Your address will show here +12 34 56 78

Diario de campaña. El balance

Publicado en BEZ el 19 de Diciembre de 2015

Dicen que las campañas electorales las ganan los que menos errores cometen. Y puede ser cierto en función de qué circunstancias. De estos quince días de campaña se han aprendido muchas cosas, como también de los días anteriores previos a la campaña electoral, puesto que la precampaña tuvo mucha fuerza y empezó a generar muchas expectativas antes de tiempo. Justamente una de las cosas que se le pueden achacar a estar campaña electoral es no haber gestionado en buena medida las expectativas. El halo de dinamismo que ha despertado el hecho de que varias fuerzas políticas estén disputándose estas elecciones, ha generado una expectación de un cambio radical que, creo, no ocurrirá.

El 20D presentará un cambio estructural, pero no radical, sobre todo en lo que se refiere a las estructuras de los partidos políticos. Ese cambio que una buena parte de nuestra sociedad espera, pero no ocurrirá cuando no hay mayorías definidas. Y más aún cuando ya hay declaraciones obvias de pactos y apoyos, como en el caso obvio de Rivera, que no impediría que Rajoy volviese a ser presidente del Gobierno. Ojo con las condiciones. Vamos a descubrir una nueva identidad social en España después de las elecciones, un nuevo comportamiento de voto frente a la nueva oferta electoral, frente a los que se presentan como “nuevos” y frente a los que se presentan bajo las siglas de los partidos tradicionales. Y la esencia de esa nueva identidad social vendrá de aquel voto que no es indeciso, sino impreciso. Llamemos a las cosas por su nombre. Después de estos 15 días, es posible que el electorado esté más despistado que al principio de campaña electoral.

Una de las grandes lecciones que nos deja también esta campaña es que el futuro de la comunicación política no va a pasar única y exclusivamente por las campañas electorales ni por el momento de las elecciones. Si no se es estratégico, eficaz, práctico, humano y sensible a los problemas sociales durante la legislatura, se ocupe el lugar que se ocupe como partido, no habrá una gran historia que contar después como para impulsar una campaña fuerte y decidida, y con una probabilidad menor de cometer errores. Y, sobre todo, una campaña coherente con esa historia previa que se ha construido.

Sinceramente, aún hoy podemos percibir que los partidos políticos no comprenden que los ciudadanos no comprenden a los políticos, no comprenden los pasos que dan tan efusivos en campaña electoral para luego dejarlos “abandonados”. No comprenden lo que dicen cuando les hablan de tantos y resulta que sus problemas son suyos y solo suyos. Se percibe una incomprensión social por parte de los políticos, sobre todo después de no haber existido grandes sorpresas en los discursos electorales. Si hay un reto que alcanzar en política y en comunicación política, ese el de los discursos políticos y el los discursos en campaña. Aún hay mucho vocabulario técnico y palabras poco comprensibles en contextos poco convenientes. Falta aún mucha sensibilidad en las palabras que emiten nuestro políticos en este país. El partido quizás que más ha aprovechado esa sensibilidad y esa cercanía en las palabras ha sido Podemos. El que mejor ha gestionado las palabras en imágenes más humanas y cercanas ha sido el PSOE. Ahora bien, si ha habido una innovación especial en esta campaña electoral ha sido la innovación técnica por parte de los equipos de campaña, desde las redes sociales, hasta los nuevos escenarios micros y macros. IU ha dado una lección.

El partido más tocado ha sido Ciudadanos, puesto que no ha parado de recibir golpes. Veremos si el voto femenino perdona que quiera acabar con las penas específicas por violencia de género. El voto femenino en estas elecciones en España tiene mucho y todo que decir porque son muchos los derechos que hay que defender. Un retraso en términos de igualdad no es posible. Ningún retroceso es posible ni discutible en término de igualdad ni de violencia machista.

Del voto abandonado, mucho que decir también porque muchos son los que mirarán desde lejos urnas llenas de votos que no serán los suyos. Casi dos millones de personas se han tenido que ir a vivir fuera de España, muchos por una necesidad urgente de supervivencia. Y a pesar de que estas personas han sido muy recordadas en los discursos en estas elecciones, no podrá votar el 95% de ellos. Pero ellos tienen amigos, padres, conocidos… que sí podrán hacerlo. La influencia de los emigrantes sobre los suyos será determinante.

