.000 y tener una influencia de 31.022 personas al finalizar la campaña. Teniendo casi 21.000 amigos menos que Rajoy, Rubalcaba ha conseguido que 20.146 personas se interesen por su contenido y se comparta. Algo que no ha conseguido el líder popular con sus casi 69.000 seguidores, de los cuáles sólo 10.876 hablan de él, número que fue descendiendo a medida que avanzaba la campaña.

¿La comunicación importa? Sí, sobre todo si es estratégica. El perfil de Alfredo en Facebook al iniciar la campaña no sólo fue más estratégico que el de Rajoy. También creó un relato por día y aumentó las publicaciones en casi 50 por jornada relacionándolas con otros formatos en Red con contenido que se iban moviendo a la misma velocidad. Dio mucho protagonismo a la mujer e incluso puso voces a las personas en sus publicaciones compartiendo experiencias  personales con el resto de usuarios. Informaba y comunicaba. Y sus mensajes eran positivos, movilizadores y enérgicos. Mariano Rajoy trasladó el silencio de la calle a las red social: apenas 4 publicaciones por día cuyo contenido por excelencia era el vídeo, la comunicación era plana pero clara, y pedía al usuario qué quería del contenido: que fuese viral. Por lo tanto, muévelo.

Sin embargo, la crisis económica se llevó por delante al PSOE sin remedio haciendo que el PP lidere el Congreso de la forma más absoluta. Vemos que la comunicación online, aunque exitosa, en este caso no ganó las elecciones

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