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EL significado de las sigilas I + D ha cambiado en los tiempos que corren. La Investigación y el Desarrollo dan paso a una nueva fórmula que ha surgido como resultado de una mala gestión del poder otorgado el nuevo Gobierno popular que entró el pasado 20N a priori con ansias de cambio, pero  en realidad eran ansias de poder. I + D significa ahora Incertidumbre y Desconfianza. E  I + D + i significan Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia. Esta es la nueva fórmula del Gobierno. Una fórmula asentada ya en la sociedad. Una incertidumbre que nos lleva a la desconfianza, y de ahí al miedo de lo que pueda suceder en un futuro. Incoherencia, que no Innovación. Y el miedo se resuelve con coraje, según el doctor Mario Alonso Puig… Pero… ¿dónde está nuestro coraje? ¿Nos han hecho perderlo?

La estrategia que ha elegido el Ejecutivo en materia de comunicación no está siendo la más adecuada, y lo saben, lo han reconocido: es totalmente Incoherente. Aún así, ellos siguen. El silencio como estrategia política tiene fecha de caducidad, tiene inicio y tiene fin. Y el fin pasa por terminar, por poner como objetivo la analfabetización ciudadana. No por ser más ignorantes vamos a ser mejores ciudadanos ante un Gobierno que oculta, que despista, que asiente y que evita.

De todo ello hablé con José Luis Sanchís y con Rafael Muñiz el pasado viernes en Diario Financiero, en la tertulia de Carlos Reus en Gestiona Radio. Y así anuncié la nueva fórmula. Aplausos y críticas se llevaron algunos ministros, pero sobre todo comentarios, pistas que deberían hacerlas suyas para ir hacia un camino donde no se olvida una parte primordial: la gente. Porque… ¿dónde está la gente en la gestión del Gobierno? ¿Y en su comunicación? Hacen oídos sordos a lo que ocurre fuera, y cometen errores de principiante al no escuchar. En esa escucha está la clave, está el secreto y el éxito de una buena estrategia de comunicación.

¿El primer paso? Empezar a reducir la fórmula I + D + i: Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia. Empezar a gobernar y a comunicar para los que la sienten y la padecen.

 

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CUATRO palabras, en vez de tres. Algún castellanomanchego ya se habrá olvidado de alguno de los pilares que acaba de levantar María Dolores de Cospedal en su investidura como presidenta de Castilla – La Mancha: honestidad, transparencia, austeridad y empleo.

  • Honestidad: hace falta, siempre. En política hay que pasar de la acción al pronunciamiento de la mera palabra. Las PYMES manchegas necesitan de la honestidad política para recuperar la credibilidad, sobre todo en el sector del transporte donde empresas de otras comunidades autónomas están haciendo que las manchegas pequeñas y familiares desaparezcan.
  • Transparencia: el Gobierno regional tiene que hacer un gran esfuerzo en este sentido, y como decía una gran profesora de la Universidad de Navarra, “datos, datos y datos”. La intuición puede ser sabia, pero hay que demostrarla con hechos para que la credibilidad y la confianza no decaiga. El PP ha ganado, pero no es transparente. El silencio estrategico ayuda, pero no es suficiente: depende del cuándo y del dónde.
  • Austeridad: los populares no son el mejor ejemplo de austeridad. Cospedal tampoco. De modo que tendrán que empezar desde cero si quieren que esos recortes sean efectivos y centrar el tiro, sobre todo en el mensaje de “austeridad” si quieren  conseguir la coherencia política entre lo que dicen y lo que hacen.
  • Empleo:  de dos millones de habitantes, más de 200.000 están en desempleo. Los socialistas le piden a la popular que comunique cómo va a conseguir la creación de tal cosa. Pero la estrategia de comunicación en este caso no es suficiente. Los manchegos creerán en sus propuestas en tanto que empiecen a ser efectivas. En este pilar ya no valdrá ni se podrá confundir ni relacionar el mensaje de “Castilla – La Mancha está en quiebra”.
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ESTA mañana, Carles Francino mencionaba, en la cadena SER, el último discurso de Obama como de filosófico más que político. Quizás la intervención en Libia sea una intervención política, sea una intervención dura y arriesgada, ardua y posiblemente en muchos sentidos incomprensible. Pero lo cierto es que ese país está viviendo una situación insostenible donde un líder no se baja de su pedestal. Y no se baja porque se siente seguro: tiene el tesoro que todos quieren. Sin embargo, en muchas ocasiones es mejor escoger la estrategia oportuna a escoger la estrategia de siempre. Es mejor dar discursos de valores, discursos filosóficos más que políticos y cargados de ideas que no llevan a ningún sitio.

Libia no es vital para Estados Unidos, como no es vital para muchos otros países. Pero Estados Unidos tiene y siente la necesidad de intervenir no sólo por cuestiones políticas. El gigante americano no ve necesario la intervención cada vez que a un país le vaya mal, pero sí lo ve pertinente siempre y cuando el rumbo de las cosas puedan cambiar significativamente. ¿Qué hay detrás de estas palabras? Puede que muchos intereses no sólo con Libia. Pero en vez de rebuscar en el infinito de las interpretaciones, lo cierto es que ese discurso filosófico coherente y realista responde no a la estrategia de siempre, sino a la oportuna.

El periodista Jon Sistiaga decía, en su libro “Ninguna guerra se parece a otra”, que la guerra de Irak fue, posiblemente, la guerra mejor contada. Una guerra que costó miles de vidas. Pero Obama descarta de nuevo una estrategia así. El liderazgo norteamericano tiene sus límites: “El liderazgo norteamericano no es cuestión de ir solos y asumir todos los riesgos. El verdadero liderazgo es crear las condiciones y las coaliciones que permitan que otros den también un paso adelante”.

Y a este respecto, quien mejor podría hablar de la filosofía para la política es Antoni Gutiérrez-Rubí en su libro “Filopolítica”.

 

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