A pesar de los errores del Partido Popular, en esta campaña no han tenido ni frío ni calor. Todos esos errores han sido bien gestionados política y comunicacionalmente: ya poca gente se acuerda de los carteles de Soraya por las calles, del debate al que no quiso ir y que lo protagonizó ella misma, de su error en el atentado de Afganistán y de la agresión que recibió en pleno paseo en Galicia. Bueno, de esto sí nos acordaremos. Pero a pesar del golpe, parece que es inmune: no recibe apenas arañazos por sus desacertadas equivocaciones.

Esta campaña electoral ha estado marcada por los datos de las encuestas. Unos datos que han dado motivo de disputa, debate y preocupación. Pero hay otras encuestas que no hacen ruido, y que podrían ser determinantes, como ha ocurrido en otros países. Son los datos de Google y el comportamiento de la ciudadanía al buscar uno u otro candidato. Es el efecto de Google en política, como diría Antoni Gutiérrez-Rubí, predictivo, posible, importante. ¿Decisivo? Veremos.

Decía el periodista Jon Sistiaga que “ninguna guerra se parece a otra”, como ninguna campaña electoral se parece a otra. En esta, mientras nuestros candidatos han tenido mucha más presencia en las redes y en programas de televisión más cercanos al show, buena parte de la sociedad ha decidido mantener la sonrisa a través de la creación de memes que ridiculizaban a nuestros políticos. Cualquier excusa parecía buena para hacerlo. Sintomático. Y a la vez simbólico.

Dice Mariano Rajoy que un plato es un plato. Como también un dato es un dato. La pena es que sus cuentas no le salen a la mayoría de la sociedad.

Veremos si el domingo les salen las cuentas a todos.

DIARIO DE CAMPAÑA

0

EL Foro de Davos también se celebró en Madrid. Y estuvo organizado por la Global Shapers, la red de centros fundada y dirigida por jóvenes excepcionales cuyo objetivo es hacer una contribución a sus comunidades. El pasado viernes 23 de enero, y en el marco del foro, tuvo lugar un debate muy interesante titulado “Repensando la política: nuevos actores e instrumentos para profundizar la democracia”. Lo moderó Yolanda Román, Directora de Asuntos Públicos de InforPress. Y participaron Meritxell Batet, diputada socialista por Barcelona; Soledad Gallego-Díaz, periodista; Belén Barreiro, socióloga y Directora de MyWord;   David Cabo, fundador de Civio; y Rafa Rubio, consultor político. Una apreciación positiva es que hubo mucha participación femenina, algo que siempre es de agradecer ya que estos espacios suelen estar ocupados por hombres. Una mesa con la participación de cuatro mujeres no debe ser noticia, debe ser algo natural. Vamos hacia ello. Hay que seguir luchando por estos espacios. Las mujeres están. Y de sobra demuestran su capacidad. Al margen, creo que merecía la pena hacer una entrada y compartir reflexiones que allí se pusieron encima de la mesa no sólo por su utilidad, y por la calidad de las exposiciones, sino también por la capacidad de hacer pensar y entender cómo se está moviendo todo al margen de cámaras y escenarios políticos. Sencillamente se repensó la política desde distintos prismas y desde distintos puntos de vista.

 

«Estamos en un momento de frontera entre lo que fue y lo que será. Y lo que será no lo sabemos. La política tiene que ser distinta»

 

Meritxell comentó que existe más un malestar «con la política» que «en la política». Y tiende a pensar que la política tiene un problema de impotencia más que de prepotencia -aunque opino que la política tiene ambos problemas: impotencia y prepotencia-. «Estamos en un momento de frontera entre lo que fue y lo que será. Y lo que será no lo sabemos. La política tiene que ser distinta, y ser capaz de analizar los problemas de manera distinta», apuntó. Y resumió  su idea en tres premisas: i) Que hay que fortalecer la política porque la política es más necesaria que nunca, aunque tenga que ofrecer respuestas diferentes; ii) Que hay que construir una gobernanza global con legitimidad democrática; iii) Que el papel de la ciudadanía en la construcción de lo público es vital, pero esa participación de la ciudadanía en la política se tiene que dar de manera formada e informada.

