De Cerca

El diálogo hacia el cambio que genera más incertidumbre

Pedro Sánchez en el Congreso con su equipo. Fotografía de EP publicada en BEZ

Pedro Sánchez en el Congreso con su equipo. Fotografía de EP publicada en BEZ

Publicado en BEZ el 02 de Marzo de 2016

A la feminista Emma Goldman no le interesaba ninguna revolución si no podía bailar en ella. Y para bailar al mismo ritmo, y en el momento en el que suena la misma música, se necesitan varias personas predispuestas a ello, aunque Pedro Sánchez haya empleado el símil gastronómico, quizás poco certero por la oportunidad de burla, para referirse a la armonía en un discurso histórico para los socialistas, no tanto por la oportunidad de la persona que tiene en su mano el intento de formar Gobierno, como por la incertidumbre que siembran a partir de ahora sus palabras. A lo que sí ha hecho alusión este memorable uno de marzo es a la “revolución del respeto”, palabras mencionadas ya por el socialista Fernando de lo Ríos en las Cortes en plena II República para afrontar la laicidad del Estado. Una revolución del respeto que ya viene diciendo Pedro Sánchez meses antes de iniciar la campaña electoral.

Reivindicación al cambio

En términos de comunicación política, el discurso de Pedro Sánchez ha supuesto estratégicamente una reivindicación al cambio más que una revolución. ¿Por qué? Por la demanda que hace hacia los apoyos que necesita para ser Presidente. De conseguirlo, su gestión posterior con un Gobierno tan diverso sí supondría una verdadera revolución. En palabras del ajedrecista Leontxo García tenía que atacar por la derecha al mismo tiempo que por la izquierda para conseguir el consenso necesario, algo que ha despertado críticas y también discrepancias, Ahora bien, al mismo tiempo que invitaba a Podemos, lo ha empujado fuera del tablero de juego: “Es evidente que se ha creado una falsa esperanza. Vamos a hablar claro. A muchos votantes socialistas, nada les gustaría más que un Gobierno que aglutinara a las principales fuerzas de izquierda. Y, dicho con todo respeto, creo que a una buena parte de los votantes de Podemos les ocurre lo mismo. Podemos discutir sobre sillas, cargos y reparto de poderes para cada uno. Pero es absurdo llegar allí”, ha dicho.

¿Cuál podría haber sido el posible error? Además de sus palabras, el tono de sus palabras. Y esto subraya aún la incertidumbre. ¿Y si no las hubiese pronunciado? El 20 de diciembre se votó por una nueva situación en España que genera más incertidumbre, sí, pero que daba paso a la esperanza. En 42 páginas de discurso la palabra “izquierda” sólo es mencionada seis veces. La palabra “diálogo”, 19. No era necesario hablar “claro” cuando lo “absurdo” es deseado por buena parte de la ciudadanía con “diálogo”. Digamos que ese párrafo podría haber ensombrecido el protagonismo de intención de diálogo.

Espacio para la oportunidad

La palabra “cambio” ha sido el estandarte de su fortaleza discursiva, pero no lo ha sido todo. Su seguridad y la invitación al diálogo y al consenso han marcado su posición. Se ha visto a un Pedro Sánchez presidenciable en términos de proyección política, consciente de las posibilidades que los acuerdos de Estado pueden hacer avanzar a un país, y demostrándolo no sólo tendiendo la mano, sino también a través de la coherencia entre su comunicación verbal y no verbal. Con algunos resbalones en algunas palabras, es cierto, pero con seguridad y coherencia. Y dicha coherencia puede hacerle avanzar en términos de confiabilidad en el corto plazo para alcanzar sus objetivos.

Por otro lado, hay que pensar que la revolución del respeto debe ser la primera piedra angular para avanzar hacia la revolución de la humildad, el eje vertebral de la verdadera revolución que la ciudadanía española espera, vote a quien vote. Hay que reconocer que, tanto el líder de Ciudadanos, como el de Podemos, han estado atentos al discurso de Pedro Sánchez. La comunicación no verbal de ambos sumaba a una sesión de investidura histórica para España, y dejaban que pudiésemos intuir en sus gestos el que estuvieran de acuerdo o no en algunos puntos a medida que orador avanzaba. Pero la pasividad de la bancada del Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza comiendo chicle, ha ido más allá de lo insultante. Y con semejante comportamiento no pueden alardear de crítica alguna hacia el resto de grupos ni hacia el discurso del líder socialista.

Para la próxima semana

Todas las propuestas y todo lo propuesto es cuestión de tiempo. El tiempo político es decisivo para las políticas. Para la próxima semana, retaba el líder socialista al dejar caer que el avanzar o no dependía no tanto de Podemos como del Partido Popular. “Si queremos el cambio, necesitamos el diálogo para llegar al acuerdo”, y esto no sería posible sin la negociación, añado.

Según el estudio elaborado por William O. Dailey y Michael Roloff, las alternativas –en la negociación- tienen escasa influencia en cualquiera de las variables de comunicación relacionadas con el comportamiento y la percepción. La existencia de alternativas tiende a incrementar el uso de amenazas y tienen impacto en los resultados de la negociación, en este caso tendría un impacto directo en la sociedad. El arte de negociar sin ceder, de Roger Fisher, no tendría cabida la próxima semana. Todos esperamos, como inició Pedro Sánchez en su discurso, que cada uno haga su trabajo. Y sabremos si ese cambio, repetido hasta 57 veces en esta sesión de investidura, pueda producirse antes de la próxima semana.