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LA era del cambio se tiñe de luto, sí. En esta crisis ha muerto el ánimo de los más de 47 millones de españoles… Y quizás, por este motivo, no es casualidad que la estrategia de las políticas de nuestro país al escoger la ropa coincidan.  El nuevo estilo de las mujeres y líderes de nuestro país es oscuro…

  • Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta, ministra de la Presidencia y portavoz del actual Gobierno popular escogió el color negro para jurar su cargo. No iba a ningún entierro. Pero para ser el día más importante de su carrera hasta la fecha, no escogió tonos que iluminasen su felicidad. Escogió tonos que pronunciasen su profesionalidad. Ahora bien, quizás no quería ilusionar a los españoles, sino hacerles saber que el futuro más cercano, aún con el nuevo Gobierno del PP, seguiría siendo negro, muy negro.
  • Ana Botella, la nueva y primera alcaldesa de Madrid, el día que tomó posesión, también anunció, con el color más oscuro a los madrileños, que ella era la líder del Ayuntamiento de la capital con un futuro inmediato también muy negro. En el momento en el que más esperanzas necesita los ciudadanos de Madrid, se descartan tonos más esperanzadores. Quizás la mujer del ex presidente español quiera dejarle los tonos más ¿alegres? a la presidenta la Comunidad, Esperanza Aguirre.
  • La ex ministra de Defensa, Carme Chacón, también vistió de negro el día que le cedió la cartera al nuevo ministro, Pedro Morenés. Para ella era un día de luto, sí, porque cedía el cargo que le ha dado poderío y valor en su carrera política. Sin embargo, es un color que impera debido a la responsabilidad que ostentaba y que representa respeto frente a los militares que han caído mientras estaba al frente. Por lo tanto, la pregunta sería… pero, ¿era un día de luto para los españoles más cercanos a este Ministerio? La respuesta es clara…
  • Y, por último, Trinidad Jiménez, la política de Zapatero que ha pasado por dos Ministerios también ganando puestos en el ranking de valoración: Sanidad y Exteriores. Jiménez eligió el negro para la cesión de su cartera al popular José Manuel García Margallo. Para ella también fue un día de luto al perder su cargo, Ministerio que la ha hecho madurar y crecer como política. Negro, por la responsabilidad también que ostentaba. Pero quizás escogió mal la estrategia sobre el día en el que debía llevarlo…

Sea casualidad o no, nuestras mujeres y políticas están de luto como el país que han gobernado unos y que ahora gobiernan otros.

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LA misma Nochebuena, recibí una carta de una compañera, una de las muchas con las que he convivido estos últimos meses en Londres. Ella es una líder y es mujer: salió de España hace 3 años buscando su sueño en Londres y ochos meses después de llegar allí lo consiguió. Pero la pasada Nochebuena se desahogó enviandome una carta desde Vigo, su ciudad natal y donde está compartiendo con su familia estos días navideños. Me causó sensación y tristeza, pero a la vez ganas de cambiar este momento en el que nos ha tocado vivir… Con su permiso, la comparto con todos vosotros porque confío en el dicho de que… “la unión hace la fuerza…”. Mi respuesta fue: Rocío, contagiemos sonrisas

 

Paloma,

Hoy me he dado cuenta de que esto parece Sarajevo en época de guerra. Veo a la gente envejecida, amargada, solo hablando de penurias y desgracias. Es la primera vez que vengo a España y veo ese espíritu de crisis. Tengo la sensación de que a fuerza de repetirselo, de escucharlo en voces de otros, de verlo en la TV… Al final se lo han creído, lo viven, lo puedo palpar.

Me da pena esto. Veo todo más viejo, pero no más antigüo. Desgastados. Apagados. Con los mismos temas de conversación. Y me pregunto si esto sucede en Londres y tal vez soy yo quién no lo percibe.

Se supone que en estas fechas la gente tendría que estar más alegre, y envidio el humor de los ingleses para celebrarlo, no como aqui. No sé si en la Mancha pasa, pero en Galicia está esto ¡chof!

La gente sin trabajar, y no entiendo si por que realmente no hay trabajo o si por que no lo quieren. El salir de Vigo me ha afectado.

Anyway, me voy a cenar y espero despertarme con mas optimismo.