 

«La sociedad empobrecida en el mundo digital es una bomba de relojería»

 

Debo decir que Belén fue muy elegante en su exposición, y estuvo muy acertada en sus conclusiones. «Los resultados de la democracia han sido peores de lo que se espera de una democracia», dijo. Y continuó: «El ciudadano está rompiendo con su sistema y siente que su sistema no está a la altura de sus expectativas». Y en este contexto, ¿qué han hecho los ciudadanos? En vez de resignarse y aceptar que su destino es horroroso, han decidido por primera vez tomar las riendas de su vida y busca dentro de la propia sociedad las soluciones que no encuentra fuera. Y punto. Tiene razón Belén cuando dice que hay una parte de los españoles que vuelve a vivir como en los años 60. Han vuelto atrás varias décadas pero… en un entorno que ahora es digital. En las redes sociales también está esa sociedad empobrecida, hija de la crisis. Las candidaturas ciudadanas y la cultura colaborativa no se daría si no existiese una ciudadanía digital, y una ciudadanía digital empobrecida. Y esto, dijo, desde el punto de vista de las élites es «peligrosísimo, peligrosísimo». «La sociedad empobrecida en el mundo digital es una bomba de relojería». Y añadió que otra bomba de relojería, además de la desigualdad y el empobrecimiento, es la corrupción: la gente quiere vivir de forma digna, aunque haya corrupción al margen de sus vidas; pero cuando vive de manera indigna y se entera de los casos de corrupción, sacude sus conciencias. Finalizó con una idea: «si tengo que poner una palabra a la solución sería empatía», porque la empatía va mucho más allá que del profundo entendimiento. Empatía también en la sociedad digital.

 

«La sostenibilidad de la democracia depende del prestigio de sus instituciones»

 

Soledad, siempre brillante en sus análisis políticos, afirmó que la crisis no es tanto una crisis política como una crisis de la democracia. Y «el control de los derechos escapa al propio control», dijo. Cuando se pide un impulso de participación ciudadana a través de las redes sociales se llega a la conclusión de que las instituciones no son capaces de afrontar la responsabilidad que tienen ni son capaces de poner soluciones a los problemas que existen. Una afirmación contundente para resumir la incapacidad de las instituciones y la profunda crisis institucional de nuestro país. Además opina que el «descrédito de las instituciones parte de la mala utilización que han hecho los partidos políticos de ellas». Añadió, además: la transparencia no va a cambiar la impotencia de la política. En las nuevas transformaciones hay que hacer reformas, dijo, pero la sociedad no quiere que se hagan reformas porque no quiere perder poder -una idea que es más que una evidencia a gritos, pero aún callada-. Y dos ideas finales: i) La sostenibilidad de la democracia depende del prestigio de sus instituciones; ii) Y hay que recuperar preguntas del pasado que ya no existen, o no nos hacemos en el presento: ¿qué es justo o qué no es justo? 

 

«Hay que respetar a las instituciones empezando porque cumplan las leyes que ellas mismas firman»

 

David dio información acerca de la labor que llevan a cabo en Civio y su palabra más repetida fue «transparencia». «No entendíamos por qué datos que son públicos en otros países en España no lo eran. E informaciones que dan en otros países, en España son secretos de Estado». Afirmó que es muy difícil tener información, o conseguirla, y confirma la escasez en los procesos de participación política: «una propuesta a veces no pasa más allá de la Mesa». David es de los que piensan que todo esto se puede arreglar, y que las leyes pueden cambiar, pero haciendo leyes que realmente se cumplan. La transparencia tiene límites, dijo, «es un requisito para luchar contra la corrupción pero no lo el único. También se necesitan mecanismos internos en las instituciones». Y una idea final: «Hay que respetar a las instituciones empezando porque cumplan las leyes que ellas mismas firman». 

 

«Hay que asumir el poder como ejercicio de contrapoder»

 

Rafa señaló que las instituciones están demostrando decepción pero no están sabiendo canalizar la decepción. Y él insiste en la capacidad que tienen las instituciones. Pone como ejemplo el caso de Bárcenas, donde cree que los comentarios y las opiniones de muchas personas son muy débiles y con escasa profundidad sencillamente porque desconocen el significado y los procesos de «la libertad provisional». Se pone en duda a las instituciones hasta en ese nivel, y eso le da un «miedo tremendo». Al final, los perjudicados, afirma, «somos nosotros mismos». Está convencido de que los canales de participación no responden  a las necesidades de los ciudadanos porque no se adaptan a los tiempos. «Hay que asumir el poder como ejercicio de contrapoder». Él opina que hay un discurso que versa que el poder está hecho para fastidiar a los ciudadanos, «pero no es así». Podrá haber diferentes problemas de diseño de la política, pero el poder, y las decisiones de poder, siempre han estado diseñadas para mejorar la vida de los ciudadanos. Y terminó: «Hay que separar la estética de la ética. A los ciudadanos no se les puede pedir más, pero a los cargos públicos sí se les puede pedir responsabilidades». 

