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EL 17 de febrero de 2009 caminaba yo junto a la persona que escribío el prólogo que en este blog se muestra. Eran alrededor de las tres de la tarde, y cruzábamos la calle Génova en dirección a Alonso Martínez. En ese mismo paso de cebra cruzaba él. Yo apenas me dí cuenta cuando la persona que me acompañaba me advirtió: «Ángela, ahí va andando la historia…»

En este tiempo que está atravesando el Partido Socialista de Madrid (PSM), donde la lucha interna por el protagonismo y el liderazgo está en boca de todos y muchos, y donde en los próximo días se juegan mucho y todo, cabe mencionar a una persona a quien los medios de comunicación también le están haciendo un hueco en su agenda: Alfonso Guerra. El pasado domingo, el periodista y escritor , Juan Cruz Ruiz escribió una entrevista en estilo indirecto a este protagonista de parte de la historia de este país. Aquí la comparto con vosotros.

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14:52 horas. En este preciso momento, Trinidad Jiménez, Ministra de Sanidad y Política Social, tiene 2562 amigos a los que “le gusta esto” en Facebook. Su homólogo en la contienda madrileña, Tomás Gómez, le aventaja con 2750.

A lo largo del día de ayer y de hoy, los medios están publicando cómo, desde que Jiménez hizo pública su candidatura a la Comunidad de Madrid, los “amigos” de Gómez están aumentando en la famosa y más poblada red social. ¿Y esto qué significa? Eso no es más que un solo dato que varía a cada segundo porque, mientras escribo estas palabras, seguramente algunos de los dos candidatos que pasarán por unas “primarias internas” ya hayan aumentado su número de contactos reflejados en “amigos imaginarios a los que le gustan esto”.

Porque como bien dice el consultor Juan Carlos Gozzer, el síndrome “Roberto Carlos” de nada sirve si no va acompañado de una estrategia y algo que contar, el relato del propio candidato. No hay que confundir en unas elecciones internas de partido el número de amigos con el número de militantes que van a votar, como tampoco hay que confundir ese mismo número de amigos que varía a una velocidad descontrolada por el número de ciudadanos madrileños que acudirán a las urnas el próximo año, más pronto que tarde, a votar. El confundirlo sería un error, como, entre otras cosas, ocurrió con el candidato Mockus en Colombia.

Como tantas otras, Facebook no es más que una herramienta de comunicación online, no la propia estrategia la cual nos lance hacia un éxito asegurado. No. La estrategia de comunicación tiene una base más sólida, consecuencia de un estudio exhaustivo de diagnóstico, cuantitativo y cualitativo, análisis del entorno y los principales actores, nuestros candidatos y el potencial público. A partir de ahí, hay que definir una estrategia comunicativa acorde al momento, al líder y al objetivo que se quiere conseguir. No hay que ir dando pasos de ciego según sople el viento ese día.

Y cuidado: Facebook es una herramienta más, pero no la única.

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AYER se celebró una gran cita: el debate sobre el estado de la Nación (que hoy ha continuado). Zapatero sabía que era importante, y sabía que se la jugaba. Abordar las reformas estructurales nunca fue tarea sencilla. Y Mariano Rajoy lo tenía fácil. Sabía que lo tenía fácil ante este panorama abrumador…

En su discurso, Zapatero dijo que quería muchas cosas para su país: «prosperidad, empleo y políticas sociales» (…) «esto es un reto y, como tal, debemos interiorizarlo». Habló del criticado «Plan E», del desempleo y la reforma laboral, de las víctimas de ETA, y su homenaje a través de la unidad democrática, la estrategia de economía sostenible, la reforma del sistema financiero, de la crisis y, como no, el estatut, que tantos quebraderos de cabeza e incomodidades le está dando… Y Rajoy habló de todo esto, pero se perdió entre sus palabras lo más importante: los intereses de España. ¿Por qué? Porque a pesar de pedirle a Zapatero que «lo mejor que puede hacer es disolver el parlamento y convocar elecciones generales», en su discurso prevaleció las críticas que el PSOE y el presidente mismo le hacía, o le hacen, o le harán,  cual novia enfadada por un mal beso. Y de pronto viene el colofón de las palabras del presidente, metidas sin calzador y con cuidado: «Voy a ejercer al máximo el principio de responsabilidad» (…) «gobernar, cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste». Y ahí quedó ese final bordado a ordenador, que no a «máquina», para los titulares de prensa, radio y televisión.

Y esta mañana cambia el tono y despertamos con las palabras de Rajoy como protagonistas en casi todos los medios.  Quizás porque sean muchos los que desean esa moción porque no ven otra alternativa. Sin embargo, vemos esa foto, la de El Mundo. Que dice mucho y todo, que comunica todo y mucho. Y precisamente es El Mundo quién la saca y no en mal puesto, sino en portada. A Zapatero se le han complicado las cosas, y lo vemos guardar sus papeles con tranquilidad y parsimonia. Y a su lado aplauden, y a su alrededor también. Pero ahí está, sentado con una mueca en su rostro con el convencimiento de haber cumplido, al menos así lo piensa él. Y sentado está, como presidente del Gobierno, mientras vemos marcharse a un Rajoy ensombrecido en segundo plano. Lo vemos irse difuminado cual sombra empobrecida. Y Zapatero, sentado en su sitio, observa como se marcha ese político que borroso aparece en esa imagen.

Y es que hay momentos en los que una imagen dice más que mil palabras…


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