Your address will show here +12 34 56 78

Diario de campaña. Día 7: El discurso

Publicado en BEZ el 10 de Diciembre de 2015

 

En el interior de la Galería Nacional de Noruega, localizada en Oslo, encontrarán la mejor versión de El grito, un sorprendente cuadro a la par que famoso que muchos recordarán. Lo pintó Edvard Munch, un hombre que predominó por evocar la angustia, por diseccionar almas. Dicen que la fuente de inspiración de esta, posiblemente, su mejor obra, fue su atormentada vida. Munch refleja bajo el matiz del expresionismo, un estado anímico, la desesperación y la ansiedad, la necesidad de dejar salir todo lo que siente a través de un grito que es capaz de atravesar la naturaleza.

En esta campaña electoral hemos visto, especialmente, cómo después del debate celebrado el pasado 7 de diciembre, los candidatos han cogido cuerpo y forma a la hora de emitir sus discursos, sobre todo Pedro Sánchez y Albert Rivera. Menos con Pablo Iglesias, porque Iglesias ya nos tiene acostumbrados a un discurso transmedia que traspasa, en el momento en que lo evoca, plataformas y formatos. Lo hace constantemente. Y lo hace bien. Probablemente después del debate hayan cambiado poco las palabras de los candidatos, pero sí se ha percibido un cambio en sus formas. ¿Cuáles? Mayor énfasis y más volumen.

No es nada fácil escribir un discurso, mucho menos interpretarlo. ¿Lo más difícil? Empezar a escribirlo. ¿Lo menos difícil? Escucharlo cuando lo expone el orador. Pero, si ha habido algún consejo a los candidatos después del debate de que, subiendo el volumen, dan sensación de mayor fortaleza cuando se dirigen a la audiencia, se equivocan. Subir el volumen no da la razón a un orador. Pero tampoco se la quita. Exponer argumentos sólidos, convincentes e identificativos con la audiencia sí. Emplear la vida de uno mismo, conocer la vida del otro, meterse en la piel de los demás y utilizar una narrativa convincente y emotiva, es el eje vertebral de un discurso en toda su estructura. Este es el verdadero arte del grito, el grito natural del hombre, el de la honestidad.

No se será más fuerte por emplear el grito en el discurso, por subir el volumen sin más. Más bien dejamos al descubierto las costuras, las debilidades y las deficiencias. No funciona el grito de desgarro ante la impaciencia. Fernando Garea bien nos recordaba que Carme Chacón fue Sepultada por su grito en febrero de 2012 ante un derrotado Alfredo Pérez Rubalcaba después de las elecciones de 2011.

Santos Juliá tituló en El País el 24 de julio de 2000 que, con un discurso, se puede ser secretario general. Hablaba de un joven Zapatero “de verbo fácil, con agradable timbre de voz, mirada clara, encantado de la vida”. El discurso de Rubalcaba del 9 de julio de 2011, como candidato oficial por el PSOE, fue catalogado por expertos como un “discurso memorable” en el que intentó por todos los medios movilizar a la izquierda a partir de tintes de motivación y de esperanza. Según me contara Ignacio Varela, el que fuera sociólogo de cabecera del partido, “ese discurso fue uno de los momentos transcendentales de la campaña junto con el debate electoral”. Aunque el propio Rubalcaba me revelara también que nunca soñó con ganar las elecciones, no hay dudas que sudó la camiseta, en un discurso posterior, cuando quiso renovar a su partido.

Sócrates, en Fedro, llamaba cinceladores de palabras a aquellos que recurrían al género demostrativo en sus discursos. Y eso no es más que el arte del buen decir. Este género es “aquel que se nutre de la abundancia de palabras, y su construcción y ritmo gozan de una cierta mayor libertad”. Pareciera que todos los candidatos en estas elecciones fueran cinceladores de palabras, pero no lo son. Algunos sólo lo parecen. Quizás porque confunden la libertad con el libertinaje, o la abundancia de palabras con gritos desmedidos.

El profesor de Análisis del Discurso, Jonathan Potter, en su obra La representación de la realidad, discurso, retórica y construcción social, hace una distinción entre dos discursos: el cosificador y el ironizador. Mientras el ironizador se decanta por socavar versiones, véase a Pablo Iglesias, por ejemplo, o a Rajoy cuando dice que se aburre hablando de los demás, el cosificador “produce algo como si fuera un objeto, sea este un suceso, un pensamiento o un conjunto de circunstancias”, como intenta hacer el resto en estas elecciones.

