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Aún recuerdo bajar la calle Aduana de Puertollano cuando era una niña para ir al colegio. Y nada más entrar a la Avenida Primero de Mayo ver, sobre los bancos blancos que había frente a Fotografías Ceci, montones de periódicos que aún los kioscos no habían recogido. Todavía no había cumplido los ochos años en 1993 y Felipe González ganaba por cuarta vez las elecciones generales. Recuerdo esas portadas con una gran foto del presidente y esa gran rosa socialista. Lo recuerdo. Los niños no entendíamos mucho, pero algunos podíamos intuir lo que significaba todo aquello si lo empezábamos a hilvanar con las conversaciones familiares de las últimas semanas. Los siguientes años no fueron alentadores, tampoco positivos para Felipe González. Pero la llegada de Aznar tampoco trajo la ilusión esperada para muchos españoles. Las consecuencias de unas malas decisiones impactaron directamente, rápidamente y negativamente. Lo bueno duró poco. Ya, en la Universidad, pude vivir cómo muchos jóvenes se vestían de alegría porque Zapatero podría llegar a ser esa gran esperanza anhelada. Y esos mismos jóvenes, después, siguieron siendo los protagonistas de un reclamo multitudinario, los que han llenado las calles de rebeldía contra políticas que se alejan de la realidad que vive la mayoría de España.

Desear cumplir los 18 para algunos suponía la oportunidad de comprar alcohol, tener un nuevo horario de llegada a casa los fines de semana y empezara hacer gamberradas varias siempre dentro de la inocencia. Jugar a ser mayores. Jugar a descubrir. Para otros, suponía por fin poder ejercer ese derecho al voto, decidir frente a los que decidían hasta ahora por nosotros. Tomar la decisión de elegir era el mayor regalo que podían traer los 18. Hoy, 12 años después, y a pesar de que hay casi 2 millones de emigrantes españoles, no hemos podido ejercer nuestro derecho al voto. Los jóvenes en España que se acaban yendo, unos por la escasez de oportunidades, otros por ir tras retos profesionales que dentro del país empiezan a escasear, hemos visto nuestro derecho limitado. ¿El problema? La incompetencia de nuestras instituciones que bajo un DNI emiten las papeletas bajo un código de referencia a nombre de otra persona y a otra dirección. ¿El problema? La reforma de la Ley Electoral de 2011 y su artículo 75 que roza –o inunda- lo irrisorio, lo injusto, y sólo cuando se ejerce uno se da cuenta de lo inútil que resulta no sólo por el dinero público que se gasta –y de las personas que votan, que siempre se gastan más de lo que les devuelven, si les acaban devolviendo-, sino por la complejidad, por el tiempo que se le tiene que dedicar pidiendo explicaciones a las instituciones públicas sobre los errores cometidos. Y claro, una institución siempre va a delegar a la otra. Jamás van a resolver el problema.

En estas elecciones del 26 de junio muchos emigrantes no han podido votar. Y otros no lo hemos podido ejercer a tiempo. Los errores de Correos España y del INE han sido vergonzosos, más aún su silencio, pero haber quién abre ahora una comisión de investigación. Todos los candidatos en estas elecciones hablan del retorno del talento, del retorno de tantos españoles con formación, hijos de obreros, hijos de la crisis pero ninguno se ha preocupado de si los emigrantes han podido votar, cuántos han sido los que lo han hecho, o qué problema se ha tenido por correo o en los consulados. Nos han robado el voto porque los emigrantes son el voto abandonado, del que todos hablan pero del que nadie se acuerda. Sólo aquellos con la convicción de que con nuestra insistencia y con nuestra actuación podíamos localizar nuestras papeletas solventando los errores de nuestras instituciones, hemos podido localizar el voto, aunque fuese demasiado tarde…  Gracias a las familias de las casi dos millones de personas, estamos representados. Gracias a las abstenciones que algunos hemos sido capaces de movilizar, estamos representados. Una vez más es la gente la que ayuda a la gente.

