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Entre el aroma de un café de tarde, cerca del Congreso de los Diputados y en pleno en invierno en Madrid, alguien me preguntó por qué quería escribir un libro sobre la campaña electoral de un perdedor. Supongo que todo el mundo hace cosas porque un motivo los empuja. Y el motivo que me empujaba a mí, como periodista, no era otro que el recomponer las piezas de un rompecabezas que me parecía inconcluso. Contar y describirle a la gente la campaña electoral más difícil de la historia socialista, y ofrecer las respuestas que en su día, posiblemente, no se dieron. El desafío no era nada fácil. Pero, simplemente, me parecía justo hacerlo. Nada  más. Puede que la respuesta entre sorbos de café́ sonara utópica, quizás como cada comentario que hago generalmente sobre política, pero era la verdad. No había más motivo que ese. Y creo que esa persona supo comprenderme.

ESTAS son las primeras palabras con las que comienza el libro Se llamaba Alfredo… Y con esta cita arranqué la presentación de Argamasilla de Calatrava.  Porque… Esa persona que supo comprenderme no era otra que Paco Seoane. Y era imposible que no estuviera en la última presentación de este libro.

PACO, cuéntanos- le dije. Y Paco contó muchas cosas con su acento gallego y la humildad y la serenidad que lo caracteriza, pero también con esa sabiduría que lo envuelve. Habló de la campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba, catalogada por él mismo como “aburrida” en sí misma, y habló de los elementos que más impacto tuvieron en esa campaña, como la reforma de la Constitución. Fue docente, explicativo, práctico, y me consta que enamoró al público por su sencillez, porque lo complejo lo hace sencillo. Él es así. Pero además de resaltar las palabras que Paco le dedicó a los vecinos de este pueblo manchego, me quedo con ellos mismos, con los propios vecinos.

Y me quedo con ellos porque, a pesar de que a priori iba a ser una presentación sencilla de poco más de una ahora, al final se alargó hasta las dos horas y pico, sencillamente porque los paisanos tenían muchas inquietudes acerca de lo que ocurrió y acerca de lo que está ocurriendo. Querían encontrar respuestas en nosotros, saciar su inquietud. Detrás de una pregunta iba otra y, detrás de otra, otra más… Este libro nació para dar una respuesta a la sociedad de un momento de nuestra historia. Pero poco a poco, a medida que los vecinos iban preguntando más el pasado sábado, me iba dando cuenta de que hay muchas preguntas sin responder y que el trabajo no ha hecho más que empezar para aquellos que tenemos como forma de vida la palabra. La gente, aunque sea de un pequeño pueblo de La Mancha, pregunta sobre las primarias ciudadanas, sobre la reforma de la Constitución, sobre por qué Rubalcaba y no Alfredo, sobre las campañas electorales a nivel local, sobre las encuestas, sobre la Ley de Partidos y la Ley Electoral… Sobre muchas cosas que deben responderse encima de la mesa y no irlas acumulando en un cajón.

LA sociedad tiene inquietudes, quiere conocer la información que se les omite, quiere participar… Desde el más pequeño, hasta el más mayor. Es una obviedad. Y me quedo con ellos, con sus preguntas, con su participación, con su implicación.

Y en este cierre de año, me quedo con todas las personas con las que he hablado de este libro, me quedo con todo lo que he aprendido de ellos. Me quedo con todas las personas que me han regalado un ratito de sus vidas para reconstruir la campaña más difícil de la historia socialista. Me quedo con todas las personas que han confiado en mí. Me quedo con mi familia, con su apoyo y su comprensión, con las personas que me rodean y me dan el calor necesario para continuar. Me quedo con los sueños cumplidos y los que quedan por cumplir…

