- O. Oportuno: Obama fue oportuno es muchos aspectos, sobre todo en las respuestas donde tenía claras oportunidades. Romney también, pero menos. El Presidente tuvo cintura al gesticular, al dirigirse, al mirar y al interactuar con la audiencia. Y un reloj en la mano izquierda, la que usa, la que marca el ritmo, la que dirige, dando protagonismo a un elemento fundamental: el tiempo.
- B. Bilateral: Fue un duelo, un debate en un formato especial con 80 preguntas del público. Sin embargo, el candidato republicano no pareció haberlo entendido bien. Hasta tres veces tuvo que ser interrumpido por la moderadora. Obama no sólo fue bilateral, no sólo sabía los frentes que tenía que cubrir con su mensaje, sino que pareció comprenderlo y sentirse cómodo. Como apunta el asesor Xavier Peytibi, a Romney también le cabe una «B» para este debate: Barítono.
- A. Activo: Así es. Obama fue más activo. Le gusta hablar y andar. Andar y comunicar. Comunicar y mirar. Aunque el tema le perturbe, como el caso del terrorismo y del embajador asesinado, o como el tema le sea complicado, como el extenso argumento sobre la energía.
- M. Mayor: Mayor no en términos de altura, sino de compostura. Obama estuvo más crecido, aunque más serio. Dominaba mejor el duelo y se encontraba más seguro en el espacio que Romney. Romney no estuvo mayor, ni tan acertado. Obama cuando quería hablar, se levantaba y se dirigía al público. Romney caminaba como si la entrepierna la tuviera escocida, como si hubiese algo que le incomodara, ¿las rayas de la corbata quizás?. Aunque para términos mayores, el país que fue protagonista: China. Esta vez no fue España. ¿El electorado clave? El femenino. ¿Los votantes olvidados? Los hispanos.
- A. Argumentativo: A Obama no se le olvidó mencionar a nadie de la familia, casi. Su abuela, sus hijas... Y en el remate, su abuelo. Empleó ejemplos y acudió al recurso del storytelling una y otra vez. Deja constancia de la desenvoltura en el argumento cuando se trata de responder, contestar o simplemente proyectar una idea. Romney fue más técnico en este sentido y dio algunos golpes duros cuando criticó su labor como Presidente actual en términos de empleo, política energética o defensa. Obama no se dejó llevar: si Romney lo atacó a él, él ataco a Bush.
ESTA es la historia de una mujer rural, como muchas otras…Y hoy quiero rendirle especial homenaje, aunque ya haya escrito de ella alguna vez…Nieves nació en Hinojosas de Calatrava, un pueblecito, aseguro, de menos de 500 habitantes en lo más profundo de los pastos manchegos. La pequeña de seis hermanos, creció y vivió al abrigo de unos padres y en una posguerra que parecía no acabarse nunca… -Mamá, ¿qué le hizo ser a la abuelita María cocinera? – Le pregunté un día. Ella respondió, – el hambre. A los 15 años Nieves perdió a ese padre que no lo mató ni la guerra ni Franco, sino la mina tras años y años de trabajo. Se casó pronto y eso le cambiaría la vida por completo… Esta mujer rural, que aprendió un oficio con su madre desde la cuna en un pueblecito de La Mancha, se convirtió en la primera conductora de autobuses de la provincia de Ciudad Real. Apuesto que de Castilla – La Mancha también, pero esta segunda valoración no es certera, sino fruto de la intuición y del amor que siento por ella. Nieves decidió que debía ayudar a su marido, coger el volante como él, acompañarlo en la lucha de dar de comer y criar a las cuatro hijas que nacieron de ese matrimonio prematuro. A día de hoy puedo decir que no sólo ha criado a sus hijas y a sus nietos, sino a las decenas de niños que ha llevado al colegio en su autobús. No ha consentido que niños, hijos de padres rurales y con escasas posibilidades, fueran a la escuela en pleno invierno sin una chaqueta o sin una bufanda. – Hija, tú estudia mucho, que no te podemos dar otra cosa-. Eso me ha dicho durante mucho tiempo… Por eso lloró cuando pisó la Carlos III por primera vez y por eso lloró cuando pisó también la Universidad de Navarra. Porque no podía darme otra cosa, decía. Nunca creyó que de padres rurales