Potter, junto con el psicólogo e investigador sobre el discurso, Derek Edwards, trataron, en 1992, lo que llamaron el “dilema de la conveniencia”. ¿A Felipe González le conviene criticar a Pablo Iglesias? Quizás le convenga él el enfrentamiento al entrar en el terreno de lo personal, pero la vida de la gente no va a cambiar por mucho que, un admirado González, critique al líder de Podemos. Mientras, Pedro Sánchez, entiende que le conviene tener claro a su enemigo, Rajoy, y al enemigo de España, la derecha. Pero por gritar más alto no se van a ir antes del Gobierno. Ojo al street marketing de Callao, donde ha firmado un contrato con los ciudadanos subrayando quién es el enemigo y por qué él quiere ser “un presidente para la mayoría”. A Rajoy le conviene no hablar mucho para ganar tiempo, evitar ridículos y dirigirse sólo a su electorado, al fiel. Rivera sigue anclado en un discurso cosificador con pocas demostraciones y muchas condiciones: si gobierna «España no se negocia, no se toca y no se rompe». Sin embargo, el sexto día de campaña, los ciudadanos se le han revelado al saber que su programa deja en evidencia que quiere acabar con las penas por violencia de género.

Es más que evidente que, estos cuatros años de legislatura, quiénes más han gritado de muchas formas han sido los ciudadanos. Han gritado por la educación, por la sanidad, por la igualdad y la violencia machista. Hay gritos de desgarro, ansiedad y angustia que no hace falta escuchar, sólo basta con mirar a los ojos, como a la obra de Munch. Hay que sentir cuando se dice que se siente. Y a nuestros candidatos aún les falta gritar con el arte del convencimiento, la emoción y la honestidad para no parecer un cuadro.

DIARIO DE CAMPAÑA

0

Diario de campaña. Día 6: Los votantes en el exterior

Publicado en BEZ el 9 de Diciembre de 2015

Empezar con un suspiro el día mientras cierras la puerta de una casa que no es la tuya. Bajar por un ascensor, en el mejor de los casos, con gente desconocida de lugares que quizás no hayas oído hablar jamás. Salir a la calle y, a pesar del tiempo, respiras un aire que aún no sientes familiar. Cada paso que se da por la avenida es un paso más hacia un lugar que probablemente no has escogido, y que tampoco te hace feliz, pero que te vendieron como la gran oportunidad. Y probablemente escuches un idioma que tampoco es el tuyo pero que en el fondo no desconoces porque no te queda opción para sobrevivir. Y, mucho cuidado porque, enfermarse lo prohíben las madres como orden soberana.

La soledad de los fines de semana atormenta la cordura. Y a veces no se tienen más fuerzas para continuar. Lo único que mantiene vivo el espíritu es el afán por creer que mañana será mejor, o que un mañana será posible, el mañana con el que crees haber soñado algún día. La esperanza. Bendita ilusión la de los 1,8 millones de españoles que están fuera del país. Hay muchos que eligen irse de España para crecer, porque les espera un reto más atractivo para sus carreras profesionales. Pero hay otros que no tienen elección. Se marcha con más inseguridades que miedos. Con más miedos que deseos. Con más deseos que protección o realidades posibles. Pasear se convierte en una pesadilla al tener que estar dialogando contigo mismo haciéndote pregunta cuyas respuestas sabes pero no quieres ni recordar. La situación económica y política en España no ha dado margen para aprovechar el talento de sus ciudadanos. Y ahora, son sus ciudadanos los que pagan las consecuencias.

Es el voto abandonado. Abandonados porque todos los candidatos en los distintos espacios públicos hablan de los jóvenes que se tienen que marchar fuera de España para buscar oportunidades. Pero, ¿saben quiénes son? ¿Conocen sus nombres? ¿Saben qué piensan sus familias? ¿Reconocen quiénes son los que sufren, por qué sufren, por quiénes sufren? ¿Saben si merece la pena que sufran? ¿Saben lo que dejan atrás? ¿Saben en qué momento dejaron de soñar? ¿Les han preguntado si merece la pena? Es el voto abandonado, del que todos se acuerdan, pero al que nadie atiende. El voto del que todos se acuerdan pero todos abandonan.

Muchos emigrantes no podrán votar en estas elecciones del 20 de diciembre. Por mucha información que diga el Gobierno que comparte para seguir el proceso, la burocracia es una pesadilla. No hay información efectiva. Tampoco tratamiento especial. La viralidad es espontánea y parte de la gente. ¿Y saben cuál es el proceso? El primer paso es la inscripción en el consulado o la embajada. Por cierto, ¡no te alegrarás tanto en tu vida de ver a un Guardia Civil que cuando te lo encuentras en el consulado! Y no se hace todo en la primera cita, sencillamente porque siempre hay algún documento que falta o algún documento impreso que es exactamente el que se imprime desde la web pero no necesariamente el que ellos solicitan. Por este motivo, toca pedir el favor a tu jefe o jefa –a riesgo de perder tu trabajo y por el que te marchaste de España, recuerda- para volver en más de una ocasión a cerrar el trámite.