GRACIAS…

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LA tarde del pasado viernes, 22 de noviembre, fue una tarde estupenda donde pude reconstruir con los alumnos del Máster de Comunicación Política y Corporativa (MCPC) de la Universidad de Navarra la derrota electoral inevitable, la peor derrota electoral de la historia socialista, desde el pedestal de la comunicación política.  La tarea no era nada fácil. Pero paso a paso fuimos desgranando la estrategia, las claves del contexto político y social que llevaron al PSOE a diseñar una campaña como la que se diseñó y que llevaron a emitir a Alfredo Pérez Rubalcaba un discurso como el que emitió el pasado 9 de julio de 2011. A pesar, como preguntaban ellos, de no haber una mínima esperanza de ganar las elecciones. Sus inquietudes eran enormes. Y subrayo que de las inquietudes, de las reflexiones y de las preguntas se extrae el mayor aprendizaje posible. 

A medida que íbamos avanzando en los elementos de esa campaña de principio a fin, y que cuento de manera exhaustiva en este libro, se iban abriendo los debates… Debates que podríamos haber continuado tranquilamente sin minutero en el reloj. Entre ellos, sobre los porcentajes que salen en los titulares de los medios de comunicación inmediatamente el día después del debate electoral y por qué considero que esos porcentajes no son la esencia imprescindible que marque el ritmo de la noticia porque… ¿qué es noticia? ¿qué es los más responsable como medio de comunicación tras un debate electoral? ¿qué es lo que esperan los ciudadanos de esa noche?  Otro tema que se abrió fue acerca del lema de campaña “Pelea por lo que quieres” y la campaña de publicidad que echó por tierra Elena Valenciano con aquel “Hagamos que suceda” porque, según ella, pelear por lo que querían era lo que estaban haciendo cada día en aquella campaña electoral. Un mensaje negativo decían los compañeros del Máster… ¿necesario? También se intentó responder al por qué es más conveniente, quizás, que en los perfiles de los candidatos que se especifiquen las personas que llevan dicho perfil en el caso de que el candidato no lo gestione únicamente… En esta campaña electoral, sobre todo, cuando ni Mariano Rajoy ni Alfredo Pérez Rubalcaba tenían posicionamiento en la red ni credibilidad en ella para afrontar tamaña campaña. Un tema más surgió a raíz del porcentaje de engagement en Facebook y sobre la relación entre el número de seguidores frente al número de seguidores a los que le interesa lo que se publica. En este sentido, les traslado este artículo del momento y además les recomiendo que sigan a Mari Luz Congosto y a David Álvarez.

MUCHAS fueron las inquietudes, muchos los comentarios y muchas las cuestiones que se abrieron en relación a esa campaña electoral heroica, como dijo Teodoro León Gross en la presentación de Málaga, donde el objetivo nunca estuvo en cambiar ningún voto, ni en mover a los indecisos, sino sencilla y llanamente a conectar con su propia militancia y con su propio electorado, el que sí votó en el 2008 y el que decidió muchos meses antes de las elecciones de 2011 que no iría a votarles aunque no supieran a quiénes fueran a votar. Más 4 de millones de votos se centrifugaron en esas elecciones. Y mucha ilusión me hizo contarles todo esto a alumnos y compañeros que estaban sentados donde un día yo lo estuve no hace mucho. Y se lo estaba contando a aquellos que también, no dentro de mucho, diseñarán campañas electorales, a quienes, desde mi humildad, tendrán que aprender más de las derrotas que de las victorias. Imaginaos el reto…

