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UNA de dos, o machetazo ministerial o estrategia “Dior” del presidente del Gobierno. O ambas, que también podría ser. Pero lo cierto es que José Luis Rodríguez Zapatero, esta vez sí, ha meditado sobre el futuro y no sólo a nivel de partido. Y lo ha hecho acercando de nuevo a Moncloa y al Parlamento a hombres fuertes de peso político: Ramón Jáuregui y Alfredo Pérez Rubalcaba. Este último tendrá mucho peso sobre sus hombros porque, además del Ministerio del Interior, le ha tocado ser la voz que emita, como antes lo hacía María Teresa Fernández de la Vega, como vicepresidente primero del Gobierno.

.- Machetazo ministerial: adiós a dos Ministerios que nacieron en un momento en el que la necesidad hacia estragos y dónde la demandante era la sociedad. Quizás un adiós no, pero sí un hasta luego tras la fusión Fomento-Vivienda, Sanidad-Igualdad.

.- Estrategia “Dior”: más peso político, mayor representatividad, giro a la izquierda con el nombramiento de Rosa Aguilar (al frente de Medio Ambiente, Rural y Marino), una persona que ha demostrado, como Alonso, que puede llegar a Moncloa sin ser militante; y traspaso de carteras con Leire Pajín, al frente de Sanidad, Trinidad Jiménez, que ocupará la cartera de Exteriores donde, seguramente, “pueda” esta vez al igual que lo hizo con Sanidad, y Valeriano Gómez a quién le ha tocado el “gordo” con Trabajo.

Parece que, esta vez, cuadran las cuentas. Y no sólo le cuadran al PSOE… Al PP, gracias a unos micrófonos no mal intencionados, se le ha escuchado decir que es “mejor Gobierno”. Ahora sólo cabe esperar porque será el futuro quien decida si esta estrategia era la adecuada…

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GANÓ Tomás Gómez para sorpresa de muchos y no pocos. Los que apoyaron a Trini se quedaron huérfanos. Pero no por ello pensando que su candidata, o esta política, ha quedado abrasada. Muchos son los factores que han podido impedir la victoria de Trini, de esa líder incuestionable: las palabras de Zapatero, Rubalcaba, Blanco… Pues, a lo largo de toda la campaña, no fue una candidata que se presentaba sola. Aunque así fuera. Y eso le ha afectado y mucho. No por su falta de liderazgo y sus activos en términos de comunicación: política: de esto le sobraba y le sobra. Además, en Twitter y Facebook, el día de las elecciones, ya la proclaman los internautas como ganadora. Insisto, por ese liderazgo incuestionable.

El candidato de las bases. El discurso y el relato de Tomás Gómez llegó antes a los militantes: el electorado, no lo olvidemos, al que había que llegar. A pesar de estar tres años en la sombra y de negarse por completo a ver la luz del sol, el candidato, aparentemente sin liderazgo, tomó las riendas.

El “Trini Puede” no pudo. Y ahora los medios de comunicación ven a Tomás como el único político que ha desbancado a Zapatero. El debate queda abierto dentro del PSOE, pues mucho esfuerzo habrá de hacer el partido para que no se abra una brecha entre el entorno madrileño de Tomás y el nacional de Zapatero. Un entorno donde se está empezando a ver diferencias ideológicas que unos niegan y otros tratan de pegarla ya con el mejor de los pegamentos.

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AYER se celebró una gran cita: el debate sobre el estado de la Nación (que hoy ha continuado). Zapatero sabía que era importante, y sabía que se la jugaba. Abordar las reformas estructurales nunca fue tarea sencilla. Y Mariano Rajoy lo tenía fácil. Sabía que lo tenía fácil ante este panorama abrumador…

En su discurso, Zapatero dijo que quería muchas cosas para su país: «prosperidad, empleo y políticas sociales» (…) «esto es un reto y, como tal, debemos interiorizarlo». Habló del criticado «Plan E», del desempleo y la reforma laboral, de las víctimas de ETA, y su homenaje a través de la unidad democrática, la estrategia de economía sostenible, la reforma del sistema financiero, de la crisis y, como no, el estatut, que tantos quebraderos de cabeza e incomodidades le está dando… Y Rajoy habló de todo esto, pero se perdió entre sus palabras lo más importante: los intereses de España. ¿Por qué? Porque a pesar de pedirle a Zapatero que «lo mejor que puede hacer es disolver el parlamento y convocar elecciones generales», en su discurso prevaleció las críticas que el PSOE y el presidente mismo le hacía, o le hacen, o le harán,  cual novia enfadada por un mal beso. Y de pronto viene el colofón de las palabras del presidente, metidas sin calzador y con cuidado: «Voy a ejercer al máximo el principio de responsabilidad» (…) «gobernar, cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste». Y ahí quedó ese final bordado a ordenador, que no a «máquina», para los titulares de prensa, radio y televisión.

Y esta mañana cambia el tono y despertamos con las palabras de Rajoy como protagonistas en casi todos los medios.  Quizás porque sean muchos los que desean esa moción porque no ven otra alternativa. Sin embargo, vemos esa foto, la de El Mundo. Que dice mucho y todo, que comunica todo y mucho. Y precisamente es El Mundo quién la saca y no en mal puesto, sino en portada. A Zapatero se le han complicado las cosas, y lo vemos guardar sus papeles con tranquilidad y parsimonia. Y a su lado aplauden, y a su alrededor también. Pero ahí está, sentado con una mueca en su rostro con el convencimiento de haber cumplido, al menos así lo piensa él. Y sentado está, como presidente del Gobierno, mientras vemos marcharse a un Rajoy ensombrecido en segundo plano. Lo vemos irse difuminado cual sombra empobrecida. Y Zapatero, sentado en su sitio, observa como se marcha ese político que borroso aparece en esa imagen.

Y es que hay momentos en los que una imagen dice más que mil palabras…


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