De Cerca

Contagiado por la crisis

Fotografía Huffington Post, 8 de junio de 2012

Fotografía Huffington Post, 8 de junio de 2012

PODEMOS anunciar abiertamente que nuestro Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, está enfermo. Contagiado por la crisis aparece con un aspecto insalubre. Unas ojeras ensangrentadas se han apoderado de su descanso. Uno pómulos caídos parecen soportar el peso más extremo. Su sonrisa es plana, horizontal, inapetente. Y la delgadez de su rostro ha hecho aparecer un cuello demasiado arrugado o demasiado cansado, cuál pavo que pide hambriento.

Como España, Rajoy también está enfermo. Hasta Obama le regaña. La preocupación y la tensión le ha llevado a un extremo lejos de proyectar confianza y esperanza. Transmite preocupación. Cansancio. Transmite desconcierto. Así las cosas. Evoca el “madre mía, madre mía, madre mía” que suelen repetir las madres cuando ven una mancha imperdonable en la ropa del niño  difícil de hacerla desaparecer.

Fotografía de El País. 8 de junio de 2012

Fotografía de El País. 8 de junio de 2012

Su gesto es preocupante y preocupa. Su rostro evoca desesperación que desespera. Transmite descrédito, y desacredita. Una barba anciana que transmite ya la suficiente madurez como para abandonar a pesar de que acaba de llegar. Inseguridad, desconfianza. Eso es todo lo que nos da este nuevo presidente en el momento más crítico para España.

Sus palabras ya no importan: apenas las escuchamos, no las creemos. Este presidente perdió la credibilidad en menos de 100 días, pero con elegancia. Esa voz que se retracta posteriormente ya ha perdido toda la atención y toda su intención. Esos ojos que ya no miran, sólo ven, se agotaron indiferentes agarrándose a un porvenir que no le pertenece.

Y si el presidente de España se nos contagió, ¿cómo no va a contagiarse la ciudadanía de España? Comienza un ciclo sin fin con ganas de que ya termine esta agonía. La que nuestro presidente siente, la que padece. Agonía.