PERO es cierto que me faltó tiempo el pasado viernes en esa charla-coloquio para compartirles algo que me parece importante resaltar en el hoy. Y aprovecho este pequeño espacio para que las palabras no se queden en el olvido deseando con toda ilusión que esto que les cuento les sirva de algo. El escritor Ambroise Bierce dijo un día que para que los sueños se hagan realidad, había que estar despiertos. Soy consciente –creo, porque un día también lo sentí- de que los alumnos del MCPC sueñan con salir de ese Máster con una mochila lo suficientemente cargada como para afrontar los retos profesionales y personales del mañana. Tienen ilusiones, esperanzas, compromisos consigo mismos y con lo que se les viene. Mi consejo es sencillo… Mi consejo es que gestionen muy bien las expectativas. Mi consejo es que un “título” únicamente no aporta la suficiente diferenciación si se trata de conseguir un trabajo o si se trata de conseguir aquello que cada uno desee. Pero por el contrario, cada uno, consigo mismo, con sus valores, con sus sueños, con las personas que le rodean –familiares y amigos, pareja…- y con sus actitudes va marcando, pasito a pasito, ese camino que le llevará a conseguir todo aquello que se proponga. La formación que cada uno elija, o en el caso de este Máster en concreto, sus contenidos, la formación, la academia, las relaciones… son un instrumento. No es el fin único. Pero sí es un grandísimo instrumento para aquellos que tienen la gran suerte y la grandísima oportunidad de poder estudiarlo, de poder participar en él, de poder ser parte de él, de poder aprovecharlo, de poder aprender de él… Un instrumento. El fin está en vosotros mismos y en todo lo que os envuelve, en cada estudiante. El fin está en vosotros mismos, en la paciencia, en la perseverancia, en los sueños de cada uno y en el no rendirse nunca para hacerlos realidad. El reto está en saber escuchar a los demás y, ante todo, aprender a escucharse a sí mismos…

“El futuro pertenece a quiénes creen en la naturaleza de sus sueños”

Eleanor Roosevelt, la primera dama del mundo

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Este artículo es del periodista Fernando Vicente. Para su redacción en eldiario.es, entrevistó a Rafa Rubio, Jordi Rodríguez Virgili, Antoni Gutiérrez-Rubí, Isidro Escudero,  José Luis Sanchis y esta que escribe. Creo sinceramente que es una pieza necesaria en tiempos que corren donde la sociedad espera algo más allá de los simples datos que poco concuerdan con los números de su día a día. La coherencia en el discurso es un objetivo que aún está por cumplir. Y por necesario, comparto el artículo en este espacio…

 

¿Estamos ante el fin de la crisis o es sólo cálculo electoral del Gobierno y el PP?

Fernando Vicente | eldiario.es 

 

  • Si los expertos en comunicación política tienen razón, a partir de ahora no espere enterarse de las malas noticias por el Gobierno.

  • Los próximos dos años intentará que cale el mensaje de que, gracias al PP y su Gobierno, empezamos ya a salir de la crisis.

Partido Popular y Gobierno han cambiado radicalmente su estrategia de comunicación. Todos los analistas de comunicación política coinciden en señalar como punto de inflexión la rueda de prensa del Consejo de Ministros del pasado 26 de abril, en la que la vicepresidenta del Gobierno y los ministros de Economía y Hacienda lanzaron a los españoles el mensaje terrorífico y dramático de un desesperanzador futuro de desempleo y crisis económica.

Como explica el analista de comunicación política cercano al PP, Rafael Rubio, «no sé si porque alguien les da un toque, o porque se produce una percepción real del problema», el hecho es que a partir de entonces «cambian las formas de hacer de la Secretaría de Estado de Comunicación, de los ministerios y de las embajadas; empiezan a coordinarse más, a tener reuniones informales con medios de comunicación extranjeros a los que hasta entonces habían ignorado políticamente…»

Un cambio que no sólo afecta a las formas, sino también, y sobre todo, al mensaje. Apenas diez días después de aquella rueda de prensa que tan famosa se ha hecho entre los expertos, Mariano Rajoy comparece en el Congreso para pintar un panorama radicalmente distinto, y lanzar el mensaje de que las cosas están empezando a cambiar.

La hora del optimismo

Si los expertos en comunicación política tienen razón, a partir de ahora no espere enterarse de las malas noticias por el Gobierno. «Con una base más o menos real, ahora lo que toca es lanzar mensajes de optimismo», dice el director del Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra, Jordi Rodríguez Virgili.