 

Rocío Caramés

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LLEVABA mucho tiempo con ganas de escribir este post… Y los motivos que han hecho brotar las palabras que vais a leer a continuación han sido las primeras 48 horas que he pasado en este país desde que volví de Inglaterra. A pesar de que marché en agosto y he venido de manera intermitente a España para colaborar haciendo lo que amo y así aprovechar las escasas oportunidades que van surgiendo aunque sean dos semanas, lo cierto es que de colaborar de manera intermitente no se come… Por mucho que se trabaje y por mucho que se colabore. En primer lugar porque no es un salario que de una estabilidad. Y en segundo lugar porque el 80% de las colaboraciones son gratuitas: dan experiencia, dan visibilidad, pero no dinero, ese es el trato.

La formación a muchos nos ha costado demasiado no sólo en términos económicos, sino mucho mucho esfuerzo dejando atrás a personas que adoras y que son tu vida. Arriesgamos el estar lejos de nuestras familias y de nuestros amigos, y tristemente también arriesgamos nuestra vida personal. Muchos años de estudios para conseguir las mejores notas y tardar el menos tiempo posible porque tus padres son ya mayores y el tiempo corre en tu contra. Muchos años trabajando al mismo tiempo incluso combinando becas y trabajando de madrugada mientras estás en clase todo el día… Exámenes para pasar al Máster de tus sueños… Retos y más retos porque piensas que tras ellos está tu futuro… Esperas y esperas… Y tras esa espera llega el momento de decidir y de preguntarte, ¿qué sigo haciendo aquí?

En Londres he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas. Muchas. Pero me quedo con el sector femenino, mi área, mi especialización y mi motivo también. Cientos de mujeres que marchan de sus países persiguiendo sus sueños, malcomiendo y como decía Montse Veloso, rubia gallega y soñadora, “contando las monedas para ver si puedes tomarte un café”. Pero contamos las monedas también incluso para saber si nos llega para lavar la ropa…

En todas las partes del mundo podemos encontrar a miles de españoles que huyen de su país por carecer de oportunidades. Un país rico en capital humano, rico en vida, cultura y materia prima, rico en sectores y en gente. Pero que se está hundiendo con esta crisis económica. El capital humano se va de España, sí el mejor. La generación más preparada pero también la más humillada. Ya no somos una oportunidad para las empresas españolas sino una amenaza continua porque pueden pensar, aquellos que nos entrevistan, que vamos a quitarles el puesto… ¿Dónde vamos con algo más de 20 años, dos carreras, másteres, pensamiento de doctorado y más de 5 años de experiencia? Además de a la cola del INEM, nos vamos de España.

El nuevo Gobierno, o quién esté por la labor si se desea con saña, debería replantear una estrategia para volver a recuperar a todos los que estamos pensando en marchar de nuevo en este año 2012. Las estadísticas no muestran con acierto cuántos jóvenes y cuántas familias están probando suerte en otros países. Tampoco cuántas mujeres, aquellas que si encuentran su lugar en otro país acabarán por tener a su familia allá, la próxima población activa, como ocurrió en la época de vacas flacas cuando nos convertimos en emigrantes hacia Latinoamérica. En nuestra época no hay ya ni vacas, por eso vamos a buscarlas a otros lugares aún sabiendo que nos enfrentamos a otro idioma, tenemos que vivir en casas que no son la nuestra, convivimos con personas que no conocemos, y nos intentamos tapar las manos por el frío, sí, esas que nos llevamos: una delante y otra detrás. 

Tal y como aparece en el reportaje de El País, “quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país». Me quedo con la última parte: la ceguera de nuestro país. Así es, exiliados. Nunca olvidaré el llanto de una ingeniera en España pero ayudante de chef en Londres al llegar a casa. No olvidaré nunca las lágrimas de una diseñadora y modelo con marca propia en España, pero cuidadora de un niño en Londres cuando la echaron porque los padres decidieron llevar al niño a un colegio. Nunca olvidaré las palabras lacrimosas de una trabajadora social afirmando día tras día con tristeza “este no es nuestro lugar…” Nunca olvidaré el rostro amargo de ninguna mujer que he conocido y que hoy sigue luchando por sus sueños lejos de sus casas, lejos de sus familias y de sus parejas olvidándose de cómo un día vivieron… Pero si hay algo de lo que no se olvidan es de quiénes son y de cuáles son sus sueños…

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