 

 

 

0

TENÍA muchísimas ganas de que este número de Campaigns & Elections viera la luz. Desde que le propuse a Israel Navarro la idea. Hemos creído que un número específico que hablase sobre la mujer en política era necesario. De modo que millones de gracias a todos los colaboradores que lo habéis hecho posible.

En este número, contribuyo con un artículo que para mí es muy especial porque es mi campo de investigación en el doctorado. Espero que lo disfrutéis tanto como disfruto yo aprendiendo del pasado para intentar que nuestro presente sea un poquito mejor…

 

Mujeres que sangran

España: el ciclo triangular de la mujer en política

La historia de la mujer en la política española tiene tintes de sangre, dolor y guerra. Estudiar las décadas desde los años 30 a los 50 es tarea para aquellos que quieran meterse en la piel de muchas mujeres que arriesgaron su vida y su persona para lograr un sueño del que hoy disfrutamos otras. Daba igual la ideología o el color del traje de guerra. La muerte, la amenaza y la persecución estaba grabada en los ojos de las mujeres españolas.

A partir de la II República, pasando por la Guerra Civil y, posteriormente, hacia un nuevo cambio en posguerra, el papel de la mujer ha ido tomando diversas formas en función de la época por la que se atravesaba. Más de dos décadas en donde la mujer se ha hecho especialmente fuerte a nivel político. La mujer guerrillera, la mujer política, la mujer reivindicativa, libertaria, gestora, líder… Cada una de ellas ha ido evolucionando, madurando en su versión más política y, cómo no, en función del contexto. Pero también han cambiado sus inquietudes, su función como mujer y su aceptación social.

II República

En España, el papel de Clara Campoamor tuvo connotaciones muy importantes. Sin su lucha en el Partido Radical, sin su presencia, el voto femenino no hubiese sido como fue y no hubiese sido cuando fue. No fue fácil en plena II República española discutir con diputados acerca de la escasa lucidez que puede llegar a tener una mujer en pleno periodo menstrual. Absurdeces que no hacían más que debilitar un periodo republicano que tiene mucho que ver con decisiones que se tomaron muy modernas y progresistas para la época. “La transformación de España, despacito”, decía Clara. Había muchos seres de corbata en contra del voto femenino. Y alguna mujer que ocupaba escaño también, como la socialista Margarita Nelken, quien creía que no era el mejor momento como para que la mujer votara, y suponía un peligro para el régimen político que se vivía.

El discurso, la iconografía y el liderazgo de la mujer en la vida pública pasaba por una necesidad imperiosa de su presencia en la sociedad. El primer paso que debían superar era el de la barrera de la desigualdad en la educación. Gracias al aumento de los Estados Liberales a lo largo del siglo XIX, la educación pública creció de la mano de la burguesía. Y con ello un debate discriminatorio sobre el cual se asentaba el argumento de que la educación para la mujer podía ser perjudicial. La decisión contraria imperó finalmente, pero asentada bajo un concepto totalmente machista: educación para que la mujer pudiera ejercer bien su trabajo de esposa y madre. Las mujeres, no sin esfuerzo, supieron aprovechar bien ese acceso a la educación. En el año 1900, una mujer estudiaba por cada 15.000 hombres. Entre los años 1919 y 1920 ascendió al 2%. Y poco a poco fueron accediendo a los estudios superiores. Aunque otro factor más las discriminaba: el trabajo.

Como bien apunta la investigadora irlandesa Mary Nash, existe una amnesia profunda en cuanto a la participación política de las mujeres españolas. Esa amnesia es difícil de corregir en un país como España después de la tergiversación de la historia por parte de los historiadores franquistas que deformaron la visión de los movimientos sociales y políticos. Movimientos, como por ejemplo, el de las feministas.

Guerra Civil

La Guerra Civil española se olía en las calles españolas como el estiércol mal usado cuando se esparce. Casi de manera inevitable, a lo largo de los años 30 surgieron agrupaciones de mujeres y feministas alrededor de las corrientes políticas y de los partidos políticos. Frente a la amenaza bélica, empiezan a surgir discursos que llevan implícitos las palabras “paz” y “libertad”. El discurso de las mujeres era ese mismo, emplear palabras en la “guerra de la defensa de la democracia”. Sin embargo, el poder de la palabra negativa era brutal: la Agrupación de Mujeres Antifascistas desarrollaron un discurso militarista con un fin concreto: la garantía de la paz. Parece contradictorio, pero fue así.