Una ojeada a las noticias llegadas desde Bruselas estos últimos días de noviembre es buena prueba de ello. El Eurogrupo le dijo la pasada semana al ministro de Economía español, Luis de Guindos, que no le cuadran sus presupuestos, y que debe recortar otros 2.500 millones de euros más para asegurase de que no incumple el límite de déficit autorizado a España, de un 5,8% para 2014.

El Gobierno, sin embargo, responde que la hora de los recortes ha llegado a su fin: «Estamos en condiciones de decir que no habrá ajustes tan importantes como los adoptados en los últimos dos años», se atrevió a responder Mariano Rajoy ante los micrófonos de Radio Nacional. Mientras, su ministro Guindos se esforzaba por convencernos de que esos 2.500 millones no saldrán de recortar más, sino de terminar las reformas que ya están en marcha.

«Pasada media legislatura y con unas elecciones europeas próximas, seguro que la palabra reforma seguirá estando presente en el discurso, pero hay ciertas palabras como recortes o ajustes que desaparecerán», vaticina Virgili.

Isidro Cuberos, el que fuera director nacional de comunicación del PP con Javier Arenas, no cree como Virgili que las elecciones europeas del mes de mayo estén tras el radical cambio de discurso del Gobierno: «Dentro preocupan muy poco. Ocupan a la oposición, porque después pueden usar en su comunicación que le han sacado no sé cuantos puntos al PP». Pero sí coincide con su análisis de que hemos llegado al ecuador de la legislatura: «En la legislatura hay dos partes, una primera de dos años, que se cumplen ahora, y los dos siguientes que son definitivos».

Así, si hasta ahora Rajoy ha tomado decisiones que, como dice Cuberos,»le han hecho perder buen número de sus electores», durante los dos próximos años tanto el Gobierno como el PP se esforzarán por lanzar siempre noticias positivas. «Así lo veo, y también es lo que yo haría. Lo que hacen Guindos y Montoro es utilizar los datos macro, las inversiones de Bill Gates, etcétera, para lanzar el mensaje de que España empieza a ir mejor, para tratar de llevar a la gente la sensación de que empieza a funcionar».

Realidad maquillada

Rafael Rubio lo explica distinguiendo entre ‘procedimiento’ y ‘contenido’. Afirma que, a pesar de la revolución que ha supuesto Internet, la comunicación «es mucho más lenta de lo que parece. Las percepciones tienen que ir calando, hay que sembrar mucho para poder recoger después». Por lo tanto, lo importante es el cálculo político, no si el triunfalista «España vuelve» del ministro de Exteriores Margallo, el nuevo «milagro español» de Montoro, o el «ya está dando resultados» de Mariano Rajoy se apoyan en verdades objetivas.

Rubio lo resume en dos frases: «Desde el punto de vista de la comunicación, me parece correcto centrarte en las noticias positivas. Al fin y al cabo la comunicación consiste en poner el foco en aquellos aspectos que te interesan, y desviarlo de los que no; eso es el ABC de la comunicación. Que el Gobierno esté haciendo eso, me parece bien. Otra cosa, que desconozco, porque no soy experto en economía, es que sea engañoso o no».

Rubio defiende además que «la comunicación es una palanca de gestión» y que, como tal, sirve para ayudar a salir de la crisis creando un clima de optimismo positivo. Algo en lo que también cree su colega Antoni Gutiérrez-Rubí, para el que la confianza es uno de esos «poderosos intangibles» por los que también se rige la economía.

«Metáforas como brotes verdes o luz al final del túnel sitúan un horizonte positivo imprescindible para el estímulo económico. Por lo tanto es legítimo, y es más, responsable, crear una cultura de confianza», dice. Pero lo que ya no comparte es que dé igual que detrás de ello se oculte «un maquillaje de la realidad o una manipulación de los datos».

Gutiérrez-Rubí sostiene que ahora «el PP en su conjunto, y el presidente Rajoy en particular, están a la ofensiva. Hablando de lo que les interesa a ellos y no al conjunto de los ciudadanos. Una ofensiva que empezó cuando a finales de julio, con el tema Bárcenas, cambiaron de tercio y tomaron la decisión de decir sí, comparecencia, vamos a por ello. Fin de la cita«.

Demoscopia

Desde el Psoe también siguen con mucha atención el cambio de estrategia de comunicación del PP. Su explicación es, cómo no, demoscópica. Según su principal analista de comunicación, que prefiere no desvelar su nombre: «Su drama es que en las encuestas están perdiendo entre el 40 y el 50% de sus votantes de 2011. Lo que buscan desesperadamente es una reconciliación con esa gente; darles un pretexto para volver, y el único posible no es que estemos saliendo, sino que estamos sacando a España de la crisis».

Muy parecido a lo que piensa Gutiérrez-Rubí sobre el mensaje de nuevo milagro español que se lanza desde el PP: «Esa idea de España excepcional, heroica, que hace lo imposible, que resurge cuando todo el mundo la da por desahuciada… tiene un fundamento de nacionalismo español muy rentable en términos electorales. Los orgullos de las sociedades son importantes en política».

Su efecto está incluso medido. Según José Luis Sanchis, uno de los más veteranos expertos del país, que desde los años de Adolfo Suarez ha asesorado en docenas de campañas electorales, el ‘vamos a ganar’ o el ‘España va bien’ «tienen cierto soporte científico, porque les da una prima de entre un 1 y un 2%. Si a eso se añade la prima que tiene el PP en las elecciones por el tamaño de las circunscripciones, porque es más fuerte en las pequeñas que en las grandes, les coloca una prima del 2 o 3% que pueden dar la victoria».

Sin embargo, en la situación actual, dice, «es una estrategia peligrosa» porque, por mucho que desde el PP repitan una y otra vez algún dato macroeconómico que apunte a que las cosas están saliendo, la realidad es que, «en mi opinión, las cosas no están saliendo. En las próximas elecciones deberían ser muy prudentes, porque probablemente la economía no cambiará sustancialmente para entonces, y lo que está claro es que la intención de voto va a bajar de una forma importante».

Imprudencia

No es el único que advierte del riesgo de lanzarse a una campaña que luego no sea posible contrastar con la realidad. «Es imprudente; la sociedad lo nota y contamina aun más la sensación que tiene la gente de desafección política”, asegura Ángela Paloma Martín, autora del libro ‘Se llamaba Alfredo…’, que analiza la última derrota electoral del Psoe. Y, para ella, ni siquiera es útil para luchar contra la crisis: «No ayuda a crear confianza; menos, después de dos años repitiendo que el año que viene será mejor, creando una ilusión que en ningún momento es confirmada por la realidad».

El analista de comunicación de cabecera del Psoe antes citado coincide con ella: «En mi opinión pagarán un alto precio por ello; a Aznar lo echaron del Gobierno, fundamentalmente, por mentir». Tras analizar los estudios previos y posteriores a las últimas elecciones, está convencido de que buena parte de los casi once millones de votos del PP procedían de electores que castigaron la incapacidad del Gobierno Zapatero para resolver la crisis económica, «no porque el país, de repente, se volviera de derechas, o porque el PP, o Rajoy, despertaran un entusiasmo especial en los ciudadanos».

Martín, asegura que con su « realidad paralela» no van a convencer a un sociedad más informada que nunca: «Este camino sólo lleva a engordar al monstruo de la desafección política». ¿Conclusión? Por mucho que cambie el mensaje, el futuro electoral del PP posiblemente esté, en realidad, en manos de las listas del Inem.

Mientras tanto, como bien resume Virgili, el PP y su Gobierno van a ser muy optimistas, para que «vaya calando que, gracias a la acción del Gobierno, empezamos ya a salir de la crisis. Es un cálculo de tiempo». Dicho de otra manera, «en la segunda parte de los mandatos, los gobiernos procuran perdonarse los errores, evitar los excesos y hacer una gestión que sea menos dura en términos de impacto político». Palabras de Antonio Gutiérrez-Rubí con las que, seguro, comulgan todos los analistas de comunicación política.

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