Al llegar a primera hora al edificio, las colas son interminables y las esperas de 6 de horas de media, al menos es la experiencia en países de Latinoamérica. Después hay que solicitar el voto y nuevo papel que rellenar, pero… ¡ojo con las fechas para llegar a tiempo! Emigrante, si estás pensando en votar, ya no puedes hacerlo: el plazo para solicitar el voto era hasta el 21 de noviembre. A esto se le llama voto rogado. Un voto rogado que nunca debió serlo. Si tanto mencionan a los emigrantes en las entrevistas y debates en campaña electoral para proyectar una sensibilidad especial acompañada de emociones que bañen directamente a esos familiares y amigos de aquellos a los que se añora, si tanto mencionan a los jóvenes que tienen títulos académicos como para subastar, empiecen por contar con ellos. No seamos hipócritas. La democracia no premia la ignorancia, tampoco los intereses. Y la venganza se sirve fría. Voto rogado, sí, curioso nombre cuando ahora son los candidatos los que nos ruegan el voto a nosotros.

¿Y cuando llegan las papeletas a casa? -Le preguntas al tipo que hay detrás de la ventanilla en el consulado-. Te mira, y se echa a reír. –¡En muchos casos nunca llegan! Y, efectivamente, no llegan. ¿Creen que muchas personas insistirán tanto en demandar o rogar su voto? ¿Creen que aguantan tanto trámite? ¿Creen que harán cola con antelación para entrar a la institución pública a primera hora de la mañana, cogerán número y esperarán horas su turno? Si ya es difícil movilizar el voto en España cuando se tiene cerca la oportunidad, imagínense cuando no se tiene o parece que se niega.

Y a los abandonados… ¿quién los rescata? Ellos mismos. Nosotros mismos. Ya hay colectivos, como el caso de Marea Granate que nació con el objetivo de “luchar contra las causas y quienes han provocado la crisis económica y social” que obliga a emigrar. Son una extensión, dicen, de movimientos sociales aparecidos en España en los últimos años. Cada vez hay más emigrantes exteriores en España y el 95% de esos emigrantes se quedarán sin votar el próximo 20 de diciembre, parece. Pero… ¿saben? Ellos tienen familiares, amigos, compañeros… que sí irán a votar. No habrá votos emigrantes, pero sus voces tienen el poder de cruzar océanos. E aquí el poder de la comunicación. Y de la influencia.

*Nota: al igual que se expone la crítica constructiva, también hay que mostrar las buenas noticias. Esta que escribe puede considerarse dentro del 5% que podrá votar fuera de España en estas elecciones con la esperanza siempre de que llegue a su destino. 

DIARIO DE CAMPAÑA

0

Diario de campaña. Día 5: El debate

Publicado en BEZ el 8 de Diciembre de 2015

Quizás pocos recuerden el debate cara a cara entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba que se celebró un día 7 también, pero el de noviembre de 2011. A ese debate Rajoy fue, a pesar de que pocos querían que fuera, como me contó Manuel Campo Vidal para la redacción del libro “Se llamaba Alfredo…”: “Rajoy aceptó el debate sin necesitarlo, y aceptó el debate en contra de la opinión de algunos de sus colaboradores que le decían “no corras ese riesgo porque te va a aportar poco y, en todo caso, quizá te aporte en negativo”. ¿Han sido los mismos asesores que le han dicho que a este debate no fuera? Nos ha sorprendido algo que no debería, porque es algo natural en el comportamiento de nuestro presidente del Gobierno: seguir huyendo de la realidad que lo acontece. Él sigue gobernando para una sociedad que poco tiene que ver con la que describe. Y lidera una “España en serio” sin seriedad. En aquel 7 de noviembre, Rajoy llamaba, a Rubalcaba, Rodríguez Zapatero, y todo el mundo dudó de si la equivocación fue estratégica. Pero Rajoy se equivoca tantas veces… que también se dudó de que lo fuese. Rubalcaba es y ha sido siempre un muy buen orador, pero su estrategia de posicionar a Mariano como presidente para advertir de lo que se vendría encima, no resultó. Muchos creen que Rubalcaba no perdió y perdió al mismo tiempo ese debate. ¿Por qué? Porque no lo ganó.

Y en este 7 de diciembre… ¿qué hemos visto? Un debate único celebrado en Atresmedia, moderado por Vicente Vallés y Ana Pastor, y protagonizado por tres candidatos: Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera; y una sustituta en el lugar de Mariano Rajoy: Soraya Sáenz de Santamaría. ¿Qué gana Mariano con esta decisión? Tiempo, sólo gana tiempo. Tiempo para pensar, para no sumar más errores, para reflexionar en el paso de la siguiente jugada. Pero… cuando es otra persona la que tiene que dar la cara por sus errores, deja más en evidencia que nunca su debilidad y muestra mejor que nunca una flojera en su liderazgo.