Muchas mujeres en la Guerra Civil optaron por un discurso de paz, quizás para tranquilizar su alma o para que no encontraran al hijo o al marido oculto. Muchas mujeres en la Guerra Civil vestían de negro y sangre, por los hijos que le habían matado y que debían enterrar, o por los encarcelados. Ellas tuvieron diferentes papeles en esta guerra, empezando por ser madres protectoras y esposas que esperaban el tiempo que hiciera falta. Pero no se puede generalizar porque no todas eran “rojas”, no todas estaba en la cárcel, y no todas participaron en la vida política.

Hay una obra clave escrita por Paul Preston, el historiador más reconocido por su trabajo acerca de la historia España. Esa obra lleva por título “Palomas de guerra”. Y en ella se narra la historia de cinco mujeres muy diferentes entre sí tanto por la clase social a la que pertenecían como por el país de donde provenían para luchar en España por la causa que cada una defendía. Ellas son Merecedes Sanz-Bachiller, fundadora del Auxilio Social y esposa del fascista Onésimo Redondo; Nan Green, comunista británica que trabajó en la Guerra Civil unida a las Brigadas Internacionales; Priscila Scott-Ellis, hija de Lord Howard de Walden, enfermera en la Guerra Civil apoyando el Ejército Nacionalista; Margarita Nelken, hija de judíos alemanes, parlamentaria socialista en la II República; y Carmen Polo, esposa del dictador español Francisco Franco. Es apasionante navegar por esta obra y descubrir el sentir y el hacer de cada una de estas mujeres en un momento clave como lo fue la Guerra Civil española. A pesar de sus raíces ideológicas, muchas mujeres tenían ese sentido de lo humano, de lo protector, del cuidado, de sentirse útiles y luchar, sufrir y sangrar, costase lo que costase, por una causa. Tal y como narra Paul Preston, “cuatro de estas mujeres, a pesar de sus diferentes nacionalidades, orígenes sociales e ideologías tenían mucho en común. Eran valientes, decididas, inteligentes, independientes y compasivas. En distintas medidas, a todas les dañó la Guerra Civil y sus consecuencias inmediatas y a largo plazo. Como resultado directo de la guerra, dos enviudarían, dos perderían hijos. Dos de ellas se quedarían profundamente traumatizadas por sus experiencias en la línea de frente. El fantasma de la Guerra Civil les acompañaría el resto de sus vidas”. Así es, como esposas y madres, las mujeres quedaron muy afectadas por las luchas políticas de los años 30 y 40, fueran del color que fuesen.

Como escribe la investigadora Mary Nash en su obra “Rojas, las mujeres republicanas en la Guerra Civil”, las mujeres encarnaban la lucha por la supervivencia porque su responsabilidad fundamental era proteger y mantener a sus familias en medio del hambre, del racionamiento, de las colas interminables, la escasez de alimentos, deficiencias sanitarias e higiénicas, los bombardeos constantes, los excrementos en los búnkeres… No hay que olvidar que los hombres fueron llamados al frente al estallar la guerra, por lo que las mujeres asumieron la responsabilidad del hombre al mantener a sus familias, al sustentarlas y protegerlas. Fue así como la mujer tomo parte en su lucha propia y se convirtió autónoma y autosuficiente al carecer de marido. Eran mujeres independientes. Las mujeres buscaron sus propios medios de subsistencia y sus propios recursos para sobrevivir. Se desarrollaron sus capacidades de liderazgo en medio del sufrimiento y la pérdida. En medio de tener que parir a sus hijos en soledad en medios de las granadas que explotaban a cada paso. ¿No es eso fortaleza?

Otra mujer que cabe destacar es la desconocida Leonor Serrano Pablo. Esta mujer nació en Castilla – La Mancha, la tierra de Don Quijote. Una mujer que significó un antes y un después en la educación española al traernos desde Italia, e implementar, el método Montessori. Este método consiste en que los niños preescolares iniciaran su formación de tal manera que, con el inicio antes de la educación, las mujeres pudiesen escapar de las cuatro paredes de la casa que la tenían esclavizada para empezar a conciliar una vida familiar y laboral. Leonor Serrano era feminista y también defendió el pecado mortal de Clara Campoamor, el voto femenino. Esta pedagoga, abogada y escritora tuvo que exiliarse en plena Guerra Civil con el marido y el hijo muertos. Tras la guerra volvió a Madrid habiendo perdido su sueldo y su puesto. Murió en 1942 antes de que la condenaran haciendo lo que mejor sabía hacer: educar.