Esta noche se espera cambio. Pero un cambio real, aunque luego veamos quiénes van en las listas y nos demos cuenta de que con los mismos en el mismo lugar poco podemos cambiar. La España que queríamos no fue la que resultó el pasado 20 de diciembre, o no al menos lo que resultó de las negociaciones. Y todos los candidatos en estas elecciones se han decantado por la no diferenciación: si todos nos dicen que España mejorará, que apuestan por la sanidad y educación pública de calidad, por la igualdad y que habrá más empleo, ¿a quién elegimos? ¿O qué alternativa política elegimos si todos han ofrecido lo mismo en campaña electoral? Nuestros candidatos, en esta campaña, han tenido más valor por lo que han callado que por lo que han hablado. Han tenido más valor por lo que han respondido que por lo que han propuesto. Porque, al fin y al cabo, ha contado más la esencia del dónde vienen y qué representan, que hacia el dónde van o quieren ir con nuestro apoyo. Y, porque, al fin y al cabo, cuenta más el hacia dónde les dejen ir.

Muchos se preguntan por qué Podemos le tiende la mano al PSOE precisamente ahora… Y otros muchos se preguntan por qué el PSOE no dice con quién pactará. Mientras UP (Unidos Podemos) confía en el sorpasso y en ser ellos quiénes tengan el liderazgo para tener la opción de invitar a formar Gobierno, el PSOE confía en lo que ha llamado… dar la #sorfresa y ponerse por delante de UP, o más bien mantener el lugar que tenían para poder ser ellos los que lideren un pacto. En cualquier caso, ¿podría ser Pedro Sánchez presidente esta noche? Podría. Mientras, el Partido Popular ha hecho quizás la peor campaña de su historia. Pero aún haciendo la peor campaña de su historia, dando el peor ejemplo con su actuación, política y democráticamente, sería el partido más votado. Así somos los españoles. Sin embargo, en España, ganar no es gobernar. Y esto es algo que Mariano Rajoy no ha aceptado, no quiere aceptar y no aceptará.

Para muchos, estas elecciones suponen un robo a un derecho democrático, como es ejercer el derecho al voto. Pero también es un robo a nuestra propia voz y a nuestras propias ilusiones de construir algo nuevo y algo mejor.

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Publicado en BEZ el 19 de Noviembre de 2015

El “No a la guerra” es unánime en el mundo y en la historia. El “No a la guerra” suena en la misma lengua en todos los países del mundo. El “No a la guerra” no entiende de fronteras, todo es un mismo mundo. Los ciudadanos castigan a sus representantes políticos por defender crímenes contra la humanidad no justificados, cuando son ellos, sus políticos, los que deciden cuándo otros deben morir.

13 de noviembre de 2015

Atentado en París. Más de 120 muertos. El grupo terrorista Estado Islámico (ISIS) reconoce la autoría del horror. François Hollande dijo que Francia no iba a tener piedad, y no la tuvo. 48 horas después de la matanza, Francia bombardeó Raqqa, capital del Estado Islámico. Y ante la sangre derramada, movilizaciones unánimes de solidaridad con Francia. No obstante, la movilización social por el ataque Francés ha tenido tres momentos. Un primer momento de repulsa y asco hacia los terroristas y hacia la muerte provocada por un ataque contra la humanidad. Voces unánimes se oían a favor de Francia. Coros visuales se veían en las redes sociales mientras la bandera francesa ondeaba la red. Del 14 al 15 de noviembre, una segunda reacción surge. Surge cuando se empieza a tener más información sobre el bombardeo en septiembre de los aviones franceses en el cielo de Siria y en suelo musulmán. El #TodosSomosParís se calma. Ya nadie se pone la bandera francesa en el perfil. Tampoco la siria. Ahora, ya, la tercera respuesta ciudadana es en contra de la guerra y la muerte, a favor de la paz. Así nos movilizamos.

La guerra despierta emociones y sensaciones, a favor y en contra. Pero ante todo despierta opiniones. Cuando las decisiones políticas no concuerdan con el sentir mayoritario de la ciudadanía, la ciudadanía empieza a tomar decisiones y empieza a posicionarse. Estar a favor de la paz es una posición. Estar en contra de la decisión de Hollande de bombardear Raqqa es otra posición. Muchos creen que ha caído en la trampa de los terroristas al responder ante un “crimen de guerra” con más guerra. Mientras la popularidad del presidente francés sigue hundiéndose, hay quien está echando cuentas al coste de la guerra en un momento de recortes sociales. Las elecciones serán en 2017. Y la sociedad francesa ya ha empezado a hablar llorando a sus muertos.