Un debate con unas normas especiales donde se ha innovado en espacios, presentación, orden y tiempo. Han prevalecido los datos en todas las intervenciones, algo que no funciona si no se es capaz de ilustrar con palabras para que, quienes los escuchamos, seamos capaces de entender e imaginar el impacto en nuestras vidas de las cifras que mencionan. Han prevalecido también demasiadas alusiones al pasado y a la herencia, sobre todo por parte del PP, para justificar las decisiones que han tomado en esta legislatura. Pero no hay justificación que valga cuando todo el mundo comprendía, sabía y vivía la situación en la que se encontraba el país. El PP se ha negado a sí mismo cada día.

A pesar de que Rivera quiere bailar sólo, o eso dice, la comunicación no verbal de vez en cuando le ha jugado una mala pasada, ya que se veía afirmando en más de una ocasión con la cabeza mientras Soraya exponía. Ilustrativo gesto. Mientras Soraya se muestra a lo largo del debate en general quieta, estática, inmóvil, recta y firme, resulta ser poco seria, entrando en colisión con el propio eslogan de su partido –España en serio-, puesto que mientras Pedro hablaba, ella se sonreía. El recurso “déjame hablar que yo no te he interrumpido”, ha sobrado en más de una ocasión. Por mucho que se ruja, si no se es león o leona, de poco sirve.

En general, ha habido un gran ímpetu por parte de Sánchez, Iglesias y Rivera de desbancar los argumentos del PP, criticar las decisiones del Gobierno y mostrar las propuestas de sus partidos como valor diferencial. Soraya ha sabido jugar bien las cartas de los marcos mentales: crisis versus recuperación, desempleo versus empleo. Algo que también ha empleado Rivera en el minuto final: ilusión versus miedo, esperanza versus resignación. Y algo que también sabe utilizar bien Iglesias: los de abajo frente a los de arriba.

Rivera ha pretendido salir reforzado apoyándose de las encuestas que nos desayunamos cada día, pero veremos si google no le juega una mala pasada. Y llama la atención cuando etiqueta a sus contrincantes con la “vieja política” y la “vieja izquierda”. Lo cierto es que cuando uno quiere gobernar, gobierna para todos, le voten o no le voten. Y la gente que vota izquierda, que se identifica con PSOE, Podemos, IU… no reconoce en absoluto que su dignidad o sus derechos hayan quedado viejos u obsoletos. Ojo con eso.

Pedro Sánchez ha querido desmarcarse con las propuestas de su programa, e Iglesias ha estado bien cuando, en vez de pactos, ha hablado de acuerdos. Y, por mucha responsabilidad compartida que nos muestre Soraya entre el presidente y su equipo, lo cierto es que ha pintado una realidad que pocos españoles sienten. Algo que ha quedado claro en todos a lo largo del debate, es que les ha faltado exponer la suficiente narrativa como para construir el imaginario de las frases que protagonizan sus carteles electorales.

El minuto final de Pedro Sánchez ha estado protagonizado por el concepto de “cadena de solidaridad” construida, que ha sido la que se ha vivido muchos años en España, y por el “cambio”, con el objetivo de desbancar a la derecha. Llama al voto útil para traer el cambio a España, para que Rajoy no siga con un plan que todo conocen. Soraya apela a la España de 2020 mostrando el camino que cree correcto. Pero… lamentablemente, muestra una España que no se siente, o que pocos viven. Albert Rivera habla de esperanza e ilusión con el objetivo de llamar la atención de aquel voto descontento con el PSOE -sí, también- pero sobre todo descontento con el PP y nada representado por la era Mariano. E Iglesias ha protagonizado un minuto final emotivo y ajustado a la realidad con la que se levanta la gente cada mañana. Ha pedido a la audiencia dos cosas claras y fáciles de recordar: que no olviden –la corrupción, principalmente-, y que sonrían –al 15M y a la gente que se moviliza pidiendo justicia-.

Este debate, dicen decisivo, no lo ha sido. Los protagonistas siguen siendo ese más del 40% de indecisos de las encuestas que tanto se han mencionado. A estos se les ha llamado a votar aunque no hayan sido nombrados. En la era de la política móvil, el discurso social puede que sea el que más influencia tenga. Las opiniones se mueven constantemente a través de varios formatos y canales. Fluyen. Más aún con tanta oferta electoral donde los cambios estructurales muestran los cambios a los que se está dispuesto a llegar. Y no hay debate decisivo cuando el electorado es móvil. Más móvil que nunca.

DIARIO DE CAMPAÑA

0

POSTS ANTERIORESPágina 34 de 222POSTS SIGUIENTES