Your address will show here +12 34 56 78

14:52 horas. En este preciso momento, Trinidad Jiménez, Ministra de Sanidad y Política Social, tiene 2562 amigos a los que “le gusta esto” en Facebook. Su homólogo en la contienda madrileña, Tomás Gómez, le aventaja con 2750.

A lo largo del día de ayer y de hoy, los medios están publicando cómo, desde que Jiménez hizo pública su candidatura a la Comunidad de Madrid, los “amigos” de Gómez están aumentando en la famosa y más poblada red social. ¿Y esto qué significa? Eso no es más que un solo dato que varía a cada segundo porque, mientras escribo estas palabras, seguramente algunos de los dos candidatos que pasarán por unas “primarias internas” ya hayan aumentado su número de contactos reflejados en “amigos imaginarios a los que le gustan esto”.

Porque como bien dice el consultor Juan Carlos Gozzer, el síndrome “Roberto Carlos” de nada sirve si no va acompañado de una estrategia y algo que contar, el relato del propio candidato. No hay que confundir en unas elecciones internas de partido el número de amigos con el número de militantes que van a votar, como tampoco hay que confundir ese mismo número de amigos que varía a una velocidad descontrolada por el número de ciudadanos madrileños que acudirán a las urnas el próximo año, más pronto que tarde, a votar. El confundirlo sería un error, como, entre otras cosas, ocurrió con el candidato Mockus en Colombia.

Como tantas otras, Facebook no es más que una herramienta de comunicación online, no la propia estrategia la cual nos lance hacia un éxito asegurado. No. La estrategia de comunicación tiene una base más sólida, consecuencia de un estudio exhaustivo de diagnóstico, cuantitativo y cualitativo, análisis del entorno y los principales actores, nuestros candidatos y el potencial público. A partir de ahí, hay que definir una estrategia comunicativa acorde al momento, al líder y al objetivo que se quiere conseguir. No hay que ir dando pasos de ciego según sople el viento ese día.

Y cuidado: Facebook es una herramienta más, pero no la única.

14

 

Recuerdo mis primeros años de estudiante cuando aún no tenía Internet en el piso en el que vivía. Nos organizábamos nuestros horarios de estudio, las comidas, cuándo hacer la colada y limpiar, cuándo salir y, por supuesto, cuándo ir a casa a visitar a la familia y a l@s amig@s. Pero todo cambia. Las compañeras, los hábitos y las formas de vida, las costumbres e incluso el propio piso. Antes solíamos ver los informativos de la televisión mientras cenábamos. En el descanso, fregábamos los platos (o la “loza”, como bien decía una gallega…). Y después, nos apalancábamos en el sofá para disfrutar de la serie del día. Antes hablábamos más por la casa, se notaba que había vida en ella. Es cierto que no teníamos Internet. Pasábamos más horas en la Universidad para aprovecharlo al máximo ya que prácticamente todos nuestros apuntes estaban (y están) ahí. También la entrega de trabajos y prácticas y las relaciones con el profesorado eran (y son) mediante este soporte digital.

 

Cinco años después todo ha cambiado. Necesitamos Internet, casi casi, 18 de las 24 horas del día para llevar a cabo la carrera, para estar comunicados con los profesores, con los compañeros de clase y de trabajos, con los amigos y con la familia, para poder mantenernos informados de cuanto acontece. Necesitamos Internet para consultar fuentes y tener una visión global de lo que estamos realizando cuando llevamos a cabo nuestros trabajos finales. En esta web 2.0 los servicios han aumentado, se ha convertido en una majestuosa enciclopedia, han aumentado los blogs informativos, los portales de relaciones sociales, la comunicación multimedia, los periódicos digitales. Ahora es una fuente ágil y flexible. Pero con una brecha importante,: el retraso de las telecomunicaciones.

 

Ahora en casa reina el silencio. Mi nueva compañera de piso, que tiene cinco años menos que yo, me manda correos electrónicos cada vez que quiere decirme algo curioso sin importancia, según dice ella, para no molestarme ni distraerme. Cuando es algo importante, rompe esa norma que la ha hecho suya. Aquí apenas se enciende la televisión. Sólo para ver el informativo. Si alguien visita nuestra casa, nos encontrará a cada una aparcadas en nuestra silla, enfrente del escritorio con el ordenador encendido o con un bolígrafo en la mano… Ahora la comunicación entre nosotras se sitúa en la cocina mientras hacemos la comida, o en el pasillo, cuando nos encontramos para despedirnos al salir a la calle…

 

Por eso no me ha sorprendido leer el artículo que publicaba elpaís.com esta mañana: Los españoles ya pasan más tiempo en Internet que viendo la televisión

4

NO HAY POSTS MÁS ANTIGUOSPágina 4 de 4POSTS SIGUIENTES