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“Cuando un nuevo Gobierno estrena su periodo de mandato se acostumbra a hacer referencia a sus cien primeros días. Es una referencia a lo que llamamos días de gracia”. Así arranca el libro de Pau Canaleta100 días, 1 imagen” donde las 50 claves para mejorar esa primera percepción de cara a la ciudadanía no resultan suficientes si nos centramos en los 100 primeros días de Mariano Rajoy.

DESPUÉS de que comenzase la etapa mariana, todo han sido sorpresas. Las personas que querían ese cambio y que hablaron en las urnas el pasado día 20N, tanto votando como si no lo hicieron, han ido generando una imagen a lo largo de estos cuatro meses… Cabría hacer un análisis cualitativo de la situación para escoger la palabra adecuada e incorporarla en este texto. Pero sin duda, el sentir de la ciudadanía española era y sigue siendo de angustia.

100 días le han bastado al nuevo Ejecutivo para llevar a cabo una serie de medidas que no han gustado: la desviación presupuestaria y más impuestos, la actualización de las pensiones del 1%, la subida del IRPF, el recorte de 8.900 millones en los Ministerios, una reforma laboral inhumana… Y ahí no queda todo, porque el debate está servido con el ministro Gallardón por las reformas a la Ley del Aborto y sus declaraciones sobre “la violencia estructural contra la mujer”. Este paso que ha dado el PP en solitario le ha pasado factura cuando más poder abarcaba y cuando más seguro estaba de creer saber lo que podía hacer. Una factura territorial perdiendo las elecciones en Andalucía y Asturias; y una factura social: la huelga general más pronta de la democracia convocada tras unas elecciones.

Le Figargo dijo de nuestro ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que era una presidente “chic” al ganar en elegancia. Pero lo cierto es que Zapatero perdió la credibilidad, un detalle que lo sepultó como político. Claro ejemplo de que se puede ser elegante y perder la credibilidad. Ahora bien, los populares pasan por ser elegantes si preguntamos al ciudadano medio a pie de calle, más elegantes que los socialista y que visten mejor. No cabe duda de que el Gobierno de Mariano Rajoy ha sabido perder la credibilidad con elegancia en estos 100 días de Gobierno, donde ya se cuestiona hasta el contarle a los ciudadanos sobre cómo están las cosas (planteamiento en el artículo en El País publicado por Carlos E. Cué).

Angustia es lo que sigue existiendo entre los ciudadanos por una simple ecuación: facturas que aumentan,  precios que no paran de subir y situaciones laborales que no paran de infravalorarse. Situación insostenible, como el ánimo, que sumado a las presiones de Bruselas da como resultado la imagen de unos 100 primeros días de angustia.

Cabría subrayar una y otra vez la frase con la que Pau cierra su libro para que la imagen de la etapa mariana realmente cambie, como evocaba su lema de campaña: “Preocúpate, el fin de tu ciclo está a la vuelta de la esquina”.

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LOS humanos tenemos la rara costumbre de hablar por los codos. De hablar y hablar sin parar y sin darnos cuenta, en muchas ocasiones, de lo que decimos. Una acción que puede traer consecuencias insospechadas. Por eso no es de extrañar que los políticos padezcan el síndrome del humo. Como tampoco es de extrañar que lo padezcan cientos de compañías. Una de las consecuencias de estas últimas no es doble, sino múltiple porque por un lado están los consumidores, pero por otro los empleados o los futuros empleados. En definitiva, diferentes grupos de interés que se ven afectados por promesas y compromisos incumplidos y necesidades insatisfechas. Venden humo en vez de hechos. Algo que, sin duda, afecta a su reputación pero también a su credibilidad. Una palabra muy peligrosa si se pulsa pues cuando esta carece: sólo es cuestión de tiempo para que la pirámide caiga por su propio peso. Los clientes, los empleados y los futuros empleados son los mejores embajadores de tu discurso. No los abandones. No los hagas esperar demasiado. Y, por supuesto, no les mientas.

Con los políticos pasa exactamente lo mismo, sobre todo en campaña electoral. El cóctel de promesas y compromisos es explosivo aunque promesas y compromisos no sean la misma palabra. No las confundamos, por favor, y no las mal empleemos. Palabras y palabras que brotan sin parar con falta de credibilidad no sólo por falta de estrategia; también por el caer en el error de vender algo en el contexto que no toca y con las palabras inadecuadas. ¿Las consecuencias? Tu electorado se va, se olvida de ti. Y como ocurre en España: los políticos pasan a ser el tercer problema que más les preocupa a los españoles. ¿No es, al mismo tiempo, preocupante?

No vendas humo. Empieza a ser creíble.

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CUATRO palabras, en vez de tres. Algún castellanomanchego ya se habrá olvidado de alguno de los pilares que acaba de levantar María Dolores de Cospedal en su investidura como presidenta de Castilla – La Mancha: honestidad, transparencia, austeridad y empleo.

  • Honestidad: hace falta, siempre. En política hay que pasar de la acción al pronunciamiento de la mera palabra. Las PYMES manchegas necesitan de la honestidad política para recuperar la credibilidad, sobre todo en el sector del transporte donde empresas de otras comunidades autónomas están haciendo que las manchegas pequeñas y familiares desaparezcan.
  • Transparencia: el Gobierno regional tiene que hacer un gran esfuerzo en este sentido, y como decía una gran profesora de la Universidad de Navarra, “datos, datos y datos”. La intuición puede ser sabia, pero hay que demostrarla con hechos para que la credibilidad y la confianza no decaiga. El PP ha ganado, pero no es transparente. El silencio estrategico ayuda, pero no es suficiente: depende del cuándo y del dónde.
  • Austeridad: los populares no son el mejor ejemplo de austeridad. Cospedal tampoco. De modo que tendrán que empezar desde cero si quieren que esos recortes sean efectivos y centrar el tiro, sobre todo en el mensaje de “austeridad” si quieren  conseguir la coherencia política entre lo que dicen y lo que hacen.
  • Empleo:  de dos millones de habitantes, más de 200.000 están en desempleo. Los socialistas le piden a la popular que comunique cómo va a conseguir la creación de tal cosa. Pero la estrategia de comunicación en este caso no es suficiente. Los manchegos creerán en sus propuestas en tanto que empiecen a ser efectivas. En este pilar ya no valdrá ni se podrá confundir ni relacionar el mensaje de “Castilla – La Mancha está en quiebra”.
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