Después de la guerra, la dictadura de Franco

Un nuevo ciclo empezaba para la mujer después de la Guerra aunque, con el Franquismo, derechos que se habían conseguido a lo largo de la II República, les fueron arrebatados. Sin embargo, un sentimiento se gestó en ellas porque jugaron “un papel decisivo en la resistencia civil al fascismo. La experiencia de sobrevivir a la guerra dio una nueva dimensión a los roles clásicos de madre y ama de casa”, dice Mary Nash. Hablamos de una dimensión colectiva y visión “proveedora”. Las actividades femeninas estaba enfocadas hacia la mejora sociocultural y al desarrollo de oportunidades.

Paul Preston inicia su capítulo para hablar de Margarita Nelken de la siguiente manera: “A principios de 1939 Barcelona era una ciudad que reventaba por los cuatros costados de refugiados hambrientos de toda España. Su respiro ante la persecución implacable de las tropas del general Franco no dudaría mucho. El purgatorio estaba a punto de convertirse en infierno. Cuando el 23 de enero llegó la noticia de que los nacionales habían llegado al río Llobregat, a tan sólo unos kilómetros al sur de la ciudad, se inició un éxodo colosal. Una multitud aterrorizada de cientos de miles de mujeres, niños, ancianos y soldados derrotados emprendieron un viaje largo y difícil hacia Francia”. No todos lograron llegar. Y no todos lograron llegar vivos. Aquellas personas que lo lograron, y cuyo cabeza de familia militaba en algún partido, como el Partido Comunista, tuvieron un papel fundamental. Mientras el marido se jugaba la vida tras la guerra saltando la frontera entre España y Francia, siendo “enlace” para organizar de nuevo al partido y evitar que Franco estuviese mucho tiempo en el poder, las mujeres se quedaban en Francia creando sus propios negocios, pariendo a sus propios hijos y sustentando económicamente a la familia. Se ayudaban unas a las otras mientras ellos estaban en el monte esquivando las balas de los Guardias Civiles.

Muchas mujeres no tuvieron la suerte de poder exiliar. Por “rojas” las castigaban, las torturaban física y psicológicamente. Las purgaban con aceite de ricino para eliminar “todo lo malo que llevaran dentro”, las rapaban al cero y les prohibían ir de luto en el caso de que hubiese muerto algún familiar. Los juicios de posguerra eran crueles y carentes de argumentos. La historia más conmovedora en España es la que lleva por título “Las trece rosas rojas”. Los asesinatos se sucedían como el rezo del pan nuestro de cada día. “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”, dio la dirigente comunista Dolores Ibarruri “Pasionaria”. Muchas murieron debido a las torturas inhumanas trasladadas del nazismo alemán para hacerlas hablar y delatar así a sus parejas. En posguerra, “Toda España era una cárcel”, como la obra escrita por los periodistas Rodolfo y  Daniel Serrano. Pero esta es otra historia…

Mujeres y políticas

Tres épocas, tres décadas y muchas más después de posguerra. Sin embargo, entre los años 30 y los 50, en España se vive una intensa revolución en lo que se refiere a la participación de la mujer en la vida política. Un ciclo que he decidido llamar “triangular” en mi tesis doctoral con una connotación bestial: (i) II República y el acceso de la mujer a la política, derechos, participación y lucha por las libertades; (ii) Guerra Civil y la mujer sumisa, freno contundente a la participación femenina, pero al mismo tiempo el nacimiento de un sentimiento y de unos roles desconocidos hasta la fecha como consecuencia de la guerra; (iii) y posguerra, el desarrollo de esos roles y la lucha de nuevo por las libertades de la mujer al darse cuenta de que es un elemento activo y clave en la sociedad de hoy, tiene voz y voto. Las mujeres se dieron cuenta de que ellas son importantes, son capaces y están cualificadas para participar en política porque tienen mucho que decir. Sentían y sienten que sus voces tenían y tienen que oírse. Sin este papel que entonces se jugó, sin estas mujeres que “sangraron”, las políticas españolas tal como las conocemos hoy no existirían.

8

POSTS ANTERIORESPágina 2 de 3POSTS SIGUIENTES