y trabajadores hubiese podido salir una hija al menos con formación universitaria… Y eso lo consiguieron ellos porque creyeron y a sus hijas las hicieron creer que era posible. Esta mujer de carácter, de mucho carácter, de campo y tabaco, crítica con la política del ayer, del hoy y del mañana, conductora de autobuses, madre, abuela, cocinera, ama de casa, costurera… ha vivido la muerte de unos padres, de un yerno, de un nieto y el accidente de un marido que pudo costarle la vida. En su mirada se percibe su fuerza, pero también su sufrimiento. Porque somos los demás quiénes nos agarramos a ella pensando que su fuerza será eterna. Nos agarramos a ella sabiendo que en sus palabras siempre estarán las palabras idóneas y las respuestas a nuestros problemas, aunque después no le hagamos mucho caso… Cuando llega ella, llega la calma. –Anda, ¡si luego no me queréis nada!-, nos dice una y otra vez. Pero sabe que no es cierto. Sabe que llega la calma con ella, por eso llega para darnos esa calma. Sabe que esas hijas están pendientes de ese debilitamiento, de esos escalones que sube cada vez con más torpeza, de esas arruguitas que el paso de los años va marcando. Porque en esas arruguitas están también los kilómetros recorridos con su autobús, con su marido, con sus hijas y con sus nietos. Y en lo más profundo de su corazón, ella sabe que aún le quedan muchos kilómetros por recorrer, muchas migas que cocinar y muchos gazpachos que batir, muchos chistes que sonreír, muchos libros por leer, muchas flores que plantar, muchas mantelerías que pintar y algún que otro nieto por alimentar. Por eso vive. Y por eso nos hace vivir a los demás.
Publicado en el Blog de El País, Mujeres (11 de octubre de 2012)
Independientemente de su forma de pensar, de su juicio, y de su ideología, Margaret Thatchercambió el rumbo de la historia de las mujeres en la política. La Dama de Hierro, así la llamaban por su fuerte oposición a la Unión Soviética. Una mujer que ha sido protagonista en decenas de libros y protagonista también de la película bajo la dirección de Phyllida Lloyd y bajo la destacadísima interpretación de la mejor Meryl Streep.
La Thatcher era ambiciosa, mucho. Y sus reiterados errores la llevaron hacia la más absoluta soledad, el cáncer de un líder. Pero allá por el 20 de septiembre de 1988, en la ciudad de Brujas, pronunció unas palabras en relación a Europa. Una Europa que no era esta, la que debate acerca de un supuesto rescate total a España. Una Europa que no sólo era Alemania, y ni mucho menos Merkel.
“Los británicos somos herederos del legado de la cultura europea como cualquier otra nación”
Las palabras que más repitió la primera ministra en ese discurso fueron Europa, comunidad y libertad. También habló de justicia, de contribución y de cooperación. Palabras que hoy podríamos oír de boca de nuestros líderes una y otra vez sin creerlas. A pesar de la dura crisis económica que estamos atravesando. Sin embargo, aunque escuchemos de manera repetida esas palabras, ya han nacido sentimientos negativos en lo más profundo del ser de un ciudadano: desconcierto y desconfianza.
“No deberíamos olvidar que los valores europeos han ayudado a hacer de Estados Unidos un valiente defensor de la libertad como ellos la obtuvieron” ¿Lo hemos olvidado ya?
Quizás, como también se ha olvidado que… “la Comunidad Europea pertenece a todos sus miembros”.
Gran Bretaña siempre ha andado sola en este camino, a su manera, al margen, o quizás al lado del río sin mojarse demasiado. Querían marcar la diferencia. Y Thatcher ya lo avisó:“Nuestro destino es Europa, como parte de la Comunidad. Pero esto no significa que nuestro futuro esté sólo en Europa”.
Fue una mujer quien lo dijo, a pesar de que luchaba por intereses propios con absoluto liderazgo. Pero fue ella quién advirtió del verdadero compromiso de esta unión. Una unión que hoy anda a la deriva esperando la voz más fuerte, no la de todos en plena coordinación: “Soy la primera en decir que uno de los grandes retos de Europa debería ser hablar con una sola voz”.