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Londres | 1 de septiembre de 2011

LLEVO casi tres semanas viviendo en Londres. Una ciudad que desconocía en un país que desconocía. Después de observar, escuchar y no entender nada, volver a observar y empezar a entender algo, te puedes dar cuenta de algunas cosas…

  • El liderazgo femenino: una cualidad propia de este país por costumbre, historia, tradición y reinado. La mujer en este país se defiende por doquier dominando con poderío, que no con poder aunque este también proceda en más del 90% de las situaciones. Actuación en la toma de decisiones. Representación. El liderazgo femenino a lo largo de la historia es digno de estudio ya que, de este modo, podremos entender multitud de los comportamientos en el presente de las mujeres en este país. Adiós miedos. Hola oportunidad. La mujer es una más.
  • Introducción, no invasión: en este mundo globalizado con la apertura de las políticas, mercados y movimiento ciudadano somos partícipes de encontramos a personas de otros países en nuestras ciudades (incluso marchamos nosotros de la nuestra y somos nosotros los que nos encontramos con otros). Londres es un cóctel de multiculturalidad. El londinense se mezcla hoy con personas procedentes de decenas y decenas de países diferentes. Es normal escuchar por la calle el español, el japonés, el turco… Y sin embargo, hay una cultura única a la que el resto se ha integrado con un idioma oficial que todos hablan o intentan hablar, que tanto demandan las compañías y que todos deseamos aprender a la perfección o al menos rozarla. Esta cultura de momento no se ha invadido. Algo que no ha ocurrido en otras ciudades de otros países donde perdemos la noción del tiempo y la geografía.
  • España está peor de lo que los españoles nos pensamos: este concepto puedes tomarlo después de escuchar la opinión de los analistas ingleses con respecto a la situación económica de España. ¿Nuestro país el peor? “Puede después de Grecia”. ¿Después de Grecia? Esa es la percepción que se tiene desde fuera. ¿Desde dentro es la misma? Aunque sí de caos, tan dramática como nos la pintan los ingleses, no…
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La voz dormida. De Dulce Chacón
La voz dormida. De Dulce Chacón

LA voz dormida ha estado ya mucho tiempo. Así es, mucho tiempo dormida. Eso dice Dulce Chacón. Y en pleno siglo XXI llega la hora de despertar, de resurgir y renacer. La mujer hoy es otra: ha madurado con el tiempo. Y no sólo con el tiempo, sino con las heridas del pasado, que son como un niño que aprende y crece y se levanta de nuevo a base de errores cometidos y de caer en la misma piedra una y otra vez. Pero a las mujeres nos preparan las piedras con las que caeremos. Con las que caeremos una y otra vez. Hoy es otra época: los relojes marcan otra hora y el calendario nos miente advirtiendo un siglo que parece no pertenecernos. Las mujeres ya no tragan aceite de ricino y tampoco son peladas: ahora ganan elecciones. Ahora es la hora también del liderazgo femenino. De las casas a la guerrilla, y de la guerrilla, a la cárcel o la muerte. Antes rojas, ahora lesbianas, “sociatas de mierda” o “fachas”, pero mujeres. Y mujeres políticas.

Mentiría si dijera que al leer este libro una lágrima puede advertirse en el rostro. Puede salir de su escondite para demostrar a una misma que la injusticia tiene nombre y apellidos. Miro el reloj, y el calendario, y sonrío: es otra hora y otro día. Ahora toca luchar, ahora toca ganar. De las casas a la guerrilla, y de la guerrilla a la cárcel o la muerte. No, ya no: ahora de las casas a la sociedad, y de la sociedad a la política. ¿Empezamos?


“Nuestra única obligación es sobrevivir, había dicho Hortensia en la última asamblea a la que ella asistió. Sobrevivir. Tomasa no permitirá que el dolor le aplaste contra el suelo. Sobrevivir. Locuras las precisas, había dicho Hortensia. Locura. Ronda el silencio. El silencio hace su ronda y ronda la locura. Sobrevivir. (…) Y contar la historia, para que la locura no acompañe al silencio”

La voz dormida

DULCE CHACÓN

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HE puesto alrededor de 15 marcas en este libro (quizás alguna más que se me escape) con el ánimo de no perder detalle en el relato de cada presidente contado por Mª Ángeles López de Celis, una funcionaria de carrera que ha estado entre las paredes más deseadas de aquellos que, de alguna manera, nos dedicamos también a la política.

En estas palabras descubrimos lo que cada presidente le ha suscitado y nos damos cuenta, quizás, de que a pesar de padecer el “síndrome de La Moncloa”, todos y cada uno son, ante todo, personas.

Cada palabra es importante en este libro que nos acompaña en la travesía de nuestra propia historia. Sin embargo, cada presidente ha sido diferente para nuestra sociedad como lo ha sido diferente para López de Celis… He aquí algunas citas que merecen la pena destacar…

 

Adolfo Suárez González

Cuentan que una vez el príncipe don Juan Carlos visitó Segovia y coincidió con Suárez, entonces gobernador civil de la provincia. La conversación que ambos mantuvieron derivó por tales derroteros que el príncipe llegó a interrogarle sobre su opinión respecto a lo que habría que hacer cuando se produjera la sucesión. Suárez, que lo tenía más que pensado, le entregó un papelito en el que se establecían las líneas maestras de la transición a la democracia, la devolución de la soberanía al pueblo, la elaboración de la Constitución, la amnistía y la legalización de los partidos políticos. (…) Después, cuando el Rey llamó a Suárez para comunicarle su decisión y encomendarle la Presidencia del Gobierno, en sustitución de Arias Navarro, le dijo, sacando el papelito: “es tu oportunidad”.

Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo

Luis Sánchez-Merlo, que sentía por el presidente una admiración sin límites, le decía: “Leopoldo, cada vez que sonríes en campaña perdemos veinte mil votos”… Y es que Calvo-Sotelo, al que llamaban “la esfinge”, sonreía con la seriedad de Tutankamón.

Felipe González Márquez

Felipe González no seduce, hipnotiza. Es como si uno supiera de antemano que todo cuanto salga de su boca será importante y sus silencios previos crean tanta expectación como su discurso… Y sus manos, sus manos se mueven seguras, con una suave energía que emboba al que las contempla. (…)

Pero Felipe González y sus quince Gobiernos consiguieron la gran transformación que hizo grande a nuestro país. (…) La enorme proyección mundial de España en la era González está viva en las hemerotecas y aún hoy sigue latiendo en la memoria colectiva, aunque algunos se empeñen en volver al cabeza. Ya se sabe que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

José María Aznar López

Según sus propias confesiones, el día que obtuvo la mayoría absoluta fue el día más feliz de su vida, pero tanta alegría no puede ser buena, y a partir de ahí, dejó de escuchar. En su forzado autismo, pensó que solo la suya era la verdad absoluta.

“No me arrepiento en absoluto de haber participado en la foto de las Azores, porque fue el momento histórico más importante que ha tenido España en doscientos años”. Se podría apostillar que, tal vez, el momento histórico no fue precisamente el de España…, sino el suyo.

José Luis Rodríguez Zapatero

Según dicen, el único que de verdad confiaba en sus posibilidades de victoria era él mismo, y pensaba: “Si lo de Bono, que sí que fue difícil, lo conseguí, ¿por qué no voy a ganar ahora a Rajoy?”. Estaba convencido de ello, y cuando uno cree en sí mismo y en lo que piensa, consigue transmitirlo a los demás y el mensaje traspasa dermis y epidermis y se fija en la médula espinal de quienes están expectantes y deseosos de encontrar quien les transmita el mensaje que quieren oír.

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