De Cerca

El voto del que todos se acuerdan pero que todos abandonan

Diario de campaña. Día 6: Los votantes en el exterior

Publicado en BEZ el 9 de Diciembre de 2015

Una trabajadora hace entrega de los votos recibidos por correo en las pasadas elecciones. EP

Una trabajadora hace entrega de los votos recibidos por correo en las pasadas elecciones. EP

Empezar con un suspiro el día mientras cierras la puerta de una casa que no es la tuya. Bajar por un ascensor, en el mejor de los casos, con gente desconocida de lugares que quizás no hayas oído hablar jamás. Salir a la calle y, a pesar del tiempo, respiras un aire que aún no sientes familiar. Cada paso que se da por la avenida es un paso más hacia un lugar que probablemente no has escogido, y que tampoco te hace feliz, pero que te vendieron como la gran oportunidad. Y probablemente escuches un idioma que tampoco es el tuyo pero que en el fondo no desconoces porque no te queda opción para sobrevivir. Y, mucho cuidado porque, enfermarse lo prohíben las madres como orden soberana.

La soledad de los fines de semana atormenta la cordura. Y a veces no se tienen más fuerzas para continuar. Lo único que mantiene vivo el espíritu es el afán por creer que mañana será mejor, o que un mañana será posible, el mañana con el que crees haber soñado algún día. La esperanza. Bendita ilusión la de los 1,8 millones de españoles que están fuera del país. Hay muchos que eligen irse de España para crecer, porque les espera un reto más atractivo para sus carreras profesionales. Pero hay otros que no tienen elección. Se marcha con más inseguridades que miedos. Con más miedos que deseos. Con más deseos que protección o realidades posibles. Pasear se convierte en una pesadilla al tener que estar dialogando contigo mismo haciéndote pregunta cuyas respuestas sabes pero no quieres ni recordar. La situación económica y política en España no ha dado margen para aprovechar el talento de sus ciudadanos. Y ahora, son sus ciudadanos los que pagan las consecuencias.

Es el voto abandonado. Abandonados porque todos los candidatos en los distintos espacios públicos hablan de los jóvenes que se tienen que marchar fuera de España para buscar oportunidades. Pero, ¿saben quiénes son? ¿Conocen sus nombres? ¿Saben qué piensan sus familias? ¿Reconocen quiénes son los que sufren, por qué sufren, por quiénes sufren? ¿Saben si merece la pena que sufran? ¿Saben lo que dejan atrás? ¿Saben en qué momento dejaron de soñar? ¿Les han preguntado si merece la pena? Es el voto abandonado, del que todos se acuerdan, pero al que nadie atiende. El voto del que todos se acuerdan pero todos abandonan.

Muchos emigrantes no podrán votar en estas elecciones del 20 de diciembre. Por mucha información que diga el Gobierno que comparte para seguir el proceso, la burocracia es una pesadilla. No hay información efectiva. Tampoco tratamiento especial. La viralidad es espontánea y parte de la gente. ¿Y saben cuál es el proceso? El primer paso es la inscripción en el consulado o la embajada. Por cierto, ¡no te alegrarás tanto en tu vida de ver a un Guardia Civil que cuando te lo encuentras en el consulado! Y no se hace todo en la primera cita, sencillamente porque siempre hay algún documento que falta o algún documento impreso que es exactamente el que se imprime desde la web pero no necesariamente el que ellos solicitan. Por este motivo, toca pedir el favor a tu jefe o jefa –a riesgo de perder tu trabajo y por el que te marchaste de España, recuerda- para volver en más de una ocasión a cerrar el trámite.

Al llegar a primera hora al edificio, las colas son interminables y las esperas de 6 de horas de media, al menos es la experiencia en países de Latinoamérica. Después hay que solicitar el voto y nuevo papel que rellenar, pero… ¡ojo con las fechas para llegar a tiempo! Emigrante, si estás pensando en votar, ya no puedes hacerlo: el plazo para solicitar el voto era hasta el 21 de noviembre. A esto se le llama voto rogado. Un voto rogado que nunca debió serlo. Si tanto mencionan a los emigrantes en las entrevistas y debates en campaña electoral para proyectar una sensibilidad especial acompañada de emociones que bañen directamente a esos familiares y amigos de aquellos a los que se añora, si tanto mencionan a los jóvenes que tienen títulos académicos como para subastar, empiecen por contar con ellos. No seamos hipócritas. La democracia no premia la ignorancia, tampoco los intereses. Y la venganza se sirve fría. Voto rogado, sí, curioso nombre cuando ahora son los candidatos los que nos ruegan el voto a nosotros.

¿Y cuando llegan las papeletas a casa? -Le preguntas al tipo que hay detrás de la ventanilla en el consulado-. Te mira, y se echa a reír. –¡En muchos casos nunca llegan! Y, efectivamente, no llegan. ¿Creen que muchas personas insistirán tanto en demandar o rogar su voto? ¿Creen que aguantan tanto trámite? ¿Creen que harán cola con antelación para entrar a la institución pública a primera hora de la mañana, cogerán número y esperarán horas su turno? Si ya es difícil movilizar el voto en España cuando se tiene cerca la oportunidad, imagínense cuando no se tiene o parece que se niega.

Y a los abandonados… ¿quién los rescata? Ellos mismos. Nosotros mismos. Ya hay colectivos, como el caso de Marea Granate que nació con el objetivo de “luchar contra las causas y quienes han provocado la crisis económica y social” que obliga a emigrar. Son una extensión, dicen, de movimientos sociales aparecidos en España en los últimos años. Cada vez hay más emigrantes exteriores en España y el 95% de esos emigrantes se quedarán sin votar el próximo 20 de diciembre, parece. Pero… ¿saben? Ellos tienen familiares, amigos, compañeros… que sí irán a votar. No habrá votos emigrantes, pero sus voces tienen el poder de cruzar océanos. E aquí el poder de la comunicación. Y de la influencia.

*Nota: al igual que se expone la crítica constructiva, también hay que mostrar las buenas noticias. Esta que escribe puede considerarse dentro del 5% que podrá votar fuera de España en estas elecciones con la esperanza siempre de que llegue a su destino. 

DIARIO DE CAMPAÑA