15 de febrero de 2003

Personas de 800 ciudades del mundo salieron a la calle a protestar ante la decisión de Estados Unidos de invadir Irak. Según la BBC, se pudieron haber congregado, en contra de la decisión norteamericana, entre 6 y 10 millones de personas. El “No a la guerra” fue un grito unánime mundial, una de las manifestaciones globales más grande de la historia. Un solo cartel negro con letras rojas y en mayúsculas colgaba de paredes de instituciones públicas, patios universitarios y despachos de profesores. Según escribió Julián Santamaría, el rechazo a la guerra en Europa era de un 75-90%. España, en aquel momento, formaba parte del Consejo de Seguridad de la ONU y Aznar protagonizó la famosa foto del trío de las Azores donde Estados Unidos, Gran Bretaña y España acordaron el ultimátum a Irak argumentando que poseía armas de destrucción masiva. El 4 de marzo de 2003 el Congreso de los Diputados aprobó la proposición de Aznar sobre Irak con el apoyo de los populares. Se invadió Irak entre marzo y mayo de 2003. La popularidad de José María Aznar como presidente de España cayó estrepitosamente. La sociedad despertó ante la guerra y emitió un “no” rotundo al que él hizo oídos sordos.

El 11M es ya un símbolo en España. El 11 de marzo de 2004 fallecieron 193 personas y casi 2000 resultaron heridas en Madrid. Los terroristas yihadistas hicieron estallar 10 explosiones en cuatro trenes diferentes de la red de Cercanías de Madrid. La sociedad española lloró a sus muertos en las calles entre la lluvia y el frío. Y después continuó en las calles para exigir la verdad a su Gobierno. ¿Quiénes fueron los responsables? El Gobierno del Partido Popular actuó torpe, sin asumir responsabilidades, sin escuchar a la sociedad que imploraba. Y ante la inmovilidad política, España se movió. El sms y el “pásalo” se convirtieron en la mayor campaña viral en aquel momento. El 14 de marzo de 2004 el PSOE ganó las elecciones. El voto útil fue el protagonista. El 19 de abril de 2004, el presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció la retirada de las tropas españolas de Irak.

1 de mayo de 2003. Tony Blair pierde las elecciones municipales en Gran Bretaña. El mal de Aznar fue contagioso. El “no” del pueblo británico hizo inevitable el desgaste político. Y en septiembre de 2003, Blair vuelve a ser derrotado en la primera elección parcial de la legislatura. Lo acaecido en Irak demuestra que la negación a la escucha ciudadana tiene un coste electoral altísimo. El primer paso para tomar la decisión acertada en política, y gestionar con éxito la comunicación, es escuchar a la ciudadanía, sus demandas, sus necesidades y su grito unánime frente a las injusticias. Gerhard Schröder, el que fuera canciller alemán entre 1998 y 2005, lideró la oposición en Europa contra la guerra de Irak y la condenó públicamente. Esto ocasionó una crisis diplomática que cerró Schröder con Bush en 2005. Tanto fue así que Estados Unidos lo pudo haber espiado al oponerse a la guerra. Sin embargo, su postura frente a Irak le permitió subir en las encuestas.

26-29 de agosto de 1968

Acaban de asesinar a Robert Kennedy en Estados Unidos mientras movilizaciones en todo el mundo seguían sucediéndose contra la Guerra de Vietnam. En esos días se celebraba la Convención Nacional del Partido Demócrata. La influencia de la guerra en la Convención fue inevitable. Los demócratas con posibilidades eran Eugene McCarthy y Hubert H. Humphrey. McCarthy fue un pacifista que se mostró opositor a la Guerra de Vietnam. Su posición inamovible llegó a que Estados Unidos volviese a evaluar su papel en Vietnam. Fuentes confirman que falleció mientras dormía a los 89 años. Humphrey, quien era vicepresidente del Gobierno de Lyndon B. Johnson en ese momento, recuperó impulso como candidato del Partido Demócrata en las elecciones de 1968 cuando Johnson anunció un cese en los bombardeo en Vietnam.

 

*Gracias a Santiago Castelo, amigo y brillante compañero, inspirador de buena parte de estas líneas.

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