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MAREA azul no es el título de ninguna obra de teatro ni de ninguna película de ficción, aunque podría serlo. Tampoco es una obra literaria de esas que imploran respeto con sólo observarlas de lejos. Simple y llanamente es la realidad: IU decide que el PP es el partido que debe gobernar en Extremadura y José Antonio Monago su presidente. Y al decidir tal cosa, el mapa español se ha convertido en una profunda Marea azul: ¿la del cambio? ¿la de la alternativa? No, la del silencio.

Este día pasará a la historia: las bases contra un líder. A lo largo de la precampaña y campaña, el mensaje de Izquierda Unida ha sido el de la corrupción. Repetir una y otra vez en la sociedad esa enfermedad que afecta a tantos y tantos políticos, sean de la ideología que sean, y que se contagia de manera brutal e inhumana. Esa que con Gobiernos populares es más que un hecho y una evidencia y que justamente ellos han criticado en estas elecciones autonómicas y municipales.

Al mismo tiempo que empieza la Marea azul, empieza una crisis en IU: la de la credibilidad.

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TODAS las relaciones son frágiles por naturaleza. Necesitan de cuidado, mimo, dedicación, cariño, compromiso… Algunas más que otras y todas son diferentes: unas nacen por querer estar, otras por necesidad y otras… otras en contra de su voluntad porque no queda más remedio. Pero todas, absolutamente todas tienen algo en común: no funcionan si en algún momento de la relación alguien no cede. En eso se basan: en un tira y afloja constante que hay que comprender y saberlo llevar. Unas veces de manera consciente y otras inconsciente. Cuando se es más consciente de este ceder constante es cuando la relación acaba por desgastarse porque siempre va a haber una de las dos partes que no esté siempre por la labor. Y el desgaste llega a tal punto que no queda otra que el fracaso más absoluto.

La profesionalización de la consultoría política en España sufre el síndrome de la cuerda rota. La relación consultor externo – político (partido político) parece más un rollete de fin de semana que un amor pasional. Aún hoy no se es consciente de la efectividad de los servicios externos. Aún hoy no hay una credibilidad absoluta ni una confianza: principios básicos para que funcione una relación. Muchos políticos tienen a mirarse la pelusa de su ombligo como si en el mundo no existiese nada más allá del partido ni de sus palabras, esas que van a misa cada día aunque no repiquen las campanas. Mientras, el consultor externo sigue tirando de la cuerda para ganar la jugada. Pero tira sólo: delante suya no tiene al político en cuestión que tire con él para ganar, tiene a todo un partido al otro lado haciéndole contra. Algo que  le demuestra al político que el enemigo no es tu rival, sino quien está dentro de tu casa.

¿Qué ocurre? Fracaso absoluto: la cuerda termina por romperse…

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RESULTA un auténtico misterio dar un paseo por las calles de las localidades españolas para oler el ambiente a campaña electoral. Eso le comentaba la pasada semana con el consultor político César Martínez. La cosa, como dicen muchos, está muy tranquila. Los presupuestos son austeros y se ha optado por dirigir la mirada hacia las redes sociales. Es momento de ser estratégicos y de atinar en el tiro porque hacer campaña online no significa sólo estar, sino estar bien, saber dónde estar, saber escuchar y saber conversar.

El otro día le preguntaba a una candidata gallega si creía que Internet ha contribuido a que los políticos sean más transparentes. Ella no dudo un instante: dijo que sí. Contribuye, porque eso es lo que necesita la ciudadanía ante un momento muy grave de desafección política donde el ciudadano ha perdido la credibilidad y la confianza. Ahora bien, no se consigue en su totalidad. Muchos perfiles de políticos son gestionados por terceras personas y, en un alto porcentaje, estos políticos desconocen la actividad que hay detrás de la pantalla del ordenador y la intervención de la ciudadanía ante diversos temas. Este es un hueco de la comunicación online que hay que cubrir para que, efectivamente, la comunicación online haga que la política de los políticos sea más transparente contribuyendo así a no fomentar más esa desafección política. Una desafección política que no pasa por los mensajes, sino por la actitud de muchos de nuestros políticos